ENERO 2009
Los secretos del Museo Argentino del Títere
Terminó la temporada 2008 y hacen una pausa pero sólo hasta marzo de 2009.
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En una esquina de San Telmo, donde por calles empedradas y fachadas de viejas casas, con zaguanes y ventanas con rejas coloniales, se respira esa atmósfera de recuerdos de barrio de conventillos y chicos que juegan en la vereda, el Museo del Títere Mane Bernardo-Sarah Bianchi ha dedicado todo el año a proporcionar la magia de los traviesos muñecos.

Su fundadora e incansable directora, Sarah Bianchi, con la cercana colaboración de Silvia Muselli ha desarrollado exposiciones, talleres, festejos, visitas guiadas, pero, especialmente, funciones de títeres para niños y adultos. Aunque son muy exigentes a la hora de la selección de los espectáculos que allí tienen lugar, a Sarah y a Silvia

 

les interesa mucho proporcionar obras y a los conjuntos nuevos, la oportunidad de probarse con el público. "También tenemos algunos espectáculos amigos que nos visitan con frecuencia -dice Sarah, sonriendo-, muchos son reclamados por los niños del barrio que se han vuelto unos expertos."

Cuando se le pregunta por las obras, contenidos y calidad, responde: "Hemos tratado de presentar la mayor variedad, pero, a veces, ocurre que, al ser tan pequeña la sala [40 localidades] y un escenario también chico [aunque muy bien equipado] muchos espectáculos que quisiéramos invitar no caben o no tienen presupuesto para afrontar los gastos de traslado y, a veces, otros compromisos no les permiten venir. Pero muchos sí lo hacen y hasta nos acompañan en la semana, con las visitas de las escuelas. "De todos modos -aclara Silvia-, se presentaron 22 conjuntos distintos, de la ciudad de Buenos Aires; de las provincias de Córdoba, Santa Fe y Mendoza, y un conjunto chileno."

La directora se muestra satisfecha de que el Museo llegó a ser considerado, entre los titiriteros, un lugar de referencia y encuentro. Allí se han realizado presentaciones de libros, estrenos y celebraciones. "En general, los conjuntos de títeres que hemos visto no han cambiado mucho -agrega-, especialmente en lo que concierne a temática o recursos, pero sí podemos decir que la calidad sí mejora, y que se ha podido mantener un buen nivel. Algunos son más divertidos; otros son más profundos; otros hacen títeres muy bellos; otros son más bien ingeniosos, pero todos son muy respetuosos del oficio y del público."

La cantidad de público que concurrió ronda las 5200 personas en el desarrollo de unas 130 funciones, y los chicos, que asistieron con sus escuelas, llegaron a 2200. "Preferiría llamar Casa de los Títeres a este espacio, en lugar de museo, porque me resisto a que estos pequeños, pero poderosos personajes, sean vistos como objetos en exhibición: para mí son artistas que están descansando. Pero -deja el comentario con una sonrisa-, evidentemente, el Museo cumple una función didáctica bastante amplia, ya que el contacto de los niños con los títeres los lleva a diversas experiencias estéticas y emocionales que importan mucho para crecer. Aquí vienen verdaderos amigos, habitués del barrio. Y mientras pueda ser, no los vamos a defraudar, seguiremos con las funciones, los talleres, además de varias sorpresas que les estamos preparando."

La directora proyecta habilitar la biblioteca sobre teatro y títeres para docentes, investigadores y público, y poner en marcha el ciclo de proyección de videos y películas hechos con títeres. Estos meses títeres -artistas-, titiriteros y directoras están de vacaciones, pero sólo hasta el 1º de marzo de 2009, cuando empezará de nuevo el juego para la ingenuidad y el asombro.

ø Fuente: LA NACION

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