MARZO 2008
Un gran paso: el inicio a la escolaridad
Verónica Leder y Martín Baamonde -Lic. en psicología- abordan el tema y nos hacen tomar conciencia de la importancia de esta etapa en la vida de nuestros hijos.
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En la mayoría - y en el mejor - de los casos, cuando un niño nace, es alojado en un mundo que lo estuvo esperando desde mucho antes de nacer. Un mundo simbólico que lo esperaba, aun sin saber que lo hacía. Un mundo, que es un eslabón más en la serie de otros mundos, y que viene a enlazarse, a encadenarse, a ellos, sincopadamente, a veces, desordenadamente, otras.

Pero, vayamos por partes. Demos cuenta, en principio, a qué "mundos" estamos haciendo referencia. Empecemos por decir que hay un mundo, de manera general. Es decir, un mundo de códigos, de reglas, de cronologías y de expectativas, en muchos casos, evolutivas a cumplir. Muchas de estas cuestiones son orgánicas y otras absolutamente culturales. Lo más orgánico no genera confusión a la hora de aprehenderlo, entonces, por ejemplo, se espera que a los tres meses, un bebé pueda sostener la cabeza, que luego gatee, y el curso lógico de los acontecimientos exige que

 

primero camine para luego poder correr. Lo mismo ocurre con el alimento, entonces va desde la leche a la papilla y desde allí a lo sólido, con el control de esfínteres, con la evolución del balbuceo primero a la palabra y de allí a la frase… y la lista podría seguir y multiplicarse enormemente. Es innegable que existe un proceso evolutivo, que tiene que ver con cierta maduración orgánica. Y es cierto, recordemos que nacemos inacabados, prematuros. Entonces, tenemos, en primera instancia, un mundo orgánico, biológico, con un montón de expectativas a cumplir.

Ahora bien. No somos animales. Hablamos. Y por este hecho, el mundo orgánico, natural, por sí mismo no nos alcanza, y no sólo es una cuestión de satisfacciones. No sólo no nos alcanza, sino que si lo hiciera, nos mataría. Sacando mitos como los de Tarzán, el Salvaje del Aveyron, Rómulo y Remo - para ponernos un poco más épicos -, todos sabemos que un bebé recién nacido, solo, sin nadie ahí para responder, no sobrevive. A eso se le llama "indefensión primaria", y existe, es un hecho. Tomen, por ejemplo, los casos del llamado marasmo o de la muerte súbita - que mucho no tiene que ver con la posición en la que se acuesta a un bebé, dicho sea de paso…-. Entonces, siguiendo esta línea lógica de pensamiento, si lo natural, por sí solo, nos mata, nuestro nacimiento nos ingresa en un mundo cultural, que entre otras cosas, aliviana, pacifica y nos depara un mundo humanamente vivible. Un mundo que posee valores, reglas, expectativas, metas, y, por supuesto, una cronología propia a respetar. Un mundo social-cultural, que cambia de acuerdo a la época, al momento, y a un par de variables más. Un universo, indudablemente, al cual nuestros padres también pertenecen.
Partiendo de esta lógica, un bebé nace, y en el mejor de los casos, en la actualidad, lo hace en una clínica u hospital. Luego se lo anota, se le elige un nombre y se le inscribe, se lo nomina con un apellido. Este acto lo saca del anonimato, del montón, y lo convierte en "hijo de tal". Del nombre se pasa, asimismo, al número, entonces, no sólo se llamará fulano de tal, sino que su número de identidad será cuarenta millones, ciento treinta mil, etcétera. Tiene su nombre, su apellido, su número de DNI, es hijo de tal mujer con tal hombre, y todo esto lo convierte en único e inconfundible, a nivel de la legalidad y sus estatutos a cumplir en relación al advenimiento del un ser humano al mundo.

Aunque no lo crean, en esta misma línea lógica que planteamos, también hace entrada la vida escolar, para llamarlo de alguna manera general. Entonces, social y culturalmente está pautado que en el principio tenemos la guardería, luego el jardín, ambos recomendables, pero optativos. Pero luego, finalizada esta etapa, nos empezamos a poner más serios. Comienza el pre-escolar y de allí a la escuela primaria, hay un paso. Se supone que "alguien" tomó lo evolutivo-madurativo orgánico, y armó está cadena evolutiva, digamos, escolar. Entonces, a los cinco años es posible el pre-escolar y a los seis años, el primer grado. A partir de allí, y hasta el final del secundario, las edades se suceden. A los trece, primer año, a los diecisiete, quinto. Todo lo que caiga por fuera de estos parámetros, sale de la media poblacional, y deviene excepción. Se supone que para pasar de segundo a tercero, por ejemplo, ciertos contenidos deberían haber sido aprendidos. Esto es lo más gráfico, y dado el tema que nos convoca, nos vemos obligados a no irnos más allá, pero cuando hacemos referencia a un mundo cultural y social que preexiste a un sujeto antes de nacer, todos sabemos que no se simplifica, no se acota, a la escuela y nada más…lejos estamos de esto. Sabemos que lo social determina la moda (no sólo de la ropa que usamos, sino, en muchos casos, de por qué deberíamos padecer, qué deberíamos anhelar, y hasta de qué deberíamos enfermarnos… seguro les resonará el término "enfermedades de la época").

