MARZO 2005
Los 3 años que marcan la vida
El estudio del potencial humano permite afirmar que las capacidades que no se estimulan tempranamente se debilitan. ¿Por qué lo que no se aprovecha en los tres años iniciales se pierde definitivamente?
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Es como una de esas promociones tan en boga en la actualidad. Aquellas que prometen increíbles recompensas, premios magníficos, gratificaciones únicas, pero con fecha de vencimiento. Así funciona el cerebro de los seres humanos: lo que no se aprovecha cuando está disponible, se pierde para siempre.
Cuando un bebe nace, su cerebro aún está transitando por un proceso de maduración que se extenderá por varios años. Ese órgano inacabado, inconcluso, trae consigo la prodigiosa capacidad de aprender rápidamente de las experiencias que le ofrezca el entorno y de convertirse en rector de todo el organismo.

Para comprender cómo se desarrolla el cerebro humano hay que internarse en sus partes recónditas y visitarlo aún antes de que el niño que lo cobija haya nacido. El doctor Víctor Feld, neuropediatra

 

de la Maternidad Ramón Sardá y docente titular de Neurobiología de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Luján, explica: "Durante la vida intrauterina, la región germinal (una zona profunda del cerebro) produce gran cantidad de células cerebrales: las neuronas. Otro conjunto de células -denominado neuroglia- se encarga de nutrirlas, sostenerlas y ayudarlas en sus traslados. En las semanas siguientes, y hasta el momento del nacimiento, las neuronas migran hacia la superficie y conforman la corteza cerebral. Esa zona del cerebro, en interconexión con la subcorteza, será la que haga posible que el niño adquiera nuevos conocimientos y, al mismo tiempo, regule sus acciones".
Un bebé recién nacido tiene en pleno funcionamiento el grupo de neuronas "marcapasos", encargadas de dirigir su organismo en la realización de las funciones vitales. Así, el niño nace sabiendo respirar, su corazón sabe latir; sus órganos realizan las funciones para las que están diseñados. Además, tiene listos ciertos dispositivos básicos que le permitirán aprender y nutrirse: capacidad de atención, de memorización, de percepción, de permanecer despierto y de succionar.
Pero la mayor parte de las conexiones entre neuronas -denominadas sinapsis- se realizará durante los primeros tres años de vida. En la guía para padres Cómo estimular el cerebro infantil, de Diane Dodge y Cate Heroman (Editorial Teaching Strategies), las autoras explican que serán las experiencias ofrecidas por el ambiente las que estimularán esas conexiones encargadas de organizar el lenguaje, coordinar los movimientos, definir la percepción del ambiente, reconocer el espacio y las distancias y tomar contacto con los otros, para dar como resultado una combinación única de comportamientos, sentimientos y pensamientos.

Períodos sensibles

Los humanos estamos constituidos por lo que los neurólogos denominan un sistema expectante de experiencias. Según explica la doctora Karen De Bord, especialista en desarrollo infantil, nacemos con 100 mil millones de neuronas, cada una capaz de establecer relación con miles de sus compañeras. De hecho, contamos con una sobredimensión de potencialidades: gran cantidad de neuronas y enorme capacidad para generar interconexiones, que tienen un tiempo limitado para ser explotadas. Ese lapso se denomina ventana de oportunidad o período sensible. Pero, ¿cómo aprende nuestro cerebro? El doctor Feld describe el proceso que ocurre dentro de nuestro órgano rector: "Al recibir un estímulo del ambiente, el cerebro produce una carga eléctrica que recorre las células y sus prolongaciones, llega a zonas de asociación, procesa las señales recibidas, las compara con experiencias pasadas; comprende cuando la recibida es una experiencia nueva y elabora un proyecto de reacción en función de esa experiencia".
Sin embargo, nuestro cerebro dispone de un tiempo limitado para ser modificado por nuevas experiencias: pasado ese lapso, nuestra capacidad de aprender va decayendo y el mecanismo para establecer nuevas conexiones se hace más lento. Por ejemplo, los niños que recién comienzan a hablar pasados los 6 o 7 años mantienen habitualmente dificultades en el habla.
A la vez, las conexiones no reforzadas por nuevas experiencias son desechadas por el cerebro para permitir que las conexiones "preferidas" funcionen de manera más eficiente. La operación que se pone en funcionamiento se asemeja a la limpieza de un jardín: las malezas se eliminan para dar mayor espacio de crecimiento a las plantas y flores que regamos y cuidamos. Así, el cerebro de un niño de 3 años es doblemente activo que el de un adulto, aunque el del adulto es más eficaz porque se ha deshecho de conexiones que no necesita.
Por otra parte, una experiencia realizada con un gatito -al que se le tapó un ojo durante sus primeros meses de vida- demostró que los estímulos posteriores a esa etapa no fueron ya capaces de generar en ese ojo una visión correcta. Así, se comprobó que si los estímulos apropiados no llegan durante esas "ventanas" de tiempo muchos aprendizajes no alcanzarán a producirse nunca.

