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primero
camine para luego poder correr. Lo mismo ocurre con
el
alimento,
entonces va desde la leche a la papilla y desde allí
a lo sólido, con el control de esfínteres,
con la evolución del balbuceo primero a la
palabra y de allí a la frase
y la lista
podría seguir y multiplicarse enormemente.
Es innegable que existe un proceso evolutivo, que
tiene que ver con cierta maduración orgánica.
Y es cierto, recordemos que nacemos inacabados, prematuros.
Entonces, tenemos, en primera instancia, un mundo
orgánico, biológico, con un montón
de expectativas a cumplir.
Ahora
bien. No somos animales. Hablamos. Y por este hecho,
el mundo orgánico, natural, por sí mismo
no nos alcanza, y no sólo es una cuestión
de satisfacciones. No sólo no nos alcanza,
sino que si lo hiciera, nos mataría. Sacando
mitos como los de Tarzán, el Salvaje del Aveyron,
Rómulo y Remo - para ponernos un poco más
épicos -, todos sabemos que un bebé
recién nacido, solo, sin nadie ahí para
responder, no sobrevive. A eso se le llama "indefensión
primaria", y existe, es un hecho. Tomen, por
ejemplo, los casos del llamado marasmo o de la muerte
súbita - que mucho no tiene que ver con la
posición en la que se acuesta a un bebé,
dicho sea de paso
-. Entonces, siguiendo esta
línea lógica de pensamiento, si lo natural,
por sí solo, nos mata, nuestro nacimiento nos
ingresa en un mundo cultural, que entre otras cosas,
aliviana, pacifica y nos depara un mundo humanamente
vivible. Un mundo que posee valores, reglas, expectativas,
metas, y, por supuesto, una cronología propia
a respetar. Un mundo social-cultural, que cambia de
acuerdo a la época, al momento, y a un par
de variables más. Un universo, indudablemente,
al cual nuestros padres también pertenecen.
Partiendo
de esta lógica, un bebé nace, y en el
mejor de los casos, en la actualidad, lo hace en una
clínica u hospital. Luego se lo anota, se le
elige un nombre y se le inscribe, se lo nomina con
un apellido. Este acto lo saca del anonimato, del
montón, y lo convierte en "hijo de tal".
Del nombre se pasa, asimismo, al número, entonces,
no sólo se llamará fulano de tal, sino
que su número de identidad será cuarenta
millones, ciento treinta mil, etcétera. Tiene
su nombre, su apellido, su número de DNI, es
hijo de tal mujer con tal hombre, y todo esto lo convierte
en único e inconfundible, a nivel de la legalidad
y sus estatutos a cumplir en relación al advenimiento
del un ser humano al mundo.
Aunque
no lo crean, en esta misma línea lógica
que planteamos, también hace entrada la vida
escolar, para llamarlo de alguna manera general. Entonces,
social y culturalmente está pautado que en
el principio tenemos la guardería, luego el
jardín, ambos recomendables, pero optativos.
Pero luego, finalizada esta etapa, nos empezamos a
poner más serios. Comienza el pre-escolar y
de allí a la escuela primaria, hay un paso.
Se supone que "alguien" tomó lo evolutivo-madurativo
orgánico, y armó está cadena
evolutiva, digamos, escolar. Entonces, a los cinco
años es posible el pre-escolar y a los seis
años, el primer grado. A partir de allí,
y hasta el final del secundario, las edades se suceden.
A los trece, primer año, a los diecisiete,
quinto. Todo lo que caiga por fuera de estos parámetros,
sale de la media poblacional, y deviene excepción.
Se supone que para pasar de segundo a tercero, por
ejemplo, ciertos contenidos deberían haber
sido aprendidos. Esto es lo más gráfico,
y dado el tema que nos convoca, nos vemos obligados
a no irnos más allá, pero cuando hacemos
referencia a un mundo cultural y social que preexiste
a un sujeto antes de nacer, todos sabemos que no se
simplifica, no se acota, a la escuela y nada más
lejos
estamos de esto. Sabemos que lo social determina la
moda (no sólo de la ropa que usamos, sino,
en muchos casos, de por qué deberíamos
padecer, qué deberíamos anhelar, y hasta
de qué deberíamos enfermarnos
seguro les resonará el término "enfermedades
de la época").
