CINE - MARZO 2010
Número 9: La salvación en un muñeco de trapo
El director Shane Acker habla de su film de animación, una fábula apocalíptica producida por Tim Burton y dirigida al público adolescente.
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La animación, sea tradicional, digital y todas las técnicas intermedias o relacionadas, es muchas veces sinónimo de película infantil. Claro que hay excepciones. Tantas que ya parecen más la regla que su ruptura.

De Pixar y sus historias profundas, adultas, enmascaradas en puro entretenimiento para toda la familia, a los detallados y espirituales films creados por Hiyao Miyazaki ( El viaje de Chihiro ) y películas como El extraño mundo de Jack y El cadáver de la novia de Tim Burton, los dibujos pueden ser mucho más que el estreno para las vacaciones de

 

invierno. Y en ese mismo grupo está Número 9 , la película producida por Burton que Distribution Company presenta esta semana en la cartelera local. "Me parece que esta historia puede ser vista a muchos niveles. Por un lado tiene bastante del puro entretenimiento de los films de Ray Harryhausen y su animación stopmotion , y luego también hay otras capas que son más oscuras en términos narrativos. Quise hacer una película que le hable a los adolescentes de 13 o 14 años que todavía se entusiasman por estos muñecos fantásticos que viven en un mundo extraño que incentiva la imaginación", dice Shane Acker, el director y creador de Número 9.

Esos muñecos a los que se refiere el realizador son los protagonistas de un relato que ocurre en un mundo arrasado, posapocalíptico, en el que no parecen quedar más seres vivos que un puñado de muñecos de trapo perseguidos por unas máquinas monstruosas.

Originado en un cortometraje animado que consiguió premios en los festivales de su género y hasta una nominación al Oscar, el film cuenta con un héroe intrépido, el 9 del título, que no conoce nada de su origen ni porqué está aparentemente solo en esa tierra tan inhóspita. Como el monstruo de Frankenstein pero mucho más tierno, 9 no sabe o no recuerda nada de su propia creación. Hasta que se encuentra con otros de su ¿especie?

"Los protagonistas son criaturas mecánicas con espíritu humano. Son como títeres que cobran vida gracias a la inyección de un espíritu humano. Antes los llamaba simplemente muñecos de trapo pero alguien en algún momento empezó a utilizar el término stitchpunk en la relación a la película así que ahora los llamamos criaturas Stitchpunk" , explica Acker haciendo referencia a una nueva rama del género steampunk cuyos relatos estaban ambientados en la era del carbón y el vapor de la revolución industrial. Su idea para la ambientación nació de la fantasía de un mundo victoriano destruido por algún evento bélico que lo dejó atrapado en el tiempo de las máquinas y sin llegar nunca a lo digital.

"Es una realidad alternativa, un mundo retrofuturista. Se trata de un pasado posible, no nuestro pasado pero uno que podría haber sido. Quería que la película transcurriera en un posible período entreguerras, muy oscuro para la humanidad, ese punto en el que pudimos haber perdido todo, especialmente nuestras almas. Así, los hombres son responsables de su propia desaparición y su última esperanza son estas criaturas que representan la sensibilidad y las emociones perdidas", se entusiasma.

ø Fuente: LA NACIÓN por Natalia Trzenko

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