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"Construir juguetes, recuperar los juegos tradicionales
y organizar itinerarios lúdicos integrando
a los abuelos son algunas de las ideas que se pueden
recorrer, para un tiempo libre diferente", dijo
Miguel Angel Roldán, docente de la Escuela
de Capacitación porteña (CEPA).
Para
que los chicos jueguen, el adulto debe tener una actitud
lúdica, advirtió Roldán, que
en pleno taller de juegos, con directoras de escuelas
porteñas, escuchó que "los padres
se preguntan estos días cómo hacer para
que los chicos no se enganchen todo el día
con la computadora o la televisión".
"Sugiero
hacer un listado de todos los juegos que conocen los
hijos, los padres y los abuelos, a manera de disparador,
para empezar a dejar de pensar en lo que ´no
podemos hacer´ y sí en lo que podemos",
señaló Roldán, responsable de
las juegotecas de las escuelas porteñas y que
además integra la Asociación Internacional
por el Derecho a Jugar (IPA).
El
carro con rulemanes, la payana o el tinenti, el tiki
taka, el elástico forman parte de la memoria
emotiva del juego, que Roldán llama la "arqueología
lúdica".
A
medida que nos proponemos crear un tiempo y un espacio
diferente, aparece lo que no surge cuando todo ese
espacio lo llena la sociedad de consumo, que nos vende
el juguete o el juego que muchas veces olvidamos poco
tiempo después de adquirirlo.
"La
idea es recuperar los juegos de los otros, de los
que viven en otras regiones del país, los juegos
de los padres cuando eran chicos y de los abuelos
(italianos, españoles, bolivianos). Los juegos
de sus lugares de origen", precisó Roldán.
Para
los más chiquitos, habrá que pensar
en la casa como un taller y aprovechar cada día
de la semana para "construir juegos y juguetes
(trompos, baleros, juegos de mesa, disfraces, caretas
o títeres), o modelar arcilla, o pintar, en
lo podría llamarse el taller de plástica".
En
tanto, para los más grandes también
hay opciones más allá del videojuego
o la conexión en redes sociales que tanto atraen
a los adolescentes como "hacer entre todos un
listado de películas para ver o leer historietas
o buscar en Internet los ´juegos cooperativos´
o ´juegos del mundo´ y animarse a recorrer
otros desafíos".
Por
su parte, Gabriel Garzón, psicomotricista y
psicólogo, y regente del Instituto de Tiempo
Libre y Recreción, de la ciudad de Buenos Aires,
no descartó al videojuego como opción
aunque señaló que los padres deberían
involucrarse con los contenidos que éstos expresan.
"Toda
experiencia lúdica es una oportunidad para
la comunicación. Es muy importante dar consignas
y abrir el abanico de posibilidades en vez de cerrarlo",
dijo el especialista.
Garzón
sugirió no prohibir ni reprimir este tipo de
juegos sino tomarse un tiempo para analizar y conversar
con los hijos más grandes, los contenidos que
éstos expresan.
También,
el psicomotricista consideró que este receso
puede ser el momento para ordenar cajones, rincones
y reubicar juguetes, pero con actitud creativa.
Según
el especialista, "la computadora y la televisión
también pueden ser aliadas si somos creativos
para hallar páginas de acertijos, juegos lógicos
y enigmas y programas de interés para los chicos.
"Darle
vida a muñecos, chatarra, libros y revistas
y buscar lugares nuevos para ellos puede ser una actividad
para todas las edades", sugirió Garzón,
quien aseguró que, esta vez, el verdadero desafío
para los padres pasará por aceptar más
ruido y más desorden en casa.
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Fuente: AGENCIA TÉLAM
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