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de
la Maternidad Ramón Sardá y docente
titular de Neurobiología de la Facultad de
Ciencias de la Educación de la Universidad
de Luján, explica: "Durante la vida intrauterina,
la región germinal (una zona profunda del cerebro)
produce gran cantidad de células cerebrales:
las neuronas. Otro conjunto de células -denominado
neuroglia- se encarga de nutrirlas, sostenerlas y
ayudarlas en sus traslados. En las semanas siguientes,
y hasta el momento del nacimiento, las neuronas migran
hacia la superficie y conforman la corteza cerebral.
Esa zona del cerebro, en interconexión con
la subcorteza, será la que haga posible que
el niño adquiera nuevos conocimientos y, al
mismo tiempo, regule sus acciones".
Un bebé recién nacido tiene en pleno
funcionamiento el grupo de neuronas "marcapasos",
encargadas de dirigir su organismo en la realización
de las funciones vitales. Así, el niño
nace sabiendo respirar, su corazón sabe latir;
sus órganos realizan las funciones para las
que están diseñados. Además,
tiene listos ciertos dispositivos básicos que
le permitirán aprender y nutrirse: capacidad
de atención, de memorización, de percepción,
de permanecer despierto y de succionar.
Pero la mayor parte de las conexiones entre neuronas
-denominadas sinapsis- se realizará durante
los primeros tres años de vida. En la guía
para padres Cómo estimular el cerebro infantil,
de Diane Dodge y Cate Heroman (Editorial Teaching
Strategies), las autoras explican que serán
las experiencias ofrecidas por el ambiente las que
estimularán esas conexiones encargadas de organizar
el lenguaje, coordinar los movimientos, definir la
percepción del ambiente, reconocer el espacio
y las distancias y tomar contacto con los otros, para
dar como resultado una combinación única
de comportamientos, sentimientos y pensamientos.
Períodos
sensibles
Los
humanos estamos constituidos por lo que los neurólogos
denominan un sistema expectante de experiencias. Según
explica la doctora Karen De Bord, especialista en
desarrollo infantil, nacemos con 100 mil millones
de neuronas, cada una capaz de establecer relación
con miles de sus compañeras. De hecho, contamos
con una sobredimensión de potencialidades:
gran cantidad de neuronas y enorme capacidad para
generar interconexiones, que tienen un tiempo limitado
para ser explotadas. Ese lapso se denomina ventana
de oportunidad o período sensible. Pero, ¿cómo
aprende nuestro cerebro? El doctor Feld describe el
proceso que ocurre dentro de nuestro órgano
rector: "Al recibir un estímulo del ambiente,
el cerebro produce una carga eléctrica que
recorre las células y sus prolongaciones, llega
a zonas de asociación, procesa las señales
recibidas, las compara con experiencias pasadas; comprende
cuando la recibida es una experiencia nueva y elabora
un proyecto de reacción en función de
esa experiencia".
Sin embargo, nuestro cerebro dispone de un tiempo
limitado para ser modificado por nuevas experiencias:
pasado ese lapso, nuestra capacidad de aprender va
decayendo y el mecanismo para establecer nuevas conexiones
se hace más lento. Por ejemplo, los niños
que recién comienzan a hablar pasados los 6
o 7 años mantienen habitualmente dificultades
en el habla.
A la vez, las conexiones no reforzadas por nuevas
experiencias son desechadas por el cerebro para permitir
que las conexiones "preferidas" funcionen
de manera más eficiente. La operación
que se pone en funcionamiento se asemeja a la limpieza
de un jardín: las malezas se eliminan para
dar mayor espacio de crecimiento a las plantas y flores
que regamos y cuidamos. Así, el cerebro de
un niño de 3 años es doblemente activo
que el de un adulto, aunque el del adulto es más
eficaz porque se ha deshecho de conexiones que no
necesita.
