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precisamente
porque no sabe de qué se trata
lo que le pasa, que le van a hacer, en qué
parte de su cuerpo, qué es la anestesia, por
qué lo separan de su familia, de su casa, etc.
Luego de la intervención, no sabe
por qué le duele, cuándo dejará
de dolerle, qué le hicieron, cómo quedó
el interior de su cuerpo, cuándo volverá
a su casa, etc. Por lo tanto sigue muy asustado.
Ante
tantos interrogantes, los niños suelen "rellenar"
con sus fantasías, generalmente distorsionadas
y más atemorizantes, todas estas preguntas.
Es seguro que cuanto más miedo y desconcierto
sienta, más propenso estará a deprimir
el funcionamiento de su sistema inmunológico,
el cual le es indispensable para enfrentar su operación
y recuperación.
Está comprobado clínicamente que los
niños preparados para afrontar las intervenciones
quirúrgicas, sufren menos stress con lo cual
mejoran sus defensas, su colaboración y su
recuperación.
¿Qué
significa estar preparado?
Estar preparado implica saber cuál es su enfermedad,
cómo se cura, de qué se trata la operación
que se le va a practicar, en qué consiste la
anestesia, cuánto va a dormir, dónde
se va a despertar; si estará internado, cuánto
tiempo y en general todo aquello que se relacione
con lo que le pasa y le pasará.
Los niños suelen relacionar las operaciones,
consciente o inconscientemente, con castigos de los
adultos por algo que hicieron, pensaron o desearon.
Otra fantasía habitual es que si bien conocen
qué órgano será operado, temen
que se hayan dañado otros órganos, por
ej.: sus genitales.
Es frecuente que en los días previos o posteriores
a la operación se produzcan regresiones normales,
esto significa que el niño retrocede a comportamientos
de edades anteriores (se hace pis nuevamente, habla
mal, duerme mucho, se aísla, le cuesta retomar
el colegio, no quiere separarse de su mamá,
etc.). Todo esto pasará en poco tiempo.
Siempre
lo beneficiaremos brindándole la información
lo más completa posible, de lo que le pasará,
para que el pueda, así, ir elaborando, preguntando,
aclarando dudas, jugando a la operación, descargando,
llorando, expresando sus temores. To-do va saliendo
afuera, mostrándose y posibilitando que se
aclaren sus dudas, que pueda ser contenido y acompañado
disminuyendo su ansiedad y su miedo.
Es
de mucha ayuda, si estará internado, acondicionar
el cuarto de la clínica con objetos familiares
y queridos por él (muñecos, dibujos,
el juguete preferido que siempre lo acompaña,
almohaditas, mantitas, etc). También colabora,
si se siente bien, proveerlo de hojas, crayones, lápices,
libritos, muñecos, para que se exprese y nos
cuente, a su manera, lo que va sintiendo y pensando.
Suele tranquilizarlos mucho, si es posible, que, en
la pre-anestesia, pueda dormirse en brazos de sus
papás y despertarse en ellos y aún antes
de que se despierte, acariciarlo, hablarle, hacerle
saber que estamos allí, esperándolo,
alentándolo y dándole fuerza.
Un
niño es una unidad indivisible cuerpo-sentimientos.
Por eso es que si cuidamos sus emociones estamos preservando
su salud física y viceversa.
por
LIC. ANAHÍ DE GONZALEZ
Acerca
de la Lic. Anahí de González
Psicoanalista
de Niños I MN: 17533
Diploma de Honor de la Universidad del Salvador
Miembro Adherente de la Asociación Psicoanalítica
Argentina.
Postgrado en Teoría Clínica y Aplicaciones
de las Técnicas Psicoanalíticas,
Psicoterapéuticas y Diagnósticas. (Universidad
de Belgrano).
Ex docente del Postgrado de la Universidad de Belgrano.
Para contacto: 011 4961.7292
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