DICIEMBRE 2003
Primeras muestras de sociabilidad
En esta etapa tu hijo está adquiriendo madurez sufiente para responder a tus muestras de afecto, incluso para ser él quien inicie los juegos con vos, sin esperar a que lo hagas.
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El bebé es un ser social desde que nace. De hecho, además de la comida y los cuidados básicos de higiene y aire puro, precisa calor humano para sobrevivir.
Hacia los cinco o seis meses la vista del bebé se perfecciona, llegando a ser casi igual que la del adulto. Esto le permite distinguir perfectamente las caras de los que lo rodean (además de las de papá y mamá, que ya conocía bien) y mostrarse así más o menos "amable" con los que se le acercan, dependiendo de cuánto los conozca (hasta aproximadamente los cinco meses sonreía a todo el mundo).

Se entenderán sin necesidad de palabras
Es posible que entre los siete y los nueve meses tu pequeño pase

 

por una fase denominada "de miedo a los extraños", en la que no quiera estar con nadie más que con vos o con tu pareja. Aunque vivas momentos de agobio porque te resulte casi imposible dejarle con otras personas, piensa que superará esta etapa en poco tiempo (no se prolongará más de cuatro semanas) y que pasar por ella denota que ha establecido un vínculo muy fuerte con ustedes, lo que le dará una base segura para sus futuras relaciones sociales (el niño sólo puede hacerse independiente si primero depende de los que lo rodean). Si vas a llevarlo a la guardería o pensas dejarlo con una niñera, esperá a que supere esta fase y empiece a sentirse seguro con los demás. Si no, lo pasará mal durante tus ausencias.

Pero no sólo el miedo a los extraños revela que tu hijo ha dado un paso importante en su desarrollo socioemocional. También en el trato diario que mantenes con él notarás que tu pequeño se entiende mejor con vos: te sonríe para que le sonrías, te "contesta" cuando le hablas (estos primeros intercambios constituyen las bases de vuestros futuros diálogos), te tira del pelo para que juegues con él... Y cuando das palmas o golpeás un juguete para que suene, tu hijo, hacia los ocho o nueve meses, te imitará. Estos juegos de interacción, que tanto lo entretienen, son aprendizajes básicos para su desarrollo. Gracias a ellos aprende el principio de la causalidad (relación causa-efecto) y el sentido del yo (descubre que puede hacer que sucedan cosas a su alrededor).

Juegos de interacción social
Ahora que tu hijo comienza a interactuar con vos, procura estar más atenta que nunca a sus señales y reacciones. Para poder entenderte con él antes de que empiece a hablar debes observar su lenguaje corporal (muecas, sonidos, tono muscular...). Y no des por hecho, de forma rutinaria, lo que crees que quiere decirte. Por ejemplo, si te señala un juguete tal vez no quiera que se lo des, sino que le hagas upa para tomarlo él mismo. Según su reacción al atenderlo podrás deducir si has interpretado bien su gesto o no.
En esta fase del desarrollo, los psicólogos infantiles suelen recomendar a los padres que todos los días dediquen un ratito a practicar "juegos sociales" con sus hijos. Pese a ser muy sencillos, favorecen las relaciones de los pequeños con los demás. Algunos de ellos son:

o Hablar con el cuerpo. Consiste en enseñar al niño los gestos sociales que usamos con más asiduidad: decir adiós con la mano, abrazar y besar, decir sí y no con la cabeza...
o Toma y dame. Para jugar a este juego tenes que dar a tu hijo diferentes juguetes e incitarle a que te los devuelva. Así fomentas su capacidad para compartir.

o ¿Dónde está? Tapate la cara con las manos y después de preguntarle "¿dónde estoy?", las retiras para que te vea. Este juego tiene otras muchas variantes: esconder y buscar objetos con él, taparle la cara con un paño... Su objetivo es enseñar al niño el concepto de permanencia, para que entienda que cuando un objeto o persona desaparecen de su vista, no dejan de existir. Ir asimilando esta idea (a partir de los ocho meses) lo ayudará a superar mejor tus ausencias y a quedarse contento con los demás, aunque te vayas. Dicho de otro modo: a ser cada día más sociable y menos dependiente tuyo.

 

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