Por otra parte, una experiencia realizada con un gatito
-al que se le tapó un ojo durante sus primeros
meses de vida- demostró que los estímulos
posteriores a esa etapa no fueron ya capaces de generar
en ese ojo una visión correcta. Así,
se comprobó que si los estímulos apropiados
no llegan durante esas "ventanas" de tiempo
muchos aprendizajes no alcanzarán a producirse
nunca.
Sobreestimulación
Una
vez comprendida la importancia que tienen estos primeros
años en el desarrollo de la inteligencia humana,
es inevitable pensar cómo incentivar esos avances.
Si las conexiones intraneuronales que no reciben experiencias
del ambiente se pierden indefectiblemente, aparece
en los padres la lógica tentación de
estimular todas las posibles para evitar esa merma.
Pero la sobreproducción de estímulos
externos es un arma de doble filo, porque así
como el cerebro es capaz de excitarse -o sea, de transmitir
información a través de impulsos eléctricos-
posee también un mecanismo de inhibición,
necesario para garantizar su desarrollo.
El cerebro modula su respuesta de acuerdo con los
estímulos que recibe y el tiempo y energía
que necesita para procesarlos. Si no fuera así,
no seríamos capaces de atender a un objetivo.
Por ejemplo: si mientras usted lee esta nota cualquier
estímulo interno (recuerdos, preocupaciones)
o externo (el zumbido de una mosca, un auto que pasa)
viniera a su mente con la misma jerarquía que
la lectura, usted perdería la capacidad de
comprender las ideas que aquí se exponen.
Lo mismo ocurre durante el período de aprendizaje:
el cerebro es capaz de recibir y procesar cierta cantidad
de estímulos; la sobreestimulación inhibe
los procesos normales de aprendizaje y, contrariamente
a lo que pueda suponerse, no convierte a un niño
en superdotado. "Lo que ocurre -dice el doctor
Feld- es que la biología no es exactamente
igual en todos. Esa mínima diferencia genética,
apoyada por estímulos ambientales que se orienten
en la dirección correcta, puede dar frutos
sorprendentes." Ese es el caso de un niño
que tenga una condición genética como
es el oído absoluto: sólo la desarrollará
si su entorno apoya su interés por la música
y le brinda las herramientas apropiadas para experimentar.
Sin embargo, refuerza la doctora De Bord en sus escritos,
"es importante atender a la idea de que excesivas
experiencias nuevas superpuestas no ayudan al desarrollo
cerebral. Un bebé necesita tiempo para procesar
lo aprendido antes de estar listo para asimilar cosas
nuevas".
Una
segunda lengua
Es
cierto que un niño que crece en una casa bilingüe
aprende fácilmente los dos idiomas. El período
sensible para la adquisición de una nueva lengua
comienza a cerrarse alrededor de los 8 años
y termina cerca de la pubertad. Esto no significa
que no se pueda aprender otro idioma durante la adolescencia
o la adultez, sino que, probablemente, el aprendizaje
tardío dé como resultado un hablante
con acento extranjero.
Sin embargo, existe una discusión acerca de
los beneficios del aprendizaje de una lengua extranjera:
no es lo mismo criarse en una casa con dos o más
lenguas que realizar un aprendizaje formal de otro
idioma a edades muy tempranas. Esto último
podría dificultar la correcta apropiación
de la lengua materna. Lo que sí está
demostrado es que el aprendizaje de un segundo idioma
facilita luego la adquisición de otros, porque
las estructuras idiomáticas son sistemas complejos
que estimulan el cerebro de manera muy eficiente.
Si desea ampliar esta información:
www.bbbgeorgia.org
La
vista
Cuándo: durante los primeros
meses de vida.
Cómo: con las imágenes del hogar, paseos,
objetos ubicados a corta y a larga distancia.
Qué hacer: si hay cataratas, estrabismo o un
ojo perezoso, es importante realizar la corrección
lo más pronto posible para que las conexiones
tempranas -que determinarán cómo funcionará
la vista de esa persona- se fijen de manera correcta.