Ahora
bien, y adrede, dejamos un tercer mundo, el más
importante de todos, nos atreveríamos a decir,
que antecede a ese sujeto que nace. Ese mundo inscribe
a los otros dos anteriormente mencionados, los enmarca,
les da una forma y un sentido. Y ese, es el mundo
de sus padres, de los "sujetos privilegiados"
en la vida de ese bebé. El mundo de "sus
padres", en plural, de la pareja que armaron
en tanto tal, pero, y fundamentalmente, el mundo de
"cada uno" de sus padres, en singular. Esos
sujetos, ese papá y esa mamá, que mucho
antes de que ese bebé nazca, ya lo estaban
esperando - como dijimos - pero sin saberlo. Muchas
veces, sin saber que lo esperaban, y sin un análisis
serio de por medio, sin saber desde, hacia dónde
y para qué lo esperaban. Esos papás
y esas mamás, esos sujetos, ese hombre y esa
mujer, cada uno con sus historias particulares, personales,
y con la historia de la pareja que armaron; con sus
anhelos, con sus ideales, con sus afanes, con sus
ansias, con sus saberes, con sus verdades, con sus
quimeras, con sus esperanzas, pero también,
por supuesto, con sus frustraciones, con sus carencias,
con sus desengaños, con sus errores, con sus
aseveraciones, con sus miedos y con sus angustias.
Es decir, con su propia vida, con sus relaciones con
sus propios padres, con su niñez, y, tomando
el tema que hoy nos convoca, con su propio pasaje
por la escolaridad.
A
todos estos mundos llega un bebé cuando nace,
mejor dicho, ya desde antes de nacer. Todos estos
mundos lo estaban esperando, y se supone, que a todos
estos mundos debería poder agraciar, en el
mejor de los casos.
Entonces, si a todo lo que acabamos de mencionar,
es decir, si a aquel mundo orgánico, que le
indica que debería esta empezando a aprender
a escribir, porque ya tiene seis años - por
ejemplo - le sumamos el mundo cultural, un mundo escolar
que le parcializa y le pauta el tiempo y el espacio,
y le indica que la regla es estudiar y la excepción
- el recreo - es jugar
, y si a esos dos mundos,
que quedan asimilados, simbolizados en los niños
a partir de ese mundo que mencionábamos, como
el más importante, es decir, el mundo de sus
papás, le adosamos la propia experiencia de
ese pequeño sujeto, dando ese primer gran paso
en su vida, paso que lo inserta en la escolaridad,
propiamente dicha, por primera vez, tenemos recién
ahí una noción general de lo complejo
de este suceso. Inicio de una instancia que le enseña
que existe un mundo enorme, inabarcable, que excede
a su familia; que lo confronta con todo lo que no
sabe, con todo lo que le falta. Un universo novedoso
que lo sumerge en noveles y diferentes relaciones
sociales, con nuevos vínculos a armar y a respetar.
Un reino instituido que desgarradamente le exigirá
que cambie, que madure, que crezca, y en el peor de
los casos, que olvide
Si
a lo que mencionamos anteriormente, entonces, le sumamos
lo que acabamos de decir, es claro lo difícil
y doloroso de este primer gran paso en la vida de
un sujeto.
Pero es inevitable darse cuenta, si siguieron la lógica
que fuimos planteando, que lejos está de dar
ese gran paso solo. No. No está solo, y esto
si bien no lo hace menos responsable de lo que ocurra,
no lo deja como el "único" responsable
de lo que sí ocurra - o no ocurra - en el colegio.
Sabemos que hay graduaciones para los acontecimientos,
cualesquiera que sean. Un niño puede transitar
este comienzo - y su derrotero - de varias formas
posibles. La puede pasar mejor o peor, que le sea
más sencillo o muy difícil. Divertirse
y aprender sin por eso dejar de jugar, o aburrirse,
amargarse, pasarla muy mal. Dijimos, hay graduaciones
en esto. De todos modos, es un gran paso y una gran
marca, que dejarán sus efectos y sus huellas.
No es sin consecuencias el paso por la escolaridad.
Pasando por el primer tomo hasta obtener la totalidad
de la colección
Estas graduaciones, estas proporciones, son responsabilidad
de los papás.
Hacer que cada uno cargue con su mochila. Es decir,
tratar de que la mochila -la de los chicos - sólo
este cargada de herramientas y útiles
esa
es la tarea de los papás.
AUTORES:
VERÓNICA LEDER, MARTÍN BAAMONDE - LIC.
EN PSICOLOGÍA (U.B.A.)
http://psiuba.blogspot.com/
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