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El problema reside, básicamente, en la falta
de control que los padres tienen sobre cuánto
y qué ven sus hijos cuando el aparato está
en esa zona en la que comienza a construirse su privacidad.
En segundo lugar, Strasburger propone limitar a dos
horas por día el tiempo frente a una pantalla.
"En el mundo, los chicos miran televisión
o usan los videojuegos en promedio tres horas al día,
lo que representa una hora de más", indicó
el doctor Strasburger, que participa en el XI Simposio
Internacional de Actualización Pediátrica
Dr. Carlos Gianantonio, organizado por el Departamento
de Pediatría del Hospital Italiano de Buenos
Aires.
Un tercer consejo, altamente efectivo según
la práctica del experto, es que los padres
se sienten a mirar las películas, los programas
o los videojuegos con sus hijos para hablar sobre
qué es lo que disgusta a unos y gusta a otros.
"Se puede tomar cualquier programa y si los padres
se sientan y hablan sobre el contenido, la situación
se vuelve educativa -señaló el autor
de "Decir no en los 90, cuando decían
sí en los 60"-. Los padres aún
no comprenden cuán poderosa puede ser la televisión
como "maestra", que seguramente desaprobarían
para la escuela. Les enseña a sus hijos comportamientos
agresivos, uso de drogas y sexo explícito Por
lo tanto, si no hablan con sus hijos de sexo, del
consumo de drogas o de la violencia, lo hará
la televisión, pero de manera poco saludable.
Y, hoy, los padres no están haciendo nada para
evitarlo."
Cuidado:
cerebro creciendo
Si
de Internet se trata, Strasburger recomendó
instalar la computadora en el living o en un lugar
expuesto de la casa. "Ningún adolescente
se va sentar en la sala a mirar sitios pornográficos
con los hermanos y los padres pasando por ahí",
razonó.
En la niñez, el cerebro crece como los chicos,
rápidamente, y lo hace como respuesta a lo
que lo rodea. "Si el entorno es un padre que
lee libros a su hijo, el cerebro infantil crecerá
con otras opciones", sostuvo Strasburger, que
durante la entrevista emitió su segunda sentencia:
"Los padres de chicos menores de 2 años
no deberían dejarlos mirar televisión".
Pero, ¿qué pasa cuando un hijo se queja
de que es el único que no puede mirar este
u otro programa? Según Strasburger, la forma
más simple de evitarlo es limitar de entrada
la el tiempo y los programas que pueden ver sus hijos.
"Si lo hacen, no van a llegar a esa situación.
Y muchos padres no lo hacen, de modo que lo siguiente
es sentarse a mirar el programa con su hijo y explicarle
por qué no les gusta", dijo.
Si esto no da resultado, sólo queda empezar
a reducir por semana la cantidad de horas frente al
televisor y que los chicos elijan los programas de
una lista, según la edad y el contenido.
¿Realidad
virtual o real?
Los
últimos estudios sobre la percepción
infantil demuestran que los chicos menores de 8 años
tienden a pensar que lo que la pantalla les presenta
es cómo los adultos se comportan en la vida
real. Es decir, por ejemplo, que no comprenden que
si una persona le pega a otra en el mentón,
puede quebrarse la mano, aunque no suceda en la pantalla.
"Veo adolescentes en el hospital que le pegan
un puñetazo a la pared porque están
muy enojados y al menos una vez a la semana tenemos
que hacer radiografías de las manos para comprobar
si sufrieron lo que se llama una fractura de boxeador
-relató Strasburger-. O creen que el sexo como
se presenta en la pantalla es real y, entonces, tienden
a sobreestimar la cantidad de amigos que tienen relaciones
Es muy tentador ver el mundo de los medios como real,
el problema es que los chicos lo hacen."
Según el experto, antes de los 8 años,
ningún chico puede diferenciar la realidad
de la fantasía. Entre 8 y 14 años, no
logran hacerlo en temas relacionados con el sexo y
las drogas; y no es hasta los 15, 16 o 17 años
que comprenden que todo es fantasía y entretenimiento,
"a menos que los padres o la escuela se los expliquen
antes", que es lo que hacen los denominados programas
de educación en medios.
Esos programas, que se pueden dictar desde la escuela
primaria, enseñan cómo se "fabrica"
la realidad en una publicidad o cómo se filma
una pelea, entre otras cosas. "Demostraron ser
muy efectivos y protegen a los chicos a través
de la educación de los efectos de los medios,
aunque la mayoría de los países no los
ponen en práctica", opinó Strasburger.
Los buenos resultados de esos programas ya se observaron
en las escuelas de Canadá, Australia e Inglaterra.
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Fuente: LA NACION
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