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cada
canción. Así, poco a poco, ese programa
televisivo que tiene en lo musical su punto más
fuerte se va plasmando en vivo. Es cierto que los
actores no son los mismos, pero los responsables del
show supieron elegir a un elenco que mantiene
las características físicas de los que
están en la tele. El cambio puede generar algún
desconcierto inicial, pero rápidamente es saldado
a fuerza de simpatía y presencia escénica.
Así, Curtis, Jenn, Kimee, Karla y Shaun salen
a ganarse a los cientos de chicos que desde la platea
corean sus canciones y tratan de seguir sus coreografías.
En este punto es importante aclarar que los lugares
cercanos a los pasillos son los más codiciados
ya que sólo allí los chicos pueden moverse
a gusto. Las butacas estorban ya que en principio
la idea del show es que los chicos sigan los juegos
en un espacio libre frente al escenario, tal como
ven que pasa en la tele o como ellos mismo repiten
frente al televisor. Pero, la verdad, no se hacen
mayor drama y se suben a las butacas para responder
las consignas.
Otro
elemento de fuerte identificación está
en las voces grabadas de los actores ya que para no
despistar más a los niños mantienen
las que ellos ya conocen. El efecto es raro ya que
se nota, y mucho, que se trata de una grabación,
pero se entiende que es necesaria.
Más
allá de estos detalles, Hi five respeta a rajatabla
el espíritu ameno de una serie bien pensada
y mejor realizada, cosa que los chicos reciben agradecidos.
ø
Fuente: LA NACION
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