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directores
de Puro Grupo. No encuentro una razón
por la cual no. Comparémoslo con el cine: hay
mucho más prejuicio cuando se hace un clásico
en teatro. Nosotros estamos haciendo un Hamlet y hay
algunos que dicen que esto no es para chicos, pero
los padres llevaron masivamente a sus hijos a ver
El rey León, que es una versión de Hamlet,
comparan, y Alejandro Mazzei, director del Grupo El
Globo, confiesa que lo divierte mucho
que un pibe vea Cyrano de Bergerac o La comedia
de las equivocaciones, porque las entienden. Me cansé
de ver gente que le dice a la mesa mesita y a la silla
sillita. No creo que haya teatro para chicos y teatro
para grandes, coinciden.
Hamlet,
milonguita entre fantasmas es la adaptación
de la obra tradicional en clave de sainete: transcurre
en un conventillo de la Buenos Aires de la década
del 30, entre enredos y equivocaciones de los
personajes; y Tan Gotan es la historia del tango,
que nació como baile entre hombres a principios
del siglo pasado y se hizo famoso en la década
del 20. Di Felice, que estuvo a cargo de la
adaptación, cuenta que el sainete es
algo que tengo muy incorporado. El tango... y Hamlet
tienen mucho en común, podía haber pasado
en un conventillo de principios de siglo. Y me copé
con esa adaptación. La pregunta era qué
pasaría con un Hamlet con nuestra idiosincrasia,
plantea, y Mazzei, que dirige El Globo junto a Mara
Poczymoc, dice que Tan Gotan surge porque hay
que desterrar que el tango es algo solemne y aburrido,
y en el marco del Bicentenario me parece que tiene
que ver. Queríamos contarles a los chicos nuestra
versión de la historia del tango, y está
copado ver cómo ellos se enganchan. El tango
es moderno, es rockero, y los personajes de tango
son muy característicos, arriesga.
Para
ninguno de los tres hay diferencias entre trabajar
para chicos o para adultos, ya que plantean que no
hay teatro infantil o teatro para adultos, sino que,
simplemente, hay teatro. Aunque, aseguran, no se olvidan
de que quien los mira desde la platea es también
un chico. Nosotros hacemos teatro con la misma
rigurosidad sea cual sea el espectáculo. Si
voy a adaptar una obra, tengo presente en mi cabeza
lo que el chico va a ver, pero las obras son para
toda la familia, afirma Di Felice. Y ejemplifica:
Un chico puede leer algo y un adulto tiene códigos
que son para él. Pero el chico no se pierde
nada de la obra por no entender esos guiños.
Por ejemplo, hacemos chistes con películas
de Almodóvar. Tratamos de tener ese código
de que haya dos lecturas, adelanta. Por su parte,
Mazzei se permite una confesión: Nosotros
tenemos un secreto que voy a develar en este momento:
hacemos la misma obra para chicos de tercer y cuarto
grado que para pibes de cuarto año. La directora
cree que cambia la obra, pero es la misma versión
de Cyrano. ¡Y algunas dicen que notan las diferencias!
Esto es problema del prejuicio del adulto. ¿Los
chicos no pueden ver un cuadro de Picasso?,
desafía.
Ambos
grupos recorren patios y salones de actos, en colegios
de la Capital y del interior. Para Di Felice, esto
es algo que se disfruta mucho porque, aunque
en el patio a veces los pibes se mueren de frío,
y nosotros también, cuando comienza el espectáculo
empieza a pasar algo... Hay doscientos pibes y es
difícil después tenerlos en el teatro,
sin los papás... Lo que pasa ahí es
muy genuino, rescata, y Mazzei agrega que hay
muchas directoras que dicen que no pueden entender
cómo los chicos entendieron Cyrano, o Hamlet
o La comedia... Son chicos, no tontos. Se subestima
al chico todo el tiempo, protesta, y Spada recupera
el trabajo con los chicos, a partir de las palabras
de una dramaturga canadiense: Cuando le preguntaron
cómo encaraba el laburo para pibes, dijo que
lo importante era tener el punto de vista del niño,
no perder nunca esto. Uno tiene que imaginarse cómo
ve un picaporte un niño y cómo lo ve
uno. Me parece que si hay un secretito está
relacionado con esto, apuesta.
Hacer
teatro para los chicos es la posibilidad de abrirles
un mundo, de interesarlos en una dimensión
diferente de la realidad, generarles una curiosidad
que tal vez tenían adormecida. Y eso, concuerdan
los tres, es una de las mayores satisfacciones que
da trabajar para la platea de bajitos. Mazzei recuerda
que hace un tiempo, unos chicos que en el 94
habían visto su versión de La comedia
de las equivocaciones les escribieron un mail porque
en tercer año tuvieron que hacer un trabajo
sobre Shakespeare, y usaron eso que vieron y les fue
muy bien. Eso demuestra que a veces uno logra despertar
algo, ¡y que Mara y yo ya estamos grandes!,
bromea, y Spada agrega: Una vez una nena de
nueve años en Hamlet vino acompañando
al tío, que nos venía a filmar,
y detalla: Cuando termina el espectáculo
nos viene a saludar y dice que quiere leer Hamlet,
porque le encantó la historia. ¡Y le
preguntó al tío si él había
filmado a Shakespeare! Si uno despierta en un pibe
esta curiosidad, hay un laburo hecho ya...,
destaca.
ø
FUENTE: PAGINA 12 / Por Sebastián
Ackerman
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