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Terapéutica
Dra. Lauretta Bender, la describe como "un recurso
ubicado entre salud y educación que permite
ofrecer al paciente y a su familia la posibilidad
de actuar tempranamente sobre las carencias o desviaciones
del desarrollo".
En
general, la estimulación temprana se hace a
partir de una derivación médica. Y se
realiza tanto en forma preventiva (por ejemplo, en
bebés prematuros o con riesgo ambiental elevado)
como en los casos en los que hay una patología
declarada. La atención es personalizada y se
trabaja con estímulos específicos para
cada chico apuntando a compensar o disminuir las dificultades
propias de su enfermedad.
La responsabilidad de detectar estas dificultades
o retrasos en el desarrollo es tanto del pediatra
como de los padres que deben observar la conducta
del bebé. "No todo se detecta en un primer
momento. -explica Silvana Zuppiroli, estimuladora
temprana del Centro Lauretta Bender- A veces llegan
chiquitos que en los primeros meses el médico
o la mamá se dan cuenta que en el bebé
pasa algo: no responde, no mira, no se conecta, no
mueve las manos. La mamá lo cuenta como puede
y a veces el médico tampoco se da cuenta en
un primer momento lo que pasa. Y hay ciertos retrasos
que pueden aparecer por falta de estímulo,
porque la familia no tiene con qué responder
a estas cuestiones. No tener estímulos es no
tener posibilidad de experimentar situaciones, de
conocer el mundo, de ver rostros, de tener experiencias
de contacto que es lo que provoca que el bebé
vaya armando estructuras."
Sin embargo, la estimulación es algo que toda
mamá realiza en forma natural con su hijo desde
el primer día de vida, incluso antes del nacimiento.
Y, en rigor de verdad, no es una costumbre propia
del ser humano. Como señala Villasanta, "todo
cachorro de cualquier especie es estimulado por el
adulto de esa misma especie. Aún los microbios."
Pero la incorporación de la mujer al mercado
laboral obligó al surgimiento de los jardines
maternales que se fueron transformando de meras guarderías
en instituciones donde reemplazan el estímulo
que la mamá no puede darle en su casa a través
del juego y de diferentes actividades acordes a la
edad.
Más recientemente, respondiendo a la necesidad
de los padres de intercambiar experiencias y revisar
sus conceptos de crianza, hace algún tiempo
surgieron también los grupos de juego para
mamás y bebés. Beatriz Saal, directora
de Planeta Juego, una de las instituciones pioneras
en la actividad, la bautizó como educación
temprana definiéndola como "aquella que
se desarrolla en los primeros años del niño
y está dirigida a él y a sus padres".
A diferencia de la estimulación temprana con
fines terapéuticos en la que la atención
es individual para cada paciente, los centros de estimulación
trabajan con grupos divididos por edad y proponen
actividades en las que los chicos entran en contacto
con otros bebés y los padres, a su vez, están
contenidos e informados acerca de lo que sus hijos
necesitan.
También existen diversos productos (juguetes,
libros, discos y videos) que, a partir de diferentes
investigaciones sobre los gustos y las preferencias
de los bebés, fueron diseñados especialmente
para estimular las capacidades de los chicos y favorecer
su desarrollo.
Así, hay juguetes que proponen actividades
para cada etapa del desarrollo y videos que a través
de imágenes y música cuidadosamente
seleccionada enriquecen la inteligencia y la imaginación
del bebé, enseñan diferentes conceptos
y ayudan a incorporar hábitos cotidianos.
"Hoy en día la televisión forma
parte de la vida cotidiana de todo hogar y resulta
muy difícil evitarla -dice la licenciada en
psicología Carolina Micha, directora de uno
de estos videos- . ¿Lamentablemente o por suerte?
Uno de los temores de los padres es exponer a su hijo
a la pantalla chica y 'mal acostumbrarlo' a un hábito
que poco le aporta. Pero la televisión puede
ser también una excelente herramienta de estimulación,
aunque para ello es fundamental el rol activo de los
padres.", señala.
Sobreestimulación
Asediados por el entorno, muchas veces los padres
terminan angustiados porque su hijo no alcanza determinados
logros que responden más a una expectativa
de la sociedad que a las necesidades de su desarrollo.
