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invierno.
Y
en ese mismo grupo está Número 9 , la
película producida por Burton que Distribution
Company presenta esta semana en la cartelera local.
"Me parece que esta historia puede ser vista
a muchos niveles. Por un lado tiene bastante del puro
entretenimiento de los films de Ray Harryhausen y
su animación stopmotion , y luego también
hay otras capas que son más oscuras en términos
narrativos. Quise hacer una película que le
hable a los adolescentes de 13 o 14 años que
todavía se entusiasman por estos muñecos
fantásticos que viven en un mundo extraño
que incentiva la imaginación", dice Shane
Acker, el director y creador de Número 9.
Esos
muñecos a los que se refiere el realizador
son los protagonistas de un relato que ocurre en un
mundo arrasado, posapocalíptico, en el que
no parecen quedar más seres vivos que un puñado
de muñecos de trapo perseguidos por unas máquinas
monstruosas.
Originado
en un cortometraje animado que consiguió premios
en los festivales de su género y hasta una
nominación al Oscar, el film cuenta con un
héroe intrépido, el 9 del título,
que no conoce nada de su origen ni porqué está
aparentemente solo en esa tierra tan inhóspita.
Como el monstruo de Frankenstein pero mucho más
tierno, 9 no sabe o no recuerda nada de su propia
creación. Hasta que se encuentra con otros
de su ¿especie?
"Los
protagonistas son criaturas mecánicas con espíritu
humano. Son como títeres que cobran vida gracias
a la inyección de un espíritu humano.
Antes los llamaba simplemente muñecos de trapo
pero alguien en algún momento empezó
a utilizar el término stitchpunk en la relación
a la película así que ahora los llamamos
criaturas Stitchpunk" , explica Acker haciendo
referencia a una nueva rama del género steampunk
cuyos relatos estaban ambientados en la era del carbón
y el vapor de la revolución industrial. Su
idea para la ambientación nació de la
fantasía de un mundo victoriano destruido por
algún evento bélico que lo dejó
atrapado en el tiempo de las máquinas y sin
llegar nunca a lo digital.
"Es
una realidad alternativa, un mundo retrofuturista.
Se trata de un pasado posible, no nuestro pasado pero
uno que podría haber sido. Quería que
la película transcurriera en un posible período
entreguerras, muy oscuro para la humanidad, ese punto
en el que pudimos haber perdido todo, especialmente
nuestras almas. Así, los hombres son responsables
de su propia desaparición y su última
esperanza son estas criaturas que representan la sensibilidad
y las emociones perdidas", se entusiasma.
ø
Fuente: LA NACIÓN por Natalia
Trzenko
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