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en
que vivimos la llegada del segundo, son diferentes.
Para el hijo mayor, sin embargo, es la primera experiencia
en este nuevo rol de hermano y esto, naturalmente,
lo asusta".
Los
que se pelean
Ante la noticia del embarazo de la mamá o la
llegada de un 'hermanito', los ahora hermanos mayores,
hasta entonces hijos únicos, experimentan celos
que manifiestan a través de distintas actitudes:
enojos constantes, berrinches, falta de apetito, timidez,
desgano y retrocesos en sus adquisiciones madurativas,
entre otras. Libenson explica que "se trata de
formas de protestar y expresar su miedo a perder el
lugar y el amor de los padres. Da celos tener que
compartir a mamá y más cuando ese otro
va a todas partes con ella. De todos modos, la manifestación
de celos es una saludable expresión de los
niños que da cuenta de su capacidad de amor.
Si los adultos aceptamos que es un sentimiento normal
y esperable, los niños percibirán que
no es algo dañino sentirlos ni expresarlos.
Y así, con el tiempo, podrán dominarlos".
Para la licenciada en psicopedagogía Agustina
de Cristóbal, directora del Centro Orientar,
"lo que hay atrás de los celos es miedo
a perder el amor de los padres, lo que genera en el
niño inseguridad, su autoestima se siente lastimada
y entonces comienza a buscar llamar la atención
en pos de recuperar el amor de los papás que
siente amenazado. Los retrocesos madurativos tienen
que ver con esto: querer estar en el lugar del 'bebé'
que es ahora el que se lleva la mayor atención".
Pero los celos y las rivalidades no sólo se
presentan durante el embarazo de la mamá o
cuando el hermano menor es un bebé. Muchos
niños atraviesan los primeros meses como hermanos
sin mayores problemas para, luego, manifestar la competencia
que mantienen con ese 'otro', que alguna vez irrumpió
en su casa para correrlo de su lugar de 'único',
a través de peleas -físicas y verbales-
o no prestándole sus juguetes o no queriendo
compartir el cuarto. "La clave, en estos casos,
está en intervenir en la medida en que haya
alguna dificultad donde corra peligro alguno de ellos
o si se produce alguna pelea que no puedan solucionar
solos. De lo contrario, hay que dejarlos que interactúen
y aprendan a compartir el espacio", recomienda
Libenson.
Tareas
en el hogar
Como en otros aspectos de la vida, también
ante la llegada de un hermano, la conducta que adopten
los padres, el modo en que actúen ante la noticia
y cómo la presenten al hijo mayor, ha de marcar
la posición de éste, y sembrar las raíces
del lazo que se establezca entre los hermanos.
Porque
hermano: ¿se nace?
Libenson explica en su libro que "no es recomendable
decir al hijo primero que tiene que querer al hermano
como una imposición de amor porque esta presión
puede generar el efecto opuesto. El amor fraternal
se dará naturalmente, con el tiempo".
En tanto, de Cristóbal comenta que "el
vínculo de hermandad se construye más
allá de la sangre. Se trata de un vínculo
que comienza a construirse desde el embarazo. Su desarrollo
depende mucho de lo que hagan los padres en este período.
Por ejemplo, una mamá que está embarazada
y le cuenta a su hijo del bebé, de cómo
ese bebé se mueve y va creciendo, va preparando
al hijo mayor para el momento del nacimiento, al tiempo
que va dejando muy claro que no está enferma,
que es otro de los temores que experimentan los hijos
en estas situaciones".
Para el equipo de profesionales de Nuevos Aires, Centro
Psicopedagógico, "las experiencias desde
el inicio de la vida son de vital importancia. Según
la teoría de las Matrices Dimensionales -creada
por la Lic. Estela Mora con el asesoramiento del Dr.
Eduardo "Tato" Pavlovsky-desde el momento
de la concepción ya estaríamos hablando
de una genética de los vínculos. En
este sentido, la hermandad se va delineando desde
el origen. (A partir de cómo los padres planifiquen
la llegada al mundo de ese hijo se marca la diferencia
y se empiezan a establecer los vínculos fraternos.)
Antes de que se concretice la llegada a la familia
de un nuevo integrante comienzan a delinearse los
sentimientos que luego cobrarán forma en la
dimensión de la palabra y que se verán
en las acciones. Según qué y cómo
se sienta, se planifique, se haga y se diga, y según
cómo sea transmitido al primer hijo (o a los
que haya) es que se darán las multiplicidades
de relaciones fraternas".
