ENERO 2010
Cómo disfrutar las vacaciones en familia
Según los especialistas tolerar las diferencias y escuchar las necesidades de los otros es fundamental para que la convivencia no cause mayores rispideces.
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"Las vacaciones en familia suelen ser un momento muy esperado. Lo que observamos es que suele ser un tiempo muy idealizado: imaginamos una postal familiar sin imperfecciones ni fisuras y nos representamos a la familia íntegra disfrutando y compartiendo a pleno actividades, paseos, comidas y deportes. Todos juntos, deseando las mismas cosas y deleitándonos de la misma manera", resumió la psicoanalista Miriam Mazover, directora del Centro Dos.

Es entonces cuando surgen las quejas, que suelen ser más comunes de lo pensado, como se puede comprobar al

 

regreso de las vacaciones. Las frases van desde "Cada uno quería hacer algo distinto y no nos podíamos poner de acuerdo" o "No podíamos aprovechar el día porque cada uno se levantaba a la hora que quería" hasta la que esgrimen muchos padres de adolescentes: "Al final, cada uno hizo su vida". Por eso, las especialistas aconsejan tener en cuenta algunos conceptos básicos.

"Se dice: «Vamos en familia» como si todo continuara armado desde antes, cuando se trata de otros espacios, tiempos y proyectos, con nuevos encuentros y desencuentros. Los padres, por ejemplo, suelen ir a contramano de cómo quieren los adolescentes. Eso exige un diálogo diferente, escucharse y tolerar las diferencias. No vivirlas como un ataque al plan prearmado", aconsejó la licenciada Sonia Kleiman, directora de la Carrera de Especialización en Psicología Vincular de Familia con Niños y Adolescentes del Hospital Italiano.

Por su parte, la licenciada Lila Isacovich, coordinadora institucional de la Fundación Buenos Aires, opinó: "Cuanto menos expectativas se tengan, más se disfrutará. Si uno pretende hacer una rutina todos juntos, sobre todo con hijos adolescentes, más probabilidad habrá de no lograrlo. También es todo un tema para muchas parejas, que no tienen sus actividades individuales del año y tienen que compartir muchas más horas del día".

Con la misma rapidez con la que los chicos se lanzan a elegir las camas que usarán durante esos días apenas cruzan el umbral del lugar elegido, los adultos tienen que reorganizarse.

"Es un período de vida en conjunto muy anhelado y muy temido -dijo Kleiman-. En el año, uno tiene armados sus tiempos y sus espacios. Pero, en vacaciones, hay que rearmar todo: deben dormir juntas personas que en casa no duermen juntas y compartir situaciones individuales que ahora deben hacer juntas..."

Consejos para veraneantes

No idealizar
Saber que hay una imagen idealizada de las vacaciones. Dejarla de lado y no permitir que la mínima situación que no responda a esa imagen atente contra el proyecto.

Comprensión
Entender que es un momento novedoso para todos y que las alteraciones son posibles. Por ejemplo, los chicos se sienten desubicados, lo que se transforma en berrinches y ansiedad.

Desafíos
Vivir la experiencia como un desafío. Poner en juego herramientas, recursos, conocerse de otra manera, darse otros lugares y no trasladar el esquema de funcionamiento habitual de la familia al período de vacaciones.

Tiempo de escuchar
Darse un respiro y escucharse mutuamente.

No comparar
No estar todo el tiempo comparando con vacaciones anteriores o compartidas con otras familias (en el caso de las familias ensambladas). No es tan sencillo armar una superfamilia.

Sin compensación
Saber que no se puede compensar en vacaciones la falta de encuentro durante el año. Suele aparecer la demanda de "tiempo completo", con hiperpresencia, lo que generalmente redunda en malestar. La convivencia debe armarse de modo que todos sientan que comparten momentos y que tienen tiempos personales.

ø Fuente: LA NACIÓN

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