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"Las
vacaciones en familia suelen ser un momento
muy esperado. Lo que observamos es que suele
ser un tiempo muy idealizado: imaginamos una
postal familiar sin imperfecciones ni fisuras
y nos representamos a la familia íntegra
disfrutando y compartiendo a pleno actividades,
paseos, comidas y deportes. Todos juntos, deseando
las mismas cosas y deleitándonos de la
misma manera", resumió la psicoanalista
Miriam Mazover, directora del Centro Dos.
Es entonces cuando surgen las quejas, que suelen
ser más comunes de lo pensado, como se
puede comprobar al
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regreso
de las vacaciones. Las frases van desde "Cada
uno quería hacer algo distinto y no nos podíamos
poner de acuerdo" o "No podíamos
aprovechar el día porque cada uno se levantaba
a la hora que quería" hasta la que esgrimen
muchos padres de adolescentes: "Al final, cada
uno hizo su vida". Por eso, las especialistas
aconsejan tener en cuenta algunos conceptos básicos.
"Se
dice: «Vamos en familia» como si todo continuara
armado desde antes, cuando se trata de otros espacios,
tiempos y proyectos, con nuevos encuentros y desencuentros.
Los padres, por ejemplo, suelen ir a contramano de cómo
quieren los adolescentes. Eso exige un diálogo
diferente, escucharse y tolerar las diferencias. No
vivirlas como un ataque al plan prearmado", aconsejó
la licenciada Sonia Kleiman, directora de la Carrera
de Especialización en Psicología Vincular
de Familia con Niños y Adolescentes del Hospital
Italiano.
Por
su parte, la licenciada Lila Isacovich, coordinadora
institucional de la Fundación Buenos Aires,
opinó: "Cuanto menos expectativas se tengan,
más se disfrutará. Si uno pretende hacer
una rutina todos juntos, sobre todo con hijos adolescentes,
más probabilidad habrá de no lograrlo.
También es todo un tema para muchas parejas,
que no tienen sus actividades individuales del año
y tienen que compartir muchas más horas del
día".
Con
la misma rapidez con la que los chicos se lanzan a
elegir las camas que usarán durante esos días
apenas cruzan el umbral del lugar elegido, los adultos
tienen que reorganizarse.
"Es
un período de vida en conjunto muy anhelado
y muy temido -dijo Kleiman-. En el año, uno
tiene armados sus tiempos y sus espacios. Pero, en
vacaciones, hay que rearmar todo: deben dormir juntas
personas que en casa no duermen juntas y compartir
situaciones individuales que ahora deben hacer juntas..."
Consejos
para veraneantes
No
idealizar
Saber que hay una imagen idealizada de las vacaciones.
Dejarla de lado y no permitir que la mínima
situación que no responda a esa imagen atente
contra el proyecto.
Comprensión
Entender que es un momento novedoso para todos y que
las alteraciones son posibles. Por ejemplo, los chicos
se sienten desubicados, lo que se transforma en berrinches
y ansiedad.
Desafíos
Vivir la experiencia como un desafío. Poner
en juego herramientas, recursos, conocerse de otra
manera, darse otros lugares y no trasladar el esquema
de funcionamiento habitual de la familia al período
de vacaciones.
Tiempo de escuchar
Darse un respiro y escucharse mutuamente.
No
comparar
No
estar todo el tiempo comparando con vacaciones anteriores
o compartidas con otras familias (en el caso de las
familias ensambladas). No es tan sencillo armar una
superfamilia.
Sin
compensación
Saber que no se puede compensar en vacaciones la falta
de encuentro durante el año. Suele aparecer
la demanda de "tiempo completo", con hiperpresencia,
lo que generalmente redunda en malestar. La convivencia
debe armarse de modo que todos sientan que comparten
momentos y que tienen tiempos personales.
ø
Fuente: LA NACIÓN
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