Sobreestimulación

Una vez comprendida la importancia que tienen estos primeros años en el desarrollo de la inteligencia humana, es inevitable pensar cómo incentivar esos avances. Si las conexiones intraneuronales que no reciben experiencias del ambiente se pierden indefectiblemente, aparece en los padres la lógica tentación de estimular todas las posibles para evitar esa merma.
Pero la sobreproducción de estímulos externos es un arma de doble filo, porque así como el cerebro es capaz de excitarse -o sea, de transmitir información a través de impulsos eléctricos- posee también un mecanismo de inhibición, necesario para garantizar su desarrollo.
El cerebro modula su respuesta de acuerdo con los estímulos que recibe y el tiempo y energía que necesita para procesarlos. Si no fuera así, no seríamos capaces de atender a un objetivo. Por ejemplo: si mientras usted lee esta nota cualquier estímulo interno (recuerdos, preocupaciones) o externo (el zumbido de una mosca, un auto que pasa) viniera a su mente con la misma jerarquía que la lectura, usted perdería la capacidad de comprender las ideas que aquí se exponen.
Lo mismo ocurre durante el período de aprendizaje: el cerebro es capaz de recibir y procesar cierta cantidad de estímulos; la sobreestimulación inhibe los procesos normales de aprendizaje y, contrariamente a lo que pueda suponerse, no convierte a un niño en superdotado. "Lo que ocurre -dice el doctor Feld- es que la biología no es exactamente igual en todos. Esa mínima diferencia genética, apoyada por estímulos ambientales que se orienten en la dirección correcta, puede dar frutos sorprendentes." Ese es el caso de un niño que tenga una condición genética como es el oído absoluto: sólo la desarrollará si su entorno apoya su interés por la música y le brinda las herramientas apropiadas para experimentar.
Sin embargo, refuerza la doctora De Bord en sus escritos, "es importante atender a la idea de que excesivas experiencias nuevas superpuestas no ayudan al desarrollo cerebral. Un bebé necesita tiempo para procesar lo aprendido antes de estar listo para asimilar cosas nuevas".

Una segunda lengua

Es cierto que un niño que crece en una casa bilingüe aprende fácilmente los dos idiomas. El período sensible para la adquisición de una nueva lengua comienza a cerrarse alrededor de los 8 años y termina cerca de la pubertad. Esto no significa que no se pueda aprender otro idioma durante la adolescencia o la adultez, sino que, probablemente, el aprendizaje tardío dé como resultado un hablante con acento extranjero.
Sin embargo, existe una discusión acerca de los beneficios del aprendizaje de una lengua extranjera: no es lo mismo criarse en una casa con dos o más lenguas que realizar un aprendizaje formal de otro idioma a edades muy tempranas. Esto último podría dificultar la correcta apropiación de la lengua materna. Lo que sí está demostrado es que el aprendizaje de un segundo idioma facilita luego la adquisición de otros, porque las estructuras idiomáticas son sistemas complejos que estimulan el cerebro de manera muy eficiente.

Si desea ampliar esta información: www.bbbgeorgia.org

La vista

Cuándo: durante los primeros meses de vida.
Cómo: con las imágenes del hogar, paseos, objetos ubicados a corta y a larga distancia.
Qué hacer: si hay cataratas, estrabismo o un ojo perezoso, es importante realizar la corrección lo más pronto posible para que las conexiones tempranas -que determinarán cómo funcionará la vista de esa persona- se fijen de manera correcta.