Hijo
para dos, hermano para uno
Para los padres, en numerosas ocasiones, la presión
social por 'el segundo hijo', no es menor. Así
como alguna vez todos les preguntaban por ese primer
bebé, ahora sus familiares y amigos han de
insistir por 'el hermanito'. En Nuevos Aires explican,
y alertan respecto a esto que "buscar 'un hijo'
y buscar 'un hermanito' son cosas diferentes que marcan
devenires diferentes. Si los padres buscan 'un hermanito'
para su hijo es muy probable que luego el niño
sienta 'voy a tener un hermanito para mí',
es decir, entienda que 'el hermanito es de él'
y puede entonces hacer lo que quiera y jugar como
quiera. Y cuando reciba por esto algún reto,
percibirá una confusión nada saludable".
De Cristóbal remarca esta cuestión al
señalar que "el hecho de presentar al
bebé diciéndole al hijo mayor 'vas a
tener un hermanito para jugar' resulta no recomendable
porque es falso. En realidad cuando el bebé
nace no va a jugar con nadie y el hermano sólo
va a tener a alguien que le va a quitar tiempo de
sus papás".
Crecer
juntos
Para atenuar la angustia de los chicos frente a la
llegada de su primer hermanito, los especialistas
coinciden al recomendar a los papás no dejar
de recordarles a sus hijos mayores lo importante,
únicos y especiales que son. Manifestarles
todo su amor y darles garantías de que el mismo
no está amenazado; que aunque ahora sean dos,
alcanza para todos igual.
"Al mismo tiempo que el hijo mayor va cediendo
su lugar de 'rey', tiene que ir sabiendo que no va
a perder el amor de los padres", señala
de Cristóbal, quien agrega: "Algo muy
importante en este sentido es poder mantener espacios
exclusivos, tanto del papá como de la mamá,
con su primer hijo: hacerse un tiempo para jugar exclusivamente
con él, ir a buscarlo al jardín, planear
actividades juntos. Porque realmente un hermano es
un cambio muy fuerte para ese hijo que toda la vida
fue único, que siempre tuvo a sus papás
cuando quiso y que de repente tiene que compartirlos".
Por su parte, Libenson recomienda "acompañar
al niño, entendiendo su dolor y su rabia; no
subestimar la tristeza ni el enojo; hablarle mucho
y compartir con él su malestar, sin broncas
ni chirlos, aunque sin dejar de poner límites
claros."
Complejo, fuerte y sorprendente, dejar de ser 'único',
ciertamente, no es simple; pero
¿no es
acaso esa misma complejidad, fuerza y sorpresa de
la compañía, del aprender a compartir,
del encuentro con el otro, de los juegos y las risas
cómplices, de la mano que acompaña,
un buen motivo para celebrar? Sin dudas, cuando de
crecer se trata, siempre es mejor si hay amor, mucho
amor cerca, y para eso, nada como un buen abrazo de
hermanos.
Hermanos
ensamblados
La llegada de un hermano, coinciden especialistas,
educadores, padres, hijos, y hermanos, nunca es un
tema sencillo. Pero, ¿qué sucede cuando
el hermanito que se aproxima es hijo de mamá
pero no de papá, o viceversa? ¿Cómo
se constituyen los lazos de hermandad entre los tuyos,
los míos y los nuestros?
Para el equipo de Nuevos Aires, "las familias
ensambladas son parte del devenir de los cambios sociales
actuales. El vínculo que se establece entre
hermanos integrantes de estas familias no presenta
diferencias respecto a la hermandad en las familias
'tradicionalmente constituidas'. Hay consideraciones
diferentes, porque hay consideraciones sociales diferentes,
pero en tal caso aún cuando hay realidades
diferentes, estas no afectan al vínculo fraterno
en sí mismo. Es la función y la singularidad
de cada vínculo (teniendo como matriz un particular
modo de relación paterno - filial) lo que origina
relaciones fraternas; uniones (o desuniones). Cada
vínculo fraterno es diferente de acuerdo a
la modalidad que cada padre establezca con cada hijo.
No es diferente un vínculo por si es sanguíneo
o no". Al respecto, la Lic. de Cristóbal
remarca que "el miedo que el niño, hijo
de padres separados, experimenta ante la llegada de
un hermanito es el mismo que en otras situaciones
de familia; a eso puede sumársele el temor
por esa nueva familia que comienza a configurarse
y que seguramente tendrá sus propios códigos,
algunos de los cuáles serán absolutamente
nuevos para ese pequeño. Por eso lo importante
es que el niño tenga muy claro que su mamá
y su papá lo quieren, y mucho, aún cuando
no vivan juntos y constituyan otras familias; y también
que aún cuando no haya lazos de sangre con
los nuevos adultos estos igualmente van a acompañarlo".
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Fuente: REVISTA PLANETARIO
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