ENERO 2008
Reyes Magos: entre el mito y la realidad
¿Los Reyes Magos existen? La respuesta es por todos conocida, siempre y cuando se tenga al menos más de 10 años de edad. El problema es cuando empiezan las dudas y los padres no saben si es mejor decirles la verdad o intentar mantener la ilusión infantil para evitar el enfrentamiento con la realidad.
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Todos hemos sobrevivido al engaño así que no es un gran problema para un niño descubrir esa verdad. El problema es para los padres porque es una ilusión hermosa y tienen miedo a la decepción que puedan sufrir los chicos”, afirma la socióloga Graciela Cousinet y agrega: “Es una tradición importante aunque ahora es incentivada por el consumo. Igual hay que mantenerla porque funciona. Antes se recordaba la visita de los Reyes a Jesús y ahora lo que se busca es gratificar al niño”.

La edad de la inocencia

“A los 8 o 9 años ya empiezan a dudar de la existencia de los Reyes y empiezan a perder la ilusión, pero ciertos ámbitos sociales influyen más en los chicos para que descrean antes” explica Roxana Díaz, una docente de primer grado que en su experiencia ve cómo los chicos a cierta edad cuestionan lo que antes creían como verdades absolutas. “Estas cosas dependen del entorno del niño, cuando es

 

criado con valores familiares fuertes, se conservan los rituales. Muchas mamás van a la escuela a pedir que se controle a los chicos más grandes para que no le cuenten a los más chicos la verdad de ciertas creencias como los Reyes o el ratón Pérez. Piden que se conserve el misterio”, sostiene la maestra.

“Muchos chicos se informan antes que vos les digas. Por suerte los míos aún creen pero el mayor ya tiene 7 años y sé que pronto va a empezar a preguntar. Cuando llegue el momento trataría que me pregunte para que no se les rompa la ilusión si se entera de otra forma”, dice Carolina, mamá de tres chicos de 7, 6 y 2 años.

Los padres son los principales promotores de la ingenuidad infantil, impulsados por el temor de que los chicos se encuentren con la realidad del mundo adulto, algo de lo que sienten que no hay vuelta atrás. Pero mantener no es lo mismo que forzar y los profesionales hacen advertencias. “No es favorecedor sostener a la fuerza estos imaginarios, sino que el niño con sus recursos va dando el salto a la realidad y este proceso no es traumático en tanto puedan realizarlo”, afirma Javier Rivamar, licenciado en psicología. Graciela Cousinet suma diciendo: “Darse cuenta de cómo son las cosas es una forma de crecer. Hay una edad en que ciertas cosas no se cuestionan pero cuando las preguntas surjan naturalmente será el tiempo de las respuestas”.

Pedir hasta lo inimaginable

Muchos chicos no sólo mantienen la ilusión sino que también creen en el poder ilimitado de los Reyes Magos para pedir hasta lo inimaginable, algo que a muchos papás los pone nervioso. Lo cierto es que los niños no asocian a sus padres con los regalos que reciben y les cuesta imaginar que es un gasto familiar extra. “Hasta cierta edad los chicos no hacen preguntas porque su nivel de desarrollo no se los permite. Aunque estén en contacto con mucha información a su alrededor, que puede poner esa verdad en evidencia, no tienen la capacidad para procesarla”, define Cousinet.

Esa sobreexposición de información que amenaza con romper la fantasía es lo que los padres también temen. “Hay nuevas modalidades de comunicación y de construcción de la realidad diferentes a los existentes hasta hace unos pocos años atrás. Esto provoca una diferenciación en el desarrollo del niño, donde parecen tomar los mismos tiempos de una sociedad cada vez más acelerada, por esto parece que la ingenuidad en los niños es más acotada”, señala Javier Rivamar para justificar el temor de los padres y agrega: “Se debe tener claro que no existe una edad exacta para que el niño deje de lado la fantasía de los Reyes Magos o Papá Noel, sino que se debe entender como un mecanismo procesual psicológico que cada niño va realizando en este recorrido hacia el conocimiento de la realidad objetiva y racional. A medida que el niño va creciendo va adquiriendo un pensamiento lógico formal que le permite diferenciar, discriminar y ponderar la realidad y así comenzar a moverse en el mundo de los adultos”.

Muchos padres a esta altura ya deben haber escondido este diario por las dudas que alguno de sus hijos se le ocurra mirarla. Ante esa inquietud la socióloga tiene una respuesta sencilla y a la vez contundente: “Si el chico puede leer esta nota es porque está en condiciones de enterarse como son las cosas”.

 

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