Frente a esta situación lo sobrecargan de estímulos
generándole una exigencia que no puede cumplir.
Micha, que es también especialista en estimulación,
asegura que "no por recibir más estímulos
un chico va a ser más inteligente. Por el contrario,
muchas veces esa exigencia le genera inseguridades
y dependencia. Por eso, es importante acompañar
al bebé en su desarrollo respetando sus tiempos,
promoviendo de esta manera su crecimiento en un ambiente
que respete sus particularidades para así diferenciarse
como un ser independiente y no como una extensión
del deseo de sus padres."
Según Villasanta, los efectos de una sobreestimulación
pueden ir desde la hiperactividad a la dispersión
y puede derivar en trastornos de conducta bastante
importantes. Por eso recomienda ir presentándole
los objetos paulatinamente. "Si le presentamos
a un chico todos los objetos juntos se queda confundido
en la enorme cantidad de estímulos sin discriminar
entre uno y otro, no pudiendo elegir."
Conocer los estímulos adecuados para cada etapa
del desarrollo es fundamental para no caer tanto en
una deficiencia como en un exceso de estímulos,
ambos contraproducentes.
"Un estímulo es una señal que puede
ser captada por el otro y que provoca algún
tipo de respuesta. - define Villasanta- En el recorrido
que hay desde el estímulo captado hasta la
descarga como respuesta ocurren ciertos fenómenos
de procesamiento que, de alguna manera, van armando
huellas y estructuras. Por eso es muy importante la
elección de los estímulos tanto en la
calidad como en la variedad y en la cantidad. El exceso
de estímulos dispersa, el estímulo adecuado
puede construir estructuras correctas, sólidas
y favorecedoras del desarrollo."
BEBES A JUGAR...
De acuerdo al desarrollo evolutivo de los bebés,
es conveniente facilitarle determinados juegos o juguetes
acorde a sus capacidades.
Durante el primer año de vida, a cada trimestre
corresponden tres o cuatro situaciones lúdicas
que permiten armar una guía para tener en cuenta
a la hora de elegir.
Primer trimestre: Lo primero que el bebé tiene
que aprender es a mirar, a fijar la mirada sobre un
objeto. En esta etapa, el rostro materno es el juguete
más preciado y los ojos de la mamá son
los que van a estimular que el bebé fije los
dos ojos en un mismo punto.
Como aún no distingue bien los colores se recomiendan
los fuertes contrastes de color (preferentemente el
blanco y el negro) que ayudan a definir figura y fondo.
Segundo trimestre: Una vez que el bebé ya sostiene
la cabeza, generalmente entre el 3er. y 4to. mes,
comienza a buscar las fuentes de sonido. Se desarrolla
también la visión de los colores y empieza
a elegir. Balbucea, reproduce sonidos, juega con la
boca, se mueve, patalea, comienza el reconocimiento
de sus partes corporales.
Tercer trimestre: Al cumplir aproximadamente seis
meses, el bebé comienza a sentarse por su cuenta
y a disfrutar del libre uso de sus manos. Cuando empieza
a desplazarse, con el gateo, se sugiere el juego con
pelotas de distintos tamaños y colores o con
otros elementos que ruedan. De esa manera, el chico
explora el espacio con la mirada y aprende a diferenciar
las distancias.
Cuarto trimestre: Entre los ocho o nueve meses, el
chico empieza a dar y recibir. Es también cuando
aparece la angustia del octavo mes, y aprende a tomar
y soltar los objetos. Los especialistas recomiendan
ofrecerle cosas livianas de tamaños pequeños,
con diferentes texturas, sonidos y colores para que
el chico los pueda oler, apretar, chupar, tirar, dar,
recibir, sacudir, etc.
Pero más allá de estos parámetros
generales, que pueden variar en cada chico, son las
funciones del bebé las que van dando pistas
de qué juguetes se le pueden ir dando. "Aunque
todo en su justa medida. -advierte Graciela Villasanta-
No son mejores padres los que le compran más
juguetes a su hijo sino los que le permiten y le facilitan
la experiencia".
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Fuente: REVISTA PLANETARIO
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