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Fernando
Atias, el segundo en la línea histórica
del grupo se incorporó en el tercer espectáculo,
La gran Odisea-, y el recientemente incorporado,
Pablo Palavecino.
En su flamante rol de director de la compañía,
tarea que comparte con Mara Poczymok, Alejandro cuenta
lleno de felicidad el por qué de la expansión
del grupo: Mara y yo estamos muy contentos y
cada día que pasa sabemos que es un paso difícil
el que damos, porque al dirigir nos alejamos de la
actuación, pero apostamos al crecimiento de
El Globo que es algo que nos genera una adrenalina
grande. Yo formé parte del elenco original
de La comedia de las equivocaciones. Hoy cuando nos
vamos de gira lo hacemos con otros actores y realmente
es muy placentero eso. Queremos que en las escuelas
que ya nos conocen y en las que aún no, sigan
disfrutando de esto como si fuera el primer día,
por eso este intercambio de integrantes.
Es que si esto se volviera rutinario, definitivamente
no sería El Globo, agrega Fernando, mate
de por medio, y sigue: De alguna manera tenemos
la suerte de seguir creando, de seguir sumando proyectos,
entonces los antiguos seguimos trabajando
con mucho placer pero desde otro lugar.
Para Pablo Palavecino, el nuevo: Está
buenísimo esto de que una misma obra vaya girando
y se sumen más funciones pero también
otros compañeros de equipo. Yo sé cada
noche que a la mañana siguiente haré
una determinada obra en un determinado lugar, pero
lo que nunca sé es con qué elenco la
voy a hacer. Entonces, aunque la base es la misma,
la obra se vuelve distinta. Y el desafío es
siempre muy importante, sobre todo porque El Globo
en todas sus historias trabaja con el humor para los
niños, entonces no hay, no debe haber, posibilidad
de repetirse, porque los pibes están siempre
muy despiertos, exigen mucho, no se pueden hacer las
cosas de taquito.
El
Globo tiene una trayectoria reconocida por su trabajo
en las escuelas y por la calidad de sus propuestas.
¿Qué requisitos debe cumplir quien se
integre al grupo para continuar y respetar esta historia?
Alejandro: Fundamentalmente, debe ser respetuoso con
el trabajo que va a hacer y no subestimar al público
infantil. Porque lo que hacemos es teatro, básicamente.
Para un público de niños, sí,
pero es teatro. Y es un tipo de teatro como otros,
no es un género menor. Pero también
es importante que quien se incorpore al grupo tenga
ganas de laburar al ritmo que implica esto de hacer
funciones en colegios, en la Ciudad y en pueblos de
las provincias, desde muy temprano y hasta muy tarde.
Porque hay que estar arriba a las 7 de la mañana
todos los días, con una sonrisa y con la energía
para ir a las escuelas a jugar y hacerlo bien, con
todo el respeto y la dedicación que los chicos
se merecen.
Fernando: En general, los actores que entran a la
compañía decodifican inmediatamente
esto del juego, de la comunicación con los
chicos, de las posibilidades creativas que dan los
espacios no convencionales.
En
los últimos años también llevaron
estas clásicas historias fuera del país.
Estuvieron en la Feria del Libro de La Habana y en
Venezuela, ¿cómo fue y qué les
ha significado esa experiencia?
Fernando: Hoy, en un descanso de un ensayo, hablaba
con una compañera sobre las funciones que,
por alguna cosa, más nos han marcado y le decía
que recuerdo mucho y muy especialmente una función
en la que no trabajé sino que ví desde
afuera. Fue cuando presentamos El circo de los sueños
en un hospital de niños en Cuba. Fue una experiencia
única.
Alejandro: Realmente estamos muy agradecidos porque
fueron experiencias muy movilizantes, por la predisposición
de la gente, por la energía de los chicos.
Fernando: Es cierto esto de que los chicos son diferentes
en cada sitio porque sus necesidades, sus historias,
sus expectativas no son las mismas. Pero también
es cierto que, en el fondo, los chicos son los mismos.
Y los ves ahí, disfrutando la historia, y recordás
a los espectadores de tu propio país y es muy
hermoso. Y claro, siempre confirmamos esto de que
los chicos son un termómetro, te dicen lo que
sienten, si se aburren se levantan sin problemas y
se van, por lo que confirmamos también una
y otra vez que hay que jugar con ellos para tenerlos
ahí.
Alejandro: Yo siempre que leía eso de la sinceridad
del público infantil creía que era una
frase hecha pero después, laburando con pibes,
me di cuenta que era absolutamente cierto. Si al pibe
no le gusta algo se levanta y se va, te lo grita,
te lo dice en la cara. Y si le gusta se posesiona
con la obra, es el público más ferviente,
se pone de pie para aplaudir.
El
Globo cuenta con una basta historia como compañía
de teatro escolar trashumante, son militantes del
teatro en espacios no convencionales. Sin embargo,
no se los conoce tanto en los escenarios porteños.
¿Es por esto que en el 2009 han decidido instalarse
en una sala de la Ciudad para presentar la última
producción del grupo?
Alejandro: Dijiste una palabra que para nosotros es
clave, nosotros somos militantes, nosotros hacemos
militancia teatral, si tenemos que movernos ahí
vamos. Estamos contentos de ir a las escuelas, del
viaje a La Habana, del viaje a Venezuela, de recorrer
el país, y también tenemos ganas de
que la gente empiece a conocer El Globo desde otro
lugar, por eso en este mes de abril vamos a estar
en el escenario de NoAvestruz con La
Aurora
¿Y
qué desafíos les plantea esto de presentarse
en un espacio un poco más convencional que
lo que suele ser el patio de una escuela?
Fernando: Siempre una temporada teatral es muy interesante.
Yo estoy más acostumbrado y me gustan más
los espacios no convencionales, sin embargo no dejo
de disfrutar de espacios como No Avestruz, que en
realidad tampoco es tan convencional porque además
es un lugar de amigos. Para mí siempre es placentero
trabajar con la compañía y con las obras
en todos los lugares en que se pueda trabajar. Claro
que el teatro, la sala, cuenta con la magia de las
luces y resalta la escenografía, el vestuario
y los maquillajes. El teatro es el templo de los actores.
Esa es la pequeña diferencia. Pero definitivamente
el patio de la escuela también tiene su encanto.
ø Fuente: REVISTA PLANETARIO
por Marisa Rojas
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