De 0 a 8 meses
Descubro
mis manos y mis pies, y me encanta moverlos y chuparlos.
Necesito estar seguro de que, cuando lloro, van a
venir a consolarme. De a poco, logro ser más
paciente. Puedo sonreír, y me gusta que me
respondan con una sonrisa.
Adoro jugar con mis papás y con otras personas
cercanas. A veces, la gente que no conozco me da miedo
y necesito que alguien en quien tengo confianza me
contenga y me mime. Me gusta jugar a las escondidas
con objetos o personas y que me hagan saltar sobre
las rodillas, como un caballito.
También me encanta salir a pasear, mirar los
autos que pasan y ver cómo se mueven las hojas
de los árboles. Aprendo a hacer sonidos diferentes
para que entiendan que tengo hambre, frío,
sueño o, simplemente, que necesito mimos y
atención.
Aprendo mucho sobre el lenguaje cuando alguien a quien
quiero me lee un cuento, me canta o me habla.
El
movimiento
Cuándo:
las destrezas motrices básicas se desarrollan
mejor durante los primeros cuatro años. La
motricidad fina, que permite escribir, atarse los
cordones o tocar un instrumento musical, tiene su
período sensible entre los 3 y los 10 años,
aproximadamente.
Cómo: darse vuelta, sentarse, gatear, caminar,
correr, trepar, dibujar, ensartar y recortar entrenan
para un buen uso del cuerpo.
Qué hacer: dar a los niños la posibilidad
de explorar, investigar y moverse en un ámbito
seguro y con elementos apropiados.
De 8 a 18 meses
Ya
sé mi nombre, aunque todavía no pueda
decirlo. Cuando me dicen que hago las cosas bien,
o que logré algo nuevo, me siento orgulloso.
También, cuando me piden ayuda y me estimulan
a ensayar cosas nuevas.
Cuando digo "no", estoy mostrando que soy
yo mismo, que tengo mi propia identidad. Me asusto
cuando mis papás se van, aunque de a poco estoy
aprendiendo que regresarán, sobre todo si me
explican cuándo ocurrirá. Ya tengo juguetes
y comidas favoritos. Me divierte estar con otros chicos,
aunque todavía no sé compartir. Me gusta
explorar los objetos y los lugares. Aprendo mucho
mirando a los que me rodean. Ya puedo apilar mis cubos
y comer con mi cuchara, sentarme en una silla y pararme,
siempre que pueda sostenerme de algún mueble
seguro. De a poco, aprendo a caminar. Necesito ayuda
para expresar mis sentimientos: cuando un adulto pone
en palabras lo que siento, eso me da seguridad y tranquilidad.
Guía
para padres
Cuidar
la apropiada nutrición de la madre: el desarrollo
del cerebro comienza antes del nacimiento.
Sostener el amamantamiento exclusivo durante los primeros
meses de vida: la leche materna es el elemento nutricional
más apto para el desarrollo del sistema nervioso
central. La acción de amamantar estimula la
vista del bebe a la distancia óptima; y refuerza
el vínculo con la madre. Este encuentro es
el elemento detonador de toda la actividad posterior
de percepción, aprendizaje y organización
del comportamiento.
Ofrecer al bebé seguridad, eliminando los peligros
y respondiendo con atención a su llanto (el
estrés producido por el miedo puede causar
un desarrollo lento del cerebro).
Estimular con amor y cariño.
Respetar sus horarios y los tiempos de su desarrollo.
Recordar que los niños aprenden haciendo: darles
la oportunidad de explorar el mundo y de desarrollar
su creatividad.
Repetir los sonidos que el bebé emite y describir
en voz alta las acciones que se desarrollan ("te
estoy cambiando el pañal", "vamos
a salir a pasear").
Leerle en voz alta.
Elegir un jardín maternal o una persona encargada
de su cuidado con tiempo y disposición para
estimularlo.
