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Además de ser la responsable de la coreografía,
Liliana es parte del elenco: interpreta a la Reina
Madre en El lago de los cisnes. "Bailar, para
mí, es algo maravilloso", sentencia esta
consagrada bailarina. "En los espectáculos
anteriores abordé cuentos conocidos por los
chicos. Esta vez, no se trata de una historia conocida
por los niños, porque se basa en una leyenda
alemana que se remonta a Las mil y una noches. Desde
la mitología griega hay historias que tienen
que ver con mujeres que se convierten en cisnes",
repasa la bailarina. "El cisne es el elemento
de la pureza, que viene a ser la mujer", resume.
"Representa que es intocable", continúa.
Esta
versión para la platea infantil de El lago
de los cisnes incluye canciones cuyas letras fueron
escritas por Liliana, para tres personajes, que ayudan
a contar la historia. "La Reina Madre está
temerosa porque su hijo empieza la pubertad y debe
asumir nuevas responsabilidades. Y quiere ayudarlo
a elegir una esposa que lo haga feliz. El es osado,
valiente, caza de noche... Y eso a su madre la pone
muy nerviosa, por eso quiere que se case: para que
se calmen sus otras urgencias", cuenta Belfiore
de qué se trata la historia que encuentra en
esa línea argumental su punto de partida. "Cuando
yo bailaba como Odette El lago de los cisnes en el
Teatro Colón, yo moría... Me suicidaba,
después de que Sigfrido era vencido por el
Brujo. Y el amor eterno triunfaba en la muerte. Para
esta versión, yo elegí otro final, porque
aquél no me parecía para niños",
explica.
"He
usado cantantes líricas y un cantante de rock
para esta puesta" dice Liliana. La mayoría
de los bailarines de El lago de los cisnes son alumnos
y ex alumnos de la escuela de Belfiore -en su estudio
se dan clases a niños desde los 3 años-,
y sus edades van a partir de los 13. Y ella misma
es parte de la compañía que baila El
lago de los cisnes, así como también
participó de los elencos de las puestas anteriores
que dirigió para niños. "Me gusta
y es un modo de acompañar a los chicos en su
trabajo", asegura.
Además
de este proyecto que llena su tiempo y su alma, Liliana
está incursionando en el tango. "Yo he
sido una eximia bailarina, pero en la danza clásica,
no podés mantener tu carrera en el tiempo,
sino hasta determinada edad; después, aparecen
las limitaciones. Eso sumado, en mi caso, a que tuve
un accidente grave. Y ahora veo que el tango me permite
seguir bailando", confiesa.
Desde
bebés en brazos hasta sus papás y abuelos
ocupan la platea del Centro Cultural Borges y dice
la coreógrafa que salen agradecidos después
de la función. "La lírica, la poesía,
la coreografía, la música: todo combinado
para que el niño acceda al arte de un modo
que, en general, no le llega hasta más grande.
Es una puerta a la cultura", asegura.
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Fuente: LA NACION
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