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El
título original de La piedra mágica,
Shorts, es una referencia literal a la estructura
del film, que se divide básicamente en cinco
cortos, con otro corto antes de los títulos
iniciales y otro a manera de epílogo que aparece
luego de los créditos técnicos del final.
La excusa para esta estructura es la incapacidad del
chico que hace de narrador para contar una historia
tan fantástica y llena de enredos en forma
lineal, por lo que una vez asumida esta limitación
le explica al espectador que va a contarlo como pueda,
saltando adelante y atrás en la historia a
medida que los detalles le vengan a la cabeza.
En
efecto, la trama es un relato bastante delirante y
lleno de matices extraordinarios, aun antes de la
irrupción en el conjunto de la piedra mágica
del título: una roca multicolor que unos vecinos
del protagonista encuentran al final del arco iris,
y que tiene la peligrosa cualidad de volver realidad
los deseos que el que la posee exprese
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en
voz alta. El chico y sus vecinos, y todos los demás
personajes, viven en el barrio Black Box, donde funciona
la empresa Black Box, de un magnate encarnado por
James Spader. En realidad, el black box (caja
negra) es también una especie de objeto
mágico que, siguiendo la evolución de
los teléfonos celulares que son además
cámaras de foto y video y reproductores de
música e imágenes, directamente mezcla
todo aparato electrónico, cibernético
y electrodoméstico habido y por haber, combinando
equipo de audio con GPS, tostador y rallador de queso.
El dueño del black box es un tirano que tortura
a todos los que trabajan con él, del mismo
modo que su terrible hija Helvética (Jolie
Vanier, increíblemente parecida a Christina
Ricci cuando era
chiquita) aterroriza al protagonista, que suele ser
arrojado a tachos de basura antes y después
de entrar al colegio. Los chicos que encuentran la
piedra mágica, si bien son conscientes de que
deberían concentrarse en pedir deseos importantes
como la paz mundial, piden en su lugar cosas como
un stock ilimitado de chocolates o un castillo con
foso lleno de cocodrilos que caminen en dos patas.
Pero las cosas se complican aún más
cuando, al estilo de las comedias clásicas,
la piedra va cayendo tanto en manos de gente que desconoce
su poder como incluso en los ya alertados villanos
del barrio. En uno de los momentos culminantes, el
científico de la empresa (William H. Macy)
debe enfrentarse a un moco gigante y maligno surgido
de las fosas nasales del pequeño Rebel Rodríguez
(también actúan sus hermanos Rocket
y Racer Rodríguez, todos hijos del director).
Si
se analiza el cine de Rodríguez, se puede observar
que su filmografía está compuesta por
un lado por films para adultos con espíritu
adolescente, desde El Mariachi y Del crepúsculo
al amanecer hasta la más reciente sub-película
de Grindhouse, la salvajada ultraviolenta Planet Terror,
mientras que por otro lado hay ya varios films para
chicos que le permiten expresar un tipo de surrealismo
que no por naïf deja de ser decididamente adulto,
algo obvio en los mejores momentos de su Mini Espías
3D o en su segmento con niños de la semiolvidada
Cuatro habitaciones, que lo unió por primera
vez con Tarantino. En La piedra mágica también
hay algo de fábula cándida pero adulta
sobre la incomunicación provocada por la invasión
de la tecnología y el estrés laboral,
todo en medio del delirio que surge en cada corto
y los intrincados efectos especiales que pueden obligar
a bailar un tango a un matrimonio de dos personajes
unidos como siameses o como si fuera aquel monstruo
de dos cabezas que interpretó Ray Milland.
En
todo caso, lo que más llama la atención
de los cortos entrelazados de La piedra mágica
es la intención del director de no romper con
el formato típico del cine para chicos, obligándolos
a meterse en la historia de una manera mucho más
interesante respecto de tantas películas convencionales
que tienden a darlo todo predigerido, subestimando
al público infantil.
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Fuente: PÁGINA 12
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