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La
primera señal, tímida pero certera,
asoma en casa. No bien el reloj acerca el horario
del colegio, Gonzalo suelta, invariablemente,
una frase que se las trae: "Me duele la
panza", empieza, apurando gestos y lagrimones
que, por repetidos, han perdido eficacia frente
a su madre. "Quiero vomitar", continúa,
y bastarán unos minutos para que el drama
se profundice: "No quiero ir al cole, má.
Mañana voy, te lo prometo". Con
más o menos variantes, la escena se repite
a diario. "No sé qué hacer
suspira la madre. Le agarra tal
ataque que la mitad de los días lo traigo
de nuevo y, el resto, lo voy a buscar a la media
hora", comenta Marcela, la mamá
de Gonzalo que por estos días oscila
entre la angustia y el enojo.
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Se
habla de fobia escolar cuando un menor manifiesta
un miedo irracional a quedarse en el colegio, un temor
que se expresa con síntomas físicos
y cuadros de angustia. Pero el diagnóstico
no puede ser apurado. Primero el pediatra debe descartar
que no haya algo físico que genere esos síntomas,
y hay que verificar que no haya en la escuela un peligro
real, como alguien que lo molesta o lo maltrata.
Algunos de los niños aquejados por esta fobia
se esfuerzan por superarla y luchan contra el miedo:
se visten, agarran la mochila, salen y toleran hasta
que pueden, que no suele ser mucho.
Otros
no pueden siquiera soportar la idea de tener que ir
a la escuela. Generalmente no tienen problemas para
hacer los deberes que les mandan o poner al día
la tarea atrasada, siempre y cuando sea en casa. La
fobia escolar suele aparecer en la escuela primaria
-donde se estima que afecta al 5% de los chicos-,
sobre todo en los primeros grados. Los motivos que
la originan son variados. A los más chiquitos
los angustia separarse de los papás; son chicos
que tampoco van a dormir a casas de otros amiguitos;
les da miedo el mundo fuera de la familia y desconfían
del cuidado de otros adultos.
En
otros casos, esta angustia no tiene que ver con el
rendimiento, sino que aparece en situaciones sociales:
lo que sucede en los recreos, en el comedor, cuando
tienen que hacerse amigos.
La
fobia escolar puede tener su origen en diversos ámbitos,
que se refuerzan unos a otros. Además de lo
mencionado acerca de la angustia de enfrentarse a
un mundo extrafamiliar como es la escuela, regido
por otros códigos y con otras autoridades,
es cada vez más habitual que esta fobia aparezca
en niños que no tienen una organización
de hábitos hogareños: no pueden autodisciplinarse
ni pueden postergar un placer inmediato en pos de
un objetivo.
Los
especialistas identifican etapas de recrudecimiento
de la fobia escolar. Además del ingreso escolar,
hay que tener en cuenta a partir de los 8 ó
10 años las tensiones sociales; eso de las
divinas y las populares, la mejor amiga; porque a
medida que avanzan en la escuela la opinión
de los pares es más importante que la de los
docentes o los padres. Otra etapa es el inicio de
la secundaria, donde los chicos se dispersan, se duermen,
suelen ser chicos que se llevan todos pero después
llamativamente, aprueban en 15 días todas las
materias.
¿Qué
hacer cuando mi hijo le tiene fobia a la escuela?
Si bien éste es un cuadro dramático
por el sufrimiento que acarrea a hijos y a padres,
y por las consecuencias académicas y sociales
que produce, suele evolucionar favorablemente con
un tratamiento adecuado y oportuno. Los psiquiatras
consideran que cada día que tu hijo pase sin
ir a la escuela es terreno ganado por el miedo irracional.
Si bien cada caso es diferente y como tal necesitará
una estrategia terapéutica especialmente diseñada
para satisfacer las necesidades y dificultades de
ese niño y esa situación, hay algunas
premisas básicas que podemos tener en cuenta.
Es muy importante la consulta precoz: cuanto antes
desarticulemos los mecanismos fóbicos, más
fácilmente será todo y menos consecuencias
emocionales, académicas y sociales se sufrirán.
En ésta
como en tantas otras situaciones es imprescindible
el aporte coherente y coordinado de todos los involucrados
con tu hijo, fundamentalmente sus padres y sus docentes.
El objetivo
número uno será devolver al niño
al carril adecuado: tiene que volver a la escuela.
No existe otra manera de superar los miedos que enfrentar
lo que se teme. Es el único camino por el cual
reaprenderemos a no temer lo que no corresponde. Que
tanto padres como maestros entiendan que llevarlo
a la escuela y mantenerlo allí es la mejor
forma de ayudarlo, es un paso imprescindible para
que el tratamiento sea exitoso.
Conversar
con tu hijo sobre los motivos por los cuáles
no quiere ir al colegio, intentando encontrar un momento
adecuado, tal vez un fin de semana donde todos estamos
más relajados y evitar los momentos críticos
como la hora en la que tiene que ir a la escuela.
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