Pasado
el período de amamantamiento exclusivo, elegir
alimentos ricos en grasas, proteínas y hierro.
Las emociones
Cuándo:
a partir del nacimiento.
Cómo: aprender a identificar las propias emociones,
a expresarlas y a controlarlas da origen a un adulto
aceptado, querido y capaz de disfrutar.
Qué hacer: tocar al bebe con suavidad y dulzura
para tranquilizarlo y demostrarle que es amado. Funcionar
como espejo de lo que el bebe siente, intentando poner
en palabras y en gestos aquello que sucede. Verbalizar
los motivos de las decisiones, ofrecer alternativas,
impedir comportamientos peligrosos y orientar en la
búsqueda de experiencias autónomas.
De 18 a 36 meses
Cuando
vulnero los límites, estoy probando quién
soy y hasta dónde puedo llegar.
Entiendo cuando mis padres dicen que soy "bueno",
"malo", "lindo", "inteligente"
y comprendo perfectamente lo que dicen de mí
aunque no me estén hablando.
A veces no puedo contenerme y tengo un comportamiento
que no puedo controlar. Me ayuda que mis padres me
dicten reglas claras y sencillas.
A veces me dan miedo la oscuridad, los monstruos o
la gente disfrazada.
Me doy cuenta cuando alguien está triste o
enojado. También, cuando está contento
y disponible, ¡y eso me gusta muchísimo!
Me gusta "actuar" a ser otras personas,
hacer construcciones e investigar.
Estoy aprendiendo a esperar mi turno y entiendo que
no siempre las cosas serán como me gustan a
mí.
Sé hacer muchas cosas: dibujar garabatos, amasar,
encastrar y usar las tijeras.
Me gusta patear la pelota, caminar en puntas de pie
y ya puedo subir una escalera poniendo un pie en cada
escalón.
Puedo usar mi cuchara y mi tenedor, vestirme solo
y servir un vaso de agua.
Sé muchas palabras y puedo armar algunas frases.
Me gusta charlar y puedo contar las cosas que hice
durante el día. A veces necesito que me "presten"
las palabras que no me salen con facilidad.
Me gusta que me cuenten cuentos una y otra vez. A
veces, miro los dibujos y yo también puedo
narrar.
Me encanta cantar, mover mi cuerpo y actuar escenas
cotidianas con mis amigos.
(Fuente:
Zero to Three -National Center for Infants, Toddlers
and Families, organización norteamericana que
promueve el desarrollo saludable de bebes y niños
pequeños)
La
música
Cuándo:
a partir del nacimiento.
Cómo: la música en general (no está
comprobado que estas reacciones ocurran sólo
con la música clásica) tiene ritmos,
tonos y otras características que sirven para
el proceso de organización cerebral en función
de otros aprendizajes, como el pensamiento matemático.
Además, la música ayuda a liberar tensiones
y a expresar emociones.
Qué hacer: escuchar música cerca del
bebe (a un volumen adecuado), cantarle, cantar con
el niño y, más adelante, estimularlo
en la práctica de algún instrumento
musical.
El lenguaje
Cuándo:
los primeros 5 o 6 años de vida son críticos
para el aprendizaje de la lengua. Hay capacidades,
como la construcción gramatical y la distinción
fonológica, que son más sensibles en
esa etapa. La adquisición de nuevos vocablos
sigue a lo largo de la vida.
Cómo: los chicos aprenden por imitación
de lo que escuchan y por la práctica.
Qué hacer: cuantas más palabras escuchen
y más juego vocal realicen, más aprenderán.
Aun cuando los niños no comprendan las palabras,
es importante para las conexiones cerebrales que se
los estimule con sonidos. El modo exagerado en que
se les habla a los bebes, acercando la boca a su campo
visual, ayuda a que los niños conecten las
palabras con los objetos que las nombran.
ø
Fuente: LA NACION
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