JUNIO 2008
De palabras y golpes
Diferentes formas de violencia sobre un niño

Verónica Leder y Martín Baamonde -Lic. en psicología- ubican en la misma línea a los padres que golpean a sus hijos con aquellos que son 'indiferentes' a sus acciones. En esta nota ponen en cuestión 'grandes' verdades. Una reflexión sobre la violencia que debemos leer.
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Es muy común encontrarse con frases como "a veces es necesario un chirlo a tiempo" - o dichos similares - que afirman algo sin dudar siquiera sobre la veracidad de las mismas. Muchas veces es fructífero poner estas "grandes" verdades en cuestión.
La graduación y momentos en que aparecen estos tipos de castigos, correcciones, dependen de cada caso, aunque en todos y en cada uno de ellos se puede sostener que un acto de violencia está siendo ejercido sobre el niño.
Pretender que la contracara de esa clase de castigos es esa pseudo libertad dada a los hijos - esos chicos que parecieran no tener ningún tipo de límite marcado por los padres, niños que pegan a compañeros, adultos - niños excesivamente traviesos que hacen y deshacen bajo la mirada indiferente de sus padres, es parte de esa verdad que hoy pretendemos cuestionar. Hasta podríamos poner

 

estos dos extremos - más que en una oposición - en una misma línea.

¿Qué es lo que pide, lo que demanda, muchas veces, un niño a sus padres? Un límite, una delimitación. Este límite es un "no", una palabra, una prohibición, con la modalidad que cada padre encuentre para cada momento, en tanto y en cuanto este límite sea sancionado con un registro de palabra, es decir, sea tanto una palabra como un gesto sostenido en una palabra. Golpear a un niño nunca sirvió más que para sostener - le duela a quien le duela - la impotencia de un padre, en tanto que no puede encontrar y sostener el peso y el valor de una palabra. El acceso al cuerpo de un niño, acceso invasivo, tiene serias consecuencias. El valor que ese niño pudiera darle a las palabras es puesto en cuestión, en detrimento, con relación a un golpe - "chirlo", "cachetazo" o el nombre que porte este tipo de violencia -.

Si sostenemos que un padre que golpea está en la misma línea que un padre "indiferente" a las acciones de su hijo, es porque un acto de violencia no se circunscribe al hecho del golpe. En notas anteriores hemos dicho que como seres humanos, sujetos hablantes, vivimos en un mundo de palabras, accedemos a un mundo mediados por la palabra. La palabra en sí es el límite de nuestro mundo, hasta la fórmula más abstracta de las matemáticas debe ser puesta en palabras para poder ser transmitida. Una pregunta posible sería ¿a dónde arribamos cuando la palabra ha perdido su valor, cuando nos callamos?
Un padre siempre es convocado por su hijo a ocupar su lugar de padre. Este llamado a ocupar su lugar tiene tantos modos como niños y padres hay en el mundo. Si bien el modo de este llamado conlleva la particularidad de cada niño, está determinado por el bagaje simbólico que le aportaron sus padres. Es un error grosero que guió nefastos pensamientos a lo largo de la historia creer que el bagaje simbólico de una persona está