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En
El invento terrible, segunda expedición, la
obra que presenta en el Centro Cultural de la Cooperación,
un científico loco y su ayudante hacen experimentos
para poder secuestrar a la luna y pedir rescate por
ella a toda la humanidad. ¿Se les puede hablar
a los chicos de secuestros y violencia en la Argentina
de hoy? No hay temas prohibidos: se puede hablar
de la muerte, la enfermedad, la violencia; de hecho
nosotros hablamos de violencia, muerte, explotación;
es una obra política, casi, ríe
Madjarova, y continúa: Tiene carga ideológica
fuerte, están los de arriba y los de abajo.
Yo creo que hay que encontrar en la obra infantil
el cómo: se puede hablar de cualquier cosa
siempre y cuando se encuentre un lenguaje adecuado
para las edades. Lo que no hay que hacer es pasar
ciertas barreras: si yo hablo de violencia pero pasa
por la comicidad, porque ellos son malos pero a la
vez son muy tontos y todo les sale mal, esa comicidad
disminuye las maldades; sin embargo, el mensaje llega.
Estamos en el límite, decimos ojo que
hay gente malvada, y podemos hablar de ellos
sin pasarnos de la raya. Nosotros tenemos las escenas
mayormente cómicas, y las maldades se hacen
fuera del escenario, pero igual los chicos se dan
cuenta, explica.
Docente
de piano y títeres, asegura que esa experiencia
le sirvió para conectarse profundamente con
el mundo de los chicos, sus inquietudes, sus códigos,
y sobre todo estimular lo lúdico: Los
actores titiriteros deben tener como condición
básica no olvidarse de jugar como un niño,
con toda la inocencia y toda la entrega que pone un
chico para no cortar la imaginación, la creatividad
de vuelo total. El teatro de títeres es justamente
eso: un vuelo total, un lenguaje poético-metafórico;
es abstracto, maravilloso. Tiene posibilidades que
el cuerpo humano no tiene, argumenta. Y sostiene
que desde que aparecieron los dibujos animados,
los chicos se acostumbraron a ver la dinámica
del gag y lo exigen para el teatro de títeres.
Creo que ningún pibe de hoy se banca una obra
de sombras como las que yo veía cuando tenía
cinco años y me llevaba mi mamá. Hoy
los chicos no se bancan esos ritmos. Por eso trato
de que en mis obras siempre suceda algo nuevo, atractivo
visualmente.
Los
títeres, para Madjarova, tienen una magia particular:
el hacer creer. Es inexplicable pero maravilloso,
se entusiasma, y amplía: Hay que estar
sobre el escenario, y no solamente llevar el títere
como si fuera un palo de escoba; tiene que tener vida,
hablar, gesticular. No es sencillo. Tenés que
expresarte con algo externo a tu cuerpo, porque hay
que darle vida al muñeco, para que parezca
que es el muñeco el que piensa y lo que dice
es el pensamiento de él. Eso es lo más
difícil. El títere es maravilloso porque
tiene la poesía, la metáfora, lo cómico,
lo trágico, todo en un solo personaje, que
puede ser una plumita con dos ojitos.
Cuando
llegó a la Argentina, le llamó la atención
la desprolijidad de la escena local. Acá
hay mucha demanda, muchos más chicos, me encuentro
con un fenómeno como el teatro independiente
que mueve mucha gente, recuerda. Allá
está todo mucho más estructurado, organizado:
en cada ciudad hay un teatro de títeres profesional.
Cuando yo terminé la carrera tuve el contrato
para trabajar en un teatro del Estado. Acá
me encontré con una cosa muy anárquica:
yo iba a un teatro y me decían que tenía
que ir a Argentores a registrar la obra, tenía
que hacer el vestuario, los títeres, armar
el escenario; después encontré un campo
para explorar, un camino que es mi elección
y la desarrollo. En Bulgaria en general hay un camino
que hay que seguir. Acá es más desprolijo,
anárquico, pero para mí es más
atractivo, confiesa. El grupo Kukla (muñeca,
en búlgaro) se fundó en Bulgaria hace
veinte años para trabajar fuera del circuito
oficial con obras para chicos y para adultos. Hoy
son diez titiriteros en el que, además, cada
uno cumple una tarea específica: escenógrafo,
vestuarista, iluminador. Cuenta Madjarova que lleva
una estadística particular: según ella,
vieron sus obras 1.200.000 espectadores. Para celebrar
este aniversario van a reponer las tres obras del
grupo (Calidoscopio, Pulgarcita y El invento terrible)
en septiembre u octubre en el C. C. de la Cooperación,
se esperanza la directora, que ya está trabajando
en un nuevo espectáculo para el 2009.
ø Fuente: PAGINA12
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