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En
una esquina de San Telmo, donde por calles empedradas
y fachadas de viejas casas, con zaguanes y ventanas
con rejas coloniales, se respira esa atmósfera
de recuerdos de barrio de conventillos y chicos
que juegan en la vereda, el Museo del Títere
Mane Bernardo-Sarah Bianchi ha dedicado todo
el año a proporcionar la magia de los
traviesos muñecos.
Su
fundadora e incansable directora, Sarah Bianchi,
con la cercana colaboración de Silvia
Muselli ha desarrollado exposiciones, talleres,
festejos, visitas guiadas, pero, especialmente,
funciones de títeres para niños
y adultos. Aunque son muy exigentes a la hora
de la selección de los espectáculos
que allí tienen lugar, a Sarah y a Silvia
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les
interesa mucho proporcionar obras y a los conjuntos
nuevos, la oportunidad de probarse con el público.
"También tenemos algunos espectáculos
amigos que nos visitan con frecuencia -dice Sarah,
sonriendo-, muchos son reclamados por los niños
del barrio que se han vuelto unos expertos."
Cuando
se le pregunta por las obras, contenidos y calidad,
responde: "Hemos tratado de presentar la mayor
variedad, pero, a veces, ocurre que, al ser tan pequeña
la sala [40 localidades] y un escenario también
chico [aunque muy bien equipado] muchos espectáculos
que quisiéramos invitar no caben o no tienen
presupuesto para afrontar los gastos de traslado y,
a veces, otros compromisos no les permiten venir.
Pero muchos sí lo hacen y hasta nos acompañan
en la semana, con las visitas de las escuelas. "De
todos modos -aclara Silvia-, se presentaron 22 conjuntos
distintos, de la ciudad de Buenos Aires; de las provincias
de Córdoba, Santa Fe y Mendoza, y un conjunto
chileno."
La
directora se muestra satisfecha de que el Museo llegó
a ser considerado, entre los titiriteros, un lugar
de referencia y encuentro. Allí se han realizado
presentaciones de libros, estrenos y celebraciones.
"En general, los conjuntos de títeres
que hemos visto no han cambiado mucho -agrega-, especialmente
en lo que concierne a temática o recursos,
pero sí podemos decir que la calidad sí
mejora, y que se ha podido mantener un buen nivel.
Algunos son más divertidos; otros son más
profundos; otros hacen títeres muy bellos;
otros son más bien ingeniosos, pero todos son
muy respetuosos del oficio y del público."
La
cantidad de público que concurrió ronda
las 5200 personas en el desarrollo de unas 130 funciones,
y los chicos, que asistieron con sus escuelas, llegaron
a 2200. "Preferiría llamar Casa de los
Títeres a este espacio, en lugar de museo,
porque me resisto a que estos pequeños, pero
poderosos personajes, sean vistos como objetos en
exhibición: para mí son artistas que
están descansando. Pero -deja el comentario
con una sonrisa-, evidentemente, el Museo cumple una
función didáctica bastante amplia, ya
que el contacto de los niños con los títeres
los lleva a diversas experiencias estéticas
y emocionales que importan mucho para crecer. Aquí
vienen verdaderos amigos, habitués del barrio.
Y mientras pueda ser, no los vamos a defraudar, seguiremos
con las funciones, los talleres, además de
varias sorpresas que les estamos preparando."
La
directora proyecta habilitar la biblioteca sobre teatro
y títeres para docentes, investigadores y público,
y poner en marcha el ciclo de proyección de
videos y películas hechos con títeres.
Estos meses títeres -artistas-, titiriteros
y directoras están de vacaciones, pero sólo
hasta el 1º de marzo de 2009, cuando empezará
de nuevo el juego para la ingenuidad y el asombro.
ø
Fuente: LA NACION
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