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la
existencia, aunque el mundo al que vuelve el joven
Príncipe es hoy más cruel y egoísta.
El
piloto cuyo avión se averiaba en el desierto
africano, donde El Principito descendió del
Asteroide B 612, expresó su anhelo de reencontrar
a su amigo al final del libro: "Si viajáis
un día [...], en el desierto [...] no os apresuréis
[...]. Si entonces un niño llega hacia vosotros
[...], adivinaréis quién es [...], decidme
que el Principito ha vuelto". Saint-Exupéry
vivió dos años en la Argentina y viajó
mucho a la Patagonia, al trabajar para la compañía
Aeropostale.
Hace
un año -luego de que su obra cumbre cumplió
60 años de existencia, más de 80 millones
de ejemplares vendidos y traducciones a 180 idiomas-,
el aviador alemán Horst Rippert admitió
con pesar que fue el responsable de los disparos que,
en 1944, derribaron el avión del escritor,
a quien admiraba, durante la II Guerra Mundial.
Alejandro
Roemmers, uno de los dueños de Laboratorios
Roemmers, se dedica a la poesía y a la narrativa
desde los ocho años. Para el prólogo
del libro que ya salió a la venta -en cuya
portada hay una ruta desangelada y una luz en el horizonte-,
Roemmers consiguió lo que ningún otro
autor logró antes: la bendición de los
herederos de Saint-Exupéry. El prefacio que
firma Frédéric d´Agay, sobrino
nieto de Saint-Exupéry y presidente de la Fundación
homónima, dice que "correspondía
a un argentino ofrecernos su comprensión de
El Principito ", porque "la Argentina ha
impregnado" la obra de su ancestro. D´Agay
señala que "al partir, Saint-Exupéry
nos legó un tesoro" y dice que bendijo
el libro de Roemmers, porque en sus numerosos viajes
a la Argentina pudo "descubrir cuán amado
y conocido es Saint Ex ".
Una
obra entrañable y universal
Hay libros que son un viaje directo al corazón,
al núcleo de ser del alma. Y se quedan marcados
para siempre. De la obra cumbre de Antoine de Saint-Exupéry
son capaces de recordar una frase aun quienes no la
leyeron.
El
Principito plantea el viaje iniciático de un
niño rubio que vive en el pequeño asteroide
B 612, con una flor y tres volcanes, y que se siente
solo. Llega a un desierto de Africa, donde se encuentra
con un aviador al que atosiga con preguntas y cuya
vida cambia para siempre, cuando ambos construyen
un vínculo de ternura y amistad, que perdura
al despedirse. El libro es entrañable desde
su dedicatoria a León Werth, "una persona
grande que tiene hambre y frío, y verdadera
necesidad de consuelo".
Según
el texto crítico de Bertha Bilbao Richter,
agregado a El regreso del joven p ríncipe,
de Roemmers, "éste regresa a la Tierra
para quedarse, para inducir a los hombres a un cambio
de sensibilidad. Algunos otros valores relevados en
el libro son el conocimiento intuitivo, la libertad
como dinamizadora del amor y la creatividad y el orden
que orienta hacia Dios". Otro viaje iniciático.
Esta vez, hacia la profundidad de la conciencia.
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Fuente: LA NACION
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