|
Relatos simples
Si bien no hay una clasificación taxativa según
las edades, los expertos aceptan que hasta los 3 años
son más comprensibles los relatos simples en
los que se presenta con claridad una situación,
un conflicto y un desenlace. A partir de los 4 años
los argumentos pueden ser más complejos y aludir
incluso al pasado o a problemas existenciales, como
el cuento de Graciela Montes en el que un niño
se pone la careta de un ratón feroz buscando
llamar la atención de los adultos.
"Para los chicos de hasta 5 años el libro
es un juguete; les puede servir para leer una historia
o para hacer una casita en la que viva un muñeco
coleccionable, pero no por eso pierde calidad literaria",
expresó Carlos Silveyra, maestro y profesor
de Ciencias de la Educación, especialista en
literatura infantil y autor de una treintena de libros.
El experto advierte, sin embargo, que los libros de
plástico o de tela suelen ser muy pobres en
contenido y facilitan más el hábito
mecánico de pasar páginas que el gusto
de seguir un relato.
"Son un compendio de imágenes sin una
conexión temática como tiene un verdadero
libro", dijo, y citó el caso de los que
junto al dibujo de un objeto llevan, como único
texto, el término con el que se lo define.
"Promueven una concepción del aprendizaje
de los significados a través del lenguaje escrito,
pero el niño accede a ellos a través
de la realidad", dijo Silveyra, para quien los
mejores libros para los niños pequeños
son los que logran contar una buena historia sólo
con imágenes.
Un niño que aún no accedió al
código escrito no puede ser considerado un
no lector. "Está aprendiendo a leer el
objeto-libro al manipularlo sin prejuicios y poniendo
en juego todos los sentidos", explicó
Cecilia Bajour, miembro del equipo de coordinación
del postítulo de Literatura Infantil y Juvenil
de la Secretaría de Educación del gobierno
porteño.
A
la hora de elegir, algunos padres buscan los cuentos
que ellos disfrutaron en su niñez y otros observan
la conducta de sus hijos cuando los sueltan en el
rincón infantil de las librerías donde
la oferta es cada vez más variada.
A los tradicionales cuentos de tapa dura y papel ilustración
con hermosos dibujos en colores brillantes se les
sumaron, en los últimos años, publicaciones
de todos los tamaños, formas y materiales.
Son de cartón plastificado, resistentes a mordeduras;
de goma no tóxica, sumergibles en la bañera
o piscina; o íntegramente de tela con páginas
suaves y mullidas. Pueden tener un muñeco de
peluche o de plástico incrustado en medio del
libro, transparencias que dejan ver personajes de
las escenas que siguen o agujeritos en los que el
niño mete el dedo y crea así un nuevo
personaje.
Cuidado
con los clásicos
"Cuidado,
porque el libro que fue recomendable en la infancia
de los papás no necesariamente lo es para la
época que viven sus hijos", advierten
los especialistas, explicando que, muchas veces, los
padres recuerdan con nostalgia el pasado sin considerar
que sus hijos no se emocionan necesariamente con las
mismas cosas. Bajour coincidió y recomendó
que "sin dejar de lado la tradición, porque
es bueno que los chicos compartan esto con sus padres,
los adultos se abran a nuevas propuestas".
Silveyra propone, ante todo, mirar al niño
que uno tiene frente a sus ojos y no al que se lleva
en el corazón y ofrecerle libros que sean de
su interés. "Hay que probar. Regalarle
uno de cuentos fantásticos y, si no le gusta,
llevarle otro realista; y así hasta encontrar
el que le atrae", aconsejó.
Entre los textos que se ofrecen en las librerías
hay una gran variedad que instruyen en la adquisición
de hábitos como lavarse los dientes, usar los
cubiertos y otros. Sobre ellos Silveyra advierte que
pueden ser contraproducentes si se intenta acercar
al niño a la literatura. "Los chicos pueden
llegar a vincular a los textos con el dictado de normas
sobre cómo comportarse", dijo el especialista.
Otra técnica, también muy difundida,
es la conocida como de palabras dibujadas. Son relatos
que intercalan dibujos en las oraciones. El niño
puede seguir la lectura del adulto y completar la
frase "leyendo" el dibujito. Para Bajour,
este recurso es beneficioso "si no es el único
que conocen los niños, porque puede crear la
ilusión de que para cada dibujo hay una sola
palabra, cuando lo interesante es la plurisignificación".
ø
Fuente: LA NACION
Once
ideas útiles
1
En el momento de comprar un libro hay que tener en
cuenta lo que le gusta al niño y no lo que
les gustaba a los adultos cuando eran niños.
2
Ir a las librerías con los niños
para elegir los libros juntos.
3
Invitar a que los chicos se relacionen con los
libros, pero nunca obligarlos a hacerlo.
4
Elegir los libros cuyas ilustraciones amplían
el significado de las palabras del relato en lugar
de repetir el texto de forma simplificada.
5
Elegir libros que no se rompan fácilmente.
6
Acercar al niño libros con estéticas
diferentes en cuanto a los colores, las formas y los
tamaños.
7
Diferenciar los libros que son sólo objetos
para jugar de aquellos capaces de intoducir a los
niños en los géneros literarios.
8
No pretender que con ellos adquieran hábitos
de conducta, como lavarse los dientes. Esto podría
ser contraproducente si los chicos relacionan los
textos con la imposición de normas y no con
la literatura.
9
No negar a los chicos los libros sobre personajes
famosos de la televisión o del cine, pero tampoco
ofrecérselos.
10
Priorizar el relato de una historia consistente
por sobre los colores, objetos u otros accesorios
que puedan traer los libros
11
Permitir que el niño use los libros también
como juguetes.
|