De 0 a 8 meses

Descubro mis manos y mis pies, y me encanta moverlos y chuparlos. Necesito estar seguro de que, cuando lloro, van a venir a consolarme. De a poco, logro ser más paciente. Puedo sonreír, y me gusta que me respondan con una sonrisa.
Adoro jugar con mis papás y con otras personas cercanas. A veces, la gente que no conozco me da miedo y necesito que alguien en quien tengo confianza me contenga y me mime. Me gusta jugar a las escondidas con objetos o personas y que me hagan saltar sobre las rodillas, como un caballito.
También me encanta salir a pasear, mirar los autos que pasan y ver cómo se mueven las hojas de los árboles. Aprendo a hacer sonidos diferentes para que entiendan que tengo hambre, frío, sueño o, simplemente, que necesito mimos y atención.
Aprendo mucho sobre el lenguaje cuando alguien a quien quiero me lee un cuento, me canta o me habla.

El movimiento

Cuándo: las destrezas motrices básicas se desarrollan mejor durante los primeros cuatro años. La motricidad fina, que permite escribir, atarse los cordones o tocar un instrumento musical, tiene su período sensible entre los 3 y los 10 años, aproximadamente.
Cómo: darse vuelta, sentarse, gatear, caminar, correr, trepar, dibujar, ensartar y recortar entrenan para un buen uso del cuerpo.
Qué hacer: dar a los niños la posibilidad de explorar, investigar y moverse en un ámbito seguro y con elementos apropiados.


De 8 a 18 meses

Ya sé mi nombre, aunque todavía no pueda decirlo. Cuando me dicen que hago las cosas bien, o que logré algo nuevo, me siento orgulloso. También, cuando me piden ayuda y me estimulan a ensayar cosas nuevas.
Cuando digo "no", estoy mostrando que soy yo mismo, que tengo mi propia identidad. Me asusto cuando mis papás se van, aunque de a poco estoy aprendiendo que regresarán, sobre todo si me explican cuándo ocurrirá. Ya tengo juguetes y comidas favoritos. Me divierte estar con otros chicos, aunque todavía no sé compartir. Me gusta explorar los objetos y los lugares. Aprendo mucho mirando a los que me rodean. Ya puedo apilar mis cubos y comer con mi cuchara, sentarme en una silla y pararme, siempre que pueda sostenerme de algún mueble seguro. De a poco, aprendo a caminar. Necesito ayuda para expresar mis sentimientos: cuando un adulto pone en palabras lo que siento, eso me da seguridad y tranquilidad.

Guía para padres

Cuidar la apropiada nutrición de la madre: el desarrollo del cerebro comienza antes del nacimiento.
Sostener el amamantamiento exclusivo durante los primeros meses de vida: la leche materna es el elemento nutricional más apto para el desarrollo del sistema nervioso central. La acción de amamantar estimula la vista del bebe a la distancia óptima; y refuerza el vínculo con la madre. Este encuentro es el elemento detonador de toda la actividad posterior de percepción, aprendizaje y organización del comportamiento.
Ofrecer al bebé seguridad, eliminando los peligros y respondiendo con atención a su llanto (el estrés producido por el miedo puede causar un desarrollo lento del cerebro).
Estimular con amor y cariño.
Respetar sus horarios y los tiempos de su desarrollo.
Recordar que los niños aprenden haciendo: darles la oportunidad de explorar el mundo y de desarrollar su creatividad.
Repetir los sonidos que el bebé emite y describir en voz alta las acciones que se desarrollan ("te estoy cambiando el pañal", "vamos a salir a pasear").
Leerle en voz alta.
Elegir un jardín maternal o una persona encargada de su cuidado con tiempo y disposición para estimularlo.

Pasado el período de amamantamiento exclusivo, elegir alimentos ricos en grasas, proteínas y hierro.


Las emociones

Cuándo: a partir del nacimiento.
Cómo: aprender a identificar las propias emociones, a expresarlas y a controlarlas da origen a un adulto aceptado, querido y capaz de disfrutar.
Qué hacer: tocar al bebe con suavidad y dulzura para tranquilizarlo y demostrarle que es amado. Funcionar como espejo de lo que el bebe siente, intentando poner en palabras y en gestos aquello que sucede. Verbalizar los motivos de las decisiones, ofrecer alternativas, impedir comportamientos peligrosos y orientar en la búsqueda de experiencias autónomas.


De 18 a 36 meses

Cuando vulnero los límites, estoy probando quién soy y hasta dónde puedo llegar.
Entiendo cuando mis padres dicen que soy "bueno", "malo", "lindo", "inteligente" y comprendo perfectamente lo que dicen de mí aunque no me estén hablando.
A veces no puedo contenerme y tengo un comportamiento que no puedo controlar. Me ayuda que mis padres me dicten reglas claras y sencillas.
A veces me dan miedo la oscuridad, los monstruos o la gente disfrazada.
Me doy cuenta cuando alguien está triste o enojado. También, cuando está contento y disponible, ¡y eso me gusta muchísimo!
Me gusta "actuar" a ser otras personas, hacer construcciones e investigar.
Estoy aprendiendo a esperar mi turno y entiendo que no siempre las cosas serán como me gustan a mí.
Sé hacer muchas cosas: dibujar garabatos, amasar, encastrar y usar las tijeras.
Me gusta patear la pelota, caminar en puntas de pie y ya puedo subir una escalera poniendo un pie en cada escalón.
Puedo usar mi cuchara y mi tenedor, vestirme solo y servir un vaso de agua.
Sé muchas palabras y puedo armar algunas frases. Me gusta charlar y puedo contar las cosas que hice durante el día. A veces necesito que me "presten" las palabras que no me salen con facilidad.
Me gusta que me cuenten cuentos una y otra vez. A veces, miro los dibujos y yo también puedo narrar.
Me encanta cantar, mover mi cuerpo y actuar escenas cotidianas con mis amigos.

(Fuente: Zero to Three -National Center for Infants, Toddlers and Families, organización norteamericana que promueve el desarrollo saludable de bebes y niños pequeños)

La música

Cuándo: a partir del nacimiento.
Cómo: la música en general (no está comprobado que estas reacciones ocurran sólo con la música clásica) tiene ritmos, tonos y otras características que sirven para el proceso de organización cerebral en función de otros aprendizajes, como el pensamiento matemático. Además, la música ayuda a liberar tensiones y a expresar emociones.
Qué hacer: escuchar música cerca del bebe (a un volumen adecuado), cantarle, cantar con el niño y, más adelante, estimularlo en la práctica de algún instrumento musical.


El lenguaje

Cuándo: los primeros 5 o 6 años de vida son críticos para el aprendizaje de la lengua. Hay capacidades, como la construcción gramatical y la distinción fonológica, que son más sensibles en esa etapa. La adquisición de nuevos vocablos sigue a lo largo de la vida.
Cómo: los chicos aprenden por imitación de lo que escuchan y por la práctica.
Qué hacer: cuantas más palabras escuchen y más juego vocal realicen, más aprenderán. Aun cuando los niños no comprendan las palabras, es importante para las conexiones cerebrales que se los estimule con sonidos. El modo exagerado en que se les habla a los bebes, acercando la boca a su campo visual, ayuda a que los niños conecten las palabras con los objetos que las nombran.

ø Fuente: LA NACION

Comentarios de Lectores
 
MENSAJE 03
13 DE ENERO DE 2010
BETO CARDENAS - 24 AÑOS
muxo rollo...poca info ok.
MENSAJE 02
05 DE DICIEMBRE DE 2009
ALICIA ROWIES - 55 AÑOS
Muy interesante la nota!!.
MENSAJE 01
04 DE ENERO DE 2009
LILIA ALONSO
Me pareciò muy interesante....serìa bueno saber que pasa con los lìmites en los niños de tres años.....porque noto a mi alrededor que cuando ocurre un episodio de caprichos se los escucha a los papàs callate...terminala...a veces un tiròn de cabellos .y, eso parece que produce màs llanto...gritos....por eso creo importante leer màs al respecto pese a que sabemos que cada niño es un mundo...
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