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por
una fase denominada "de miedo a los extraños",
en la que no quiera
estar con nadie más que con vos o con tu pareja.
Aunque vivas momentos de agobio porque te resulte
casi imposible dejarle con otras personas, piensa
que superará esta etapa en poco tiempo (no
se prolongará más de cuatro semanas)
y que pasar por ella denota que ha establecido un
vínculo muy fuerte con ustedes, lo que le dará
una base segura para sus futuras relaciones sociales
(el niño sólo puede hacerse independiente
si primero depende de los que lo rodean). Si vas a
llevarlo a la guardería o pensas dejarlo con
una niñera, esperá a que supere esta
fase y empiece a sentirse seguro con los demás.
Si no, lo pasará mal durante tus ausencias.
Pero
no sólo el miedo a los extraños revela
que tu hijo ha dado un paso importante en su desarrollo
socioemocional. También en el trato diario
que mantenes con él notarás que tu pequeño
se entiende mejor con vos: te sonríe para que
le sonrías, te "contesta" cuando
le hablas (estos primeros intercambios constituyen
las bases de vuestros futuros diálogos), te
tira del pelo para que juegues con él... Y
cuando das palmas o golpeás un juguete para
que suene, tu hijo, hacia los ocho o nueve meses,
te imitará. Estos juegos de interacción,
que tanto lo entretienen, son aprendizajes básicos
para su desarrollo. Gracias a ellos aprende el principio
de la causalidad (relación causa-efecto) y
el sentido del yo (descubre que puede hacer que sucedan
cosas a su alrededor).
Juegos
de interacción social
Ahora que tu hijo comienza a
interactuar con vos, procura estar más atenta
que nunca a sus señales y reacciones. Para
poder entenderte con él antes de que empiece
a hablar debes observar su lenguaje corporal (muecas,
sonidos, tono muscular...). Y no des por hecho, de
forma rutinaria, lo que crees que quiere decirte.
Por ejemplo, si te señala un juguete tal vez
no quiera que se lo des, sino que le hagas upa para
tomarlo él mismo. Según su reacción
al atenderlo podrás deducir si has interpretado
bien su gesto o no.
En esta fase del desarrollo, los psicólogos
infantiles suelen recomendar a los padres que todos
los días dediquen un ratito a practicar "juegos
sociales" con sus hijos. Pese a ser muy sencillos,
favorecen las relaciones de los pequeños con
los demás. Algunos de ellos son:
o Hablar con el cuerpo.
Consiste en enseñar al
niño los gestos sociales que usamos con más
asiduidad: decir adiós con la mano, abrazar
y besar, decir sí y no con la cabeza...
o Toma y dame.
Para jugar a este juego tenes que dar a tu hijo diferentes
juguetes e incitarle a que te los devuelva. Así
fomentas su capacidad para compartir.
o ¿Dónde está?
Tapate la cara con las manos
y después de preguntarle "¿dónde
estoy?", las retiras para que te vea. Este juego
tiene otras muchas variantes: esconder y buscar objetos
con él, taparle la cara con un paño...
Su objetivo es enseñar al niño el concepto
de permanencia, para que entienda que cuando un objeto
o persona desaparecen de su vista, no dejan de existir.
Ir asimilando esta idea (a partir de los ocho meses)
lo ayudará a superar mejor tus ausencias y
a quedarse contento con los demás, aunque te
vayas. Dicho de otro modo: a ser cada día más
sociable y menos dependiente tuyo.
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