Ahora bien, y adrede, dejamos un tercer mundo, el más importante de todos, nos atreveríamos a decir, que antecede a ese sujeto que nace. Ese mundo inscribe a los otros dos anteriormente mencionados, los enmarca, les da una forma y un sentido. Y ese, es el mundo de sus padres, de los "sujetos privilegiados" en la vida de ese bebé. El mundo de "sus padres", en plural, de la pareja que armaron en tanto tal, pero, y fundamentalmente, el mundo de "cada uno" de sus padres, en singular. Esos sujetos, ese papá y esa mamá, que mucho antes de que ese bebé nazca, ya lo estaban esperando - como dijimos - pero sin saberlo. Muchas veces, sin saber que lo esperaban, y sin un análisis serio de por medio, sin saber desde, hacia dónde y para qué lo esperaban. Esos papás y esas mamás, esos sujetos, ese hombre y esa mujer, cada uno con sus historias particulares, personales, y con la historia de la pareja que armaron; con sus anhelos, con sus ideales, con sus afanes, con sus ansias, con sus saberes, con sus verdades, con sus quimeras, con sus esperanzas, pero también, por supuesto, con sus frustraciones, con sus carencias, con sus desengaños, con sus errores, con sus aseveraciones, con sus miedos y con sus angustias. Es decir, con su propia vida, con sus relaciones con sus propios padres, con su niñez, y, tomando el tema que hoy nos convoca, con su propio pasaje por la escolaridad.

A todos estos mundos llega un bebé cuando nace, mejor dicho, ya desde antes de nacer. Todos estos mundos lo estaban esperando, y se supone, que a todos estos mundos debería poder agraciar, en el mejor de los casos.
Entonces, si a todo lo que acabamos de mencionar, es decir, si a aquel mundo orgánico, que le indica que debería esta empezando a aprender a escribir, porque ya tiene seis años - por ejemplo - le sumamos el mundo cultural, un mundo escolar que le parcializa y le pauta el tiempo y el espacio, y le indica que la regla es estudiar y la excepción - el recreo - es jugar…, y si a esos dos mundos, que quedan asimilados, simbolizados en los niños a partir de ese mundo que mencionábamos, como el más importante, es decir, el mundo de sus papás, le adosamos la propia experiencia de ese pequeño sujeto, dando ese primer gran paso en su vida, paso que lo inserta en la escolaridad, propiamente dicha, por primera vez, tenemos recién ahí una noción general de lo complejo de este suceso. Inicio de una instancia que le enseña que existe un mundo enorme, inabarcable, que excede a su familia; que lo confronta con todo lo que no sabe, con todo lo que le falta. Un universo novedoso que lo sumerge en noveles y diferentes relaciones sociales, con nuevos vínculos a armar y a respetar. Un reino instituido que desgarradamente le exigirá que cambie, que madure, que crezca, y en el peor de los casos, que olvide…

Si a lo que mencionamos anteriormente, entonces, le sumamos lo que acabamos de decir, es claro lo difícil y doloroso de este primer gran paso en la vida de un sujeto.
Pero es inevitable darse cuenta, si siguieron la lógica que fuimos planteando, que lejos está de dar ese gran paso solo. No. No está solo, y esto si bien no lo hace menos responsable de lo que ocurra, no lo deja como el "único" responsable de lo que sí ocurra - o no ocurra - en el colegio.
Sabemos que hay graduaciones para los acontecimientos, cualesquiera que sean. Un niño puede transitar este comienzo - y su derrotero - de varias formas posibles. La puede pasar mejor o peor, que le sea más sencillo o muy difícil. Divertirse y aprender sin por eso dejar de jugar, o aburrirse, amargarse, pasarla muy mal. Dijimos, hay graduaciones en esto. De todos modos, es un gran paso y una gran marca, que dejarán sus efectos y sus huellas. No es sin consecuencias el paso por la escolaridad. Pasando por el primer tomo hasta obtener la totalidad de la colección…
Estas graduaciones, estas proporciones, son responsabilidad de los papás.

Hacer que cada uno cargue con su mochila. Es decir, tratar de que la mochila -la de los chicos - sólo este cargada de herramientas y útiles…esa es la tarea de los papás.

AUTORES:
VERÓNICA LEDER, MARTÍN BAAMONDE - LIC. EN PSICOLOGÍA (U.B.A.)
http://psiuba.blogspot.com/

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