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Reciclados
los viejos docks en modernas oficinas, distinguidos restaurantes
y amplios departamentos, la zona es un sitio de paseo destacado
para los turistas que llegan a Buenos Aires. Claro que también,
numerosos vecinos, de toda la ciudad, recorren la zona cada
fin de semana para ver las nuevas construcciones, a uno
y otro lado, porque así como la ciudad, el barrio
crece y hasta cruza el río.
Es allí, justamente al otro lado, donde se accede
cruzando el Puente de la Mujer, desde donde Buenos Aires
puede verse en toda su inmensidad. Entre la gran urbe y
la reservada naturaleza, Puerto Madero es un sitio para
caminar, pasear en bici, correr en jogging, tomar fotos
-imperdibles las cúpulas de los edificios históricos
al atardecer y los veleros sobre el río de mañana-
y hasta para jugar a zarpar.
Para saber cómo es un buque por dentro, cuán
pesado es un timón y hasta dónde llegan de
alto los palos, para recorrer los camarotes, para saber
qué se siente ser un capitán, para vivir una
aventura en altamar: la Fragata Sarmiento y la Corbeta Uruguay,
dos barcos del siglo XIX construidos por encargo del gobierno
argentino en astilleros ingleses, abren sus 'puertas' e
invitan a compartir la magia de los hombres de mar.
Mediante una seleccionada y cuidada colección de
objetos, utensillos, fotografías, herramientas, condecoraciones,
recortes de periódicos de la época, y hasta
uniformes, en las vitrinas de estos buque-museo, que alguna
vez surcaron los mares del mundo, como buques-escuela, llevando
a los jóvenes marineros del país durante el
último año de sus estudios a puertos de todo
el mundo, se pueden aprender secretos de altamar y conocer
cómo es la vida en un barco.
Además, en las proas de ambos barcos hay miradores
desde donde puede verse Buenos Aires, a ambos lados del
río, para descubrirla una vez más, en toda
su magia.
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