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Viviana
Minzi, licenciada en Ciencias de la Comunicación
y autora del artículo "Mercado para la
infancia o una infancia para el mercado", señala
y alerta acerca del poder de 'agente socializador'
que adquiere el mercado a través de la publicidad
y los medios de comunicación, en desmedro de
instituciones tradicionales como la familia y la escuela.
Para Minzi, la ausencia de políticas de Estado
que reglamenten el accionar de los medios hacia los
niños y el débil accionar de los padres
como adultos responsables, son aspectos a revisar
para revertir esta tendencia.
¿Qué
implica sostener que el mercado actúa como
'agente socializador', es decir, como actor de relevancia
en la constitución de la noción contemporánea
de infancia?
El proceso de socialización es aquel mediante
el cual ciertos sujetos e instituciones hacen que
un niño empiece a formar parte de la sociedad
de un determinado modo. Tradicionalmente quienes estaban
encargados de impartir las normas para transformar
a un niño en un sujeto social, explicarle qué
es lo que está bien y qué es lo que
está mal y qué es lo que se espera de
él en el marco de una determinada sociedad,
eran la escuela, la familia, la Iglesia, el barrio.
Desde los '60 y '70, y en el caso argentino con un
auge muy fuerte en los '90, aparece el mercado como
una 'institución' que también marca
reglas y que lo hace especialmente a través
de la televisión.
¿Cómo
se instala el mercado como 'socializador'?
Hay que entender este movimiento por el cuál
el mercado gana lugar en el proceso de socialización
como parte de las transformaciones sociales y culturales
contemporáneas. Durante mucho tiempo hubo un
equilibrio entre agentes como la escuela, la familia
y la iglesia en primera instancia, y el ámbito
del trabajo como segundo escalón de este proceso;
pero al pasar de un modelo de sociedad centrado en
el Estado a otro más orientado al mercado,
cambian también las relaciones de fuerza y
poder. Ya no se trata de formar ciudadanos, que es
la tarea de la escuela, sino consumidores, y es aquí
donde el mercado adquiere relevancia.
¿Qué
relación se establece entre el mercado y las
instituciones tradicionales ante esta alteración
de roles?
Muchas de las instituciones tradicionales, como la
escuela, ven con cierto extrañamiento y temor
la aparición del mercado y los medios de comunicación.
Lo que se instala es una sensación de competencia.
En realidad, este avance del mercado por sobre la
escuela y la familia debe entenderse, en Argentina
y en Latinoamérica, en el marco de implementación
de un nuevo modelo económico social que tuvo
como eje la ausencia del Estado. Ante un Estado débil,
en retirada, aparece este mercado que avanza. Claro
que igualmente los chicos siguen yendo a la escuela
que trata entonces de establecer estrategias que le
permitan convivir con el poder de influencia del mercado.
¿De
qué niños, y a qué niños,
habla hoy el mercado?
Para el mercado la infancia existe como un sujeto
real, como un sujeto que puede consumir, que tiene
capacidad de gasto. Al modificarse las costumbres
de las familias, y pasar también los chicos
a manejar dinero, el mercado comienza a apuntar a
ellos porque entiende que son potenciales consumidores
directos y, al mismo tiempo, cada vez tienen mayor
poder de influencia en la decisión de compra
de la familia. Y eso se verifica en las publicidades.
Desde la década del '50 hasta hoy se observan
diferencias de interlocutores, por ejemplo: antes
la publicidad le hablaba pura y exclusivamente al
padre cuando necesitaba venderle un producto al niño,
ahora directamente le habla al niño, se niega
al adulto, se 'puentea' al padre porque el mercado
sabe que el niño hoy tiene capacidad de compra
propia. Y esto tiene que ver con los cambios en los
modelos sociales y culturales, antes del '50 la palabra
del adulto era respetable, el niño se callaba
mientras el adulto hablaba; ahora eso va cambiando,
el niño tiene autonomía y decisión
dentro de la familia.
El
mercado es conciente de estas transformaciones. ¿Cuáles
son las estrategias más
comunes que utiliza el mercado para llegar a ellos
como consumidores?
Hay distintas líneas: una es las publicidades
para los chicos más chiquititos, otra es la
que apunta a los niños de entre siete y hasta
once años más o menos donde una de las
estrategias es crear un mundo sólo para chicos.
En estos casos si aparecen adultos estos son mostrados
o como 'adulto-proveedor', que trae el objeto deseado
a modo de regalo o premio, o como 'adulto-satirizado',
el adulto que no se puede desenvolver en el mundo
de los chicos porque es torpe, porque no sabe, porque
desconoce. Para este último caso yo hablo de
'invisibilización' porque el adulto no está
para poner reglas, y si lo hace resulta ser desacreditado.
Un aspecto importante respecto a las estrategias publicitarias
de las empresas en el país es lo que acontece
en los ´90 con la llegada de las compañías
y las agencias internacionales: aparecen estrategias
de ventas como el merchandising, es decir, se diseña
toda una serie de productos que hacen de colchón
a un determinado programa de televisión, cuando
en realidad ese programa surge como base de operaciones
para la venta de los productos. Es a partir de la
televisión donde se dota de sentido a los productos.
¿Cuál
es la relación entre televisión y mercado?
La televisión en esto juega un rol fundamental.
Entre el mercado y la TV se establece una suerte de
alianza insustituible. En Argentina hoy el 90% de
los hogares tienen televisión, y en los centros
urbanos la mayoría
de las familias tienen cable donde las señales
más vistas son las de programas infantiles;
así, el poder de injerencia en la vida de los
niños, en su formación, es muy alto.
Ante
el actual estado de situación, donde la oferta
de productos para niños se incrementa con celeridad
y frente al poder de la publicidad como formadora
de opinión, ¿cuál es el rol que
compete a los padres y educadores?
Es muy difícil establecer planes de acción
como adultos porque estamos hablando de transformaciones
sociales y culturales. Es decir, se trata de un nuevo
agente que aparece con otros valores, que a la mirada
de los adultos nos resulta perverso e intolerable
y frente al que sabemos tenemos que luchar, pero al
mismo tiempo debemos comprender, y no pasar por alto,
que los chicos se están socializando en eso,
que es parte de su cultura y que en algún punto
tenemos que respetar su cultura. Creo que en primer
lugar tenemos que conocer bien de qué se trata,
esa es la primera tarea del adulto: observar cuidadosamente
qué quieren nuestros chicos y por qué
lo quieren. Vivimos en una sociedad de consumo y es
inevitable no consumir, y esto tanto para los niños
como para los adultos, por eso también nosotros
tenemos que saber muy bien qué lugar estamos
ocupando como consumidores. Entonces, hay que ver
qué es lo que el mercado ofrece, qué
entienden los chicos de eso, y estar muy próximos
como padres para poder intervenir. Como educadores,
pero especialmente como padres, somos los encargados
de socializar a los chicos, de acompañarlos
en su tramo por la vida, particularmente cuando son
pequeños, y esta no es una tarea que podemos
dejar librada ni al mercado ni a ningún otro
agente.
Minzi
dixit
"La
infancia es un constructo histórico propio
de la modernidad. Una institución social ligada
a prácticas familiares, modos de educación
y clases sociales. Durante muchos años niño
no se nacía biológicamente sino que
se aprendía (a ser) en la escuela. En los noventa,
y desafiando la tradición, a ser niño
también se aprende en el contacto con los kioscos,
el supermercado y la televisión. Por eso a
fines de siglo nos encontramos con 'otro niño',
con nuevos intereses, nuevos valores y nuevas habilidades
(
) En la última década del siglo
XX los chicos son visualizados como agentes económicos.
Ellos mismos son quienes inciden, deciden, compran
y gastan dinero. El mercado consolida un proceso por
el cual el consumo se convierte en un acto social
de pleno derecho durante la infancia (
) La televisión
se convierte paulatinamente en un catálogo
de juguetes muchas veces velado para la mirada infantil
(
) La alianza entre la televisión y el
mercado es insustituible. Sin embargo, la función
cultural principal no es la que reconoce el mercado
a simple vista: su misión no es promocionar
productos sino volverlos 'deseables' y 'posibles'
para el mundo infantil. La televisión construye
relatos y fantasías que los productos circulantes
en el mercado ayudan a reproducir y recrear en el
patio de la escuela o a la hora de la siesta (
)
Este es el aporte de la televisión: colaborar
en la construcción de los marcos de referencia
en base a los que algunos productos serán deseados,
usados y otros tantos rechazados u olvidados (
)
Así, entonces, como bajo los efectos de un
extraño juego de luces y sombras, se delinea
una dinámica sociocultural dialéctica:
mientras el mercado de productos para la infancia
se vuelve más notorio y visible, los procesos
de socialización de la infancia en, por y para
el mercado se tornan menos evidentes a los ojos de
quienes se mueven dentro de él".
Minzi, V. "Mercado para la infancia o una infancia
para el mercado"; en: Carli, S. (Edit./Comp.).
Estudios sobre comunicación, educación
y cultura. Ed. Stella. La Crujía Ediciones.
Bs. As, abril 2003.
ø Fuente: REVISTA
PLANETARIO
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