SEPTIEMBRE 2008
El nacimiento de un hermano: de lugares y porciones
Está por llegar un nuevo bebé a la familia y los padres nos preguntamos '¿cómo van a reaccionar sus hermanos?'. Las reflexiones sobre este tema de la mano de los Lic. Verónica Leder y Martín Baamonde llegan para responder algunas de estas dudas y también nos invitan a pensar en nuevas preguntas.
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Que el Martín Fierro tuviera que exhortar, y como "ley primera", lo cual no es poco, aquella famosa frase por todos conocida "los hermanos sean unidos", ya nos convoca a pensar que no se trata de algo que se de, digamos, naturalmente. Lo fraterno es complicado, en mayor o menor grado. Y, como no puede ser de otro modo, son los padres, al menos en el origen, los absolutos responsables del armado de este vínculo tan especial, por un lado, y de las consecuencias sobre cada uno de los miembros que forman esta relación.

 

Empecemos por exponer "lo obvio". Es claro para todo el mundo que el hecho de perder la "exclusividad" de los padres, en el caso de la aparición en el mundo del primer hermano de aquel, hasta ese entonces, único hijo de la pareja, debería constituirse, per se, en un hecho complicado, delicado, molesto y amargo para el primogénito ya nato. Esto parece ser, por lo empíricamente comprobable, por lo generacionalmente trasmisible, por lo que dicen muchas escuelas de psicología, de psicopedagogía, de sociología y hasta de antropología, "infaliblemente así" y por lo tanto deviene un hecho innegable e irrefutable. No estamos diciendo que esta lectura sea falaz, pero elucidemos algunas cuestiones que exceden a esta simple y unilateral explicación de los acontecimientos. Es cierto, por otra parte, que más allá de lo que la religión nos quiera hacer creer desde siempre, con el "amarás al prójimo como a ti mismo" y el "somos todos hijos de Dios, e iguales ante él"… el compartir duele; y si de los padres se trata, durante la infancia, sabemos que este padecer puede tornarse insoportable. Todo niño que pase por la instancia de tener un hermano, va a sufrir, es un hecho de estructura. Aunque sea un poco va a sufrir, porque algo, ineludiblemente, se va a perder. Compartir implica perder, en este caso en particular, implica perder amor, perder exclusividad, unicidad en la atención, en el cariño, en el tiempo, etc. Ahora bien, dicho esto, podemos, asimismo, afirmar lo siguiente: más allá de que a nadie le "guste" ni esté del todo y desde el vamos dispuesto a perder, nadie se murió por el hecho de no contar con la exclusividad de sus padres, y hasta nos atrevemos a aseverar que la mayoría de las veces, y a la larga, por supuesto, este perder alivia al sujeto, pues implica que "no todo" sus padres, por decirlo de algún modo, caiga y recaiga siempre sobre él. No todo el afecto, no toda la protección, no todo el cuidado, no todas las responsabilidades, no todos los ideales, no todas las frustraciones, no todos los deseos, etc. le pertenecen, la torta podrá partirse en pedazos, no se la tendrá que comer toda….
Con este mismo criterio, si la lectura se simplifica a un solo plano, es decir, al de pensar que sólo sufre el primero de los hijos por el nacimiento del primero de los hermanos, entre el primer hijo y el tercero, por ejemplo, con el cuarto, no habría conflicto alguno; o al revés, si se tiene seis o siete hermanos, el primero sería un absoluto desdichado por la cantidad de veces que tuvo que compartirlo todo, y convengamos que ya no le quedaría mucho para él, casi nada, digamos.

Motivo por el cual debemos indicar una lectura con otra lógica, una lógica que no tenga como axioma la cantidad y el número sino, y es esto lo fundamental, las graduaciones y los lugares, pero por sobre todo los lugares y los sujetos que los habitan. Una mirada psicoanalítica.
Hemos tenido consultas por casos muy graves, de niños con muchos problemas de todo tipo, afectivos, de conducta, sociales, escolares, etc., donde aparecían síntomas complicados, raros, peligrosos. La lógica de muchos de estos casos nos mostraba el mismo detonante, claro está, en el caso por caso de los sujetos y con la historia particular de cada quien, pero el indicador permanecía en casi todos estos casos: el nacimiento de un hermano.

Para la extrañeza de más de uno, dejemos en claro que no se trataba siempre y necesariamente del "primer" hermano de la serie. Podía aparecer ante cualquiera de ellos, ¿Por qué? Porque, como dijimos, no se trata, necesariamente y exclusivamente de una cuestión concatenada en la cronología, sino de otra cosa, de otra lógica que la excede y complejiza.

Siempre es difícil, insistimos, la llegada de un nuevo ser, pero existen graduaciones que hacen de este momento aunque doloroso y molesto, algo soportable, pasable, y, como adelantamos, hasta con cierto posible usufructo futuro, o complican extremando los acontecimientos, volviéndolos muy complicados. Como siempre nos enseña nuestro maestro de psicoanálisis, existen excesos de poco y excesos de mucho. La vertiente más explícita, más asequible a nuestra experiencia, y que es importante y necesaria también, nos lleva a pensar que hay cuestiones básicas que los papás pueden hacer, millones de ejemplos cotidianos nos preexisten y rodean, pero sabemos que sobre todas las cosas, es fundamentalmente importante el "poner palabras"; decir, hablar sobre el bebé en camino; también es fundamental ordenar los lugares, dejar en claro el lugar del nuevo hermanito en la casa, qué cosas le pertenecerán, qué no; es indispensable no hacer que de golpe el niño tenga que compartir absolutamente todo, además de a sus padres y familiares, también todos sus espacios y cosas (habitación, cama, juguetes, etc.); también se sabe que ayuda dejarlo o dejarlos participar en la elección del nombre del bebé; es interesante el efecto que produce sobre un nene que "su hermano" que no nació o recién nacido le haga regalos a él; es muy importante que los chicos puedan preguntar, decir, acompañar; es necesario respetar sus tiempos, permitirle estar más demandante, más mimoso, más "aniñado", e inclusive un poco enojado, un poco triste, y es bastante común que incluso aparezcan ciertas "regresiones" sobre logros ya conseguidos allá lejos y hace tiempo (por ejemplo, hacerse pis nuevamente, agarrar el chupete ya abandonado, etc.).

Pero esta vertiente, y este es el punto que no nos permite ser ingenuos al respecto, se monta sobre otra mucho más importante que debe estar, sino, lo antedicho es puramente un "arreglo cosmético" que va a desarmarse en el corto o mediano plazo como si se tratara de naipes en el desierto.

No es que lo otro no sea importante, de hecho lo es y mucho. Pero ya adelantamos que el quid de la cuestión giraba alrededor de las graduaciones y, fundamentalmente, de lugares. Pues bien, vayamos hacia el punto más álgido de nuestra nota. Digamos que, en el mejor de los casos, cada hijo que nace será esperado desde algún lugar por sus papás, lo hayan concebido ellos mismos o no. Es esperable que cada niño que llega a este mundo tenga un lugar al cual irá a alojarse. Es necesario entender la palabra "lugar" mucho más allá de la literalidad de la misma. En ese papá y en esa mamá tiene que haber un lugar, un agujero, algo que falte, un deseo, como lo nombramos en psicoanálisis, que posibilite que un niño habite allí. Por lo tanto, digamos que no basta con procrear y parir un hijo, es necesario un momento lógico que implique que ese hijo sea adoptado y pueda residir en ese lugar, no importa cuál sea (eso importará mucho más tarde en la vida de ese sujeto) pero que esa dimensión esté, sin eso, sin un lugar desde el cual es esperado, no hay nada.
Ahora bien, en el mejor de los casos, habrá un lugar para cada uno de los hijos a advenir. En el "mejor de los casos", o sea: no siempre, y lamentablemente, no hay garantías absolutas al respecto. Con lo que nos encontramos en varias, no en una, sino varias oportunidades en la clínica, es que no siempre hay lugar. A veces no hay lugar ni si quiera para uno sólo. Otras veces, había sólo un lugar y llegan dos o tres…muchas veces el lugar que había para uno queda como está y otras veces, a ese único lugar existente se le resta el sujeto que estaba y se le oferta al que advino recientemente. Aclaremos lo expuesto: se le quita toda la energía, toda la líbido, diríamos con Freud, al hijo que ya estaba, para investir de todo amor, toda atención, toda importancia, todo lugar, en definitiva, al que acaba de nacer. Todos estos casos, aquellos en los que no había nada para nadie, así como en los que había para uno o para unos pocos y se saca de allí para poner allá…implican consecuencias para todos los que fueron objeto de las "repartija", pero son gravísimos y devastadores los efectos que recaen sobre el que se quedó sin nada o con muy poco. Las marcas de este movimiento poco feliz no sólo aparecerán como consecuencias en esa relación entre hermanos, que demás está decir lo terriblemente complicada que será, sino que el efecto sobre el sujeto, la más de las veces, dejará como saldo un daño incurable y muchas veces irreparable. El análisis podrá trabajar esas marcas, bordearlas, cambiarles el sentido y hasta suavizarlas, lo cual no es poco para el padecimiento del cual estamos hablando, pero si un sujeto no tuvo un lugar o lo tuvo y fue expulsado de allí, la cicatriz que deja ese tiempo es prácticamente imborrable.

Pero por otra parte, démosle algo de "libertad" al sujeto. Démosle la oportunidad, la chance, de que pueda alojarse en alguien más, en alguien que posee un lugar posible para él. Dado que se trata de lugares y funciones que pueden ser encarnados por diferentes personas (abuelos, tíos, amigos de los padres, etc.) no están cerradas exclusivamente a los padres.

Pero ahora se entiende por qué no es posible hacer una lectura que cuente con un sólo plano en el entendimiento y en la dirección de una cura… sería muy fácil, realmente y verdaderamente no lo es. Justamente, el problema es que todos estos procesos que acabamos de describir no son concientes ni voluntarios ni electivos ni tienen absolutamente nada que ver ni con el amor ni con las buenas intenciones. Todo esto ocurre en un plano que no es asequible para el sujeto que lo padece, ni para el que es padre o está por serlo (por primera, segunda o tercera vez) ni para el pequeño que adviene al mundo; el que nace no sabe a qué lugar, en el mejor de los casos si es que lo hay; y tampoco le es conciente a aquellos de quienes depende la operación…

Pero no confundamos los tantos ni nos hagamos los tontos, no somos menos responsables porque no sabemos.

Cuando uno se analiza seriamente y no toma a la ligera ningún "dónde" (los desde dónde, ni los hacia dónde) ni ningún "para qué" o "para quién"…si un sujeto que tiene intenciones de ser padre, por primera vez o nuevamente, se pregunta y se responsabiliza por el movimiento que está por hacer, entonces, y aunque sea "sin garantías" pues tampoco en este punto las hay, la cosa funciona de otro modo, al menos la ética aparece en el horizonte, lo cual no es poco, ya lo sabemos.-

AUTORES:
VERÓNICA LEDER, MARTÍN BAAMONDE - LIC. EN PSICOLOGÍA (U.B.A.)
http://psiuba.blogspot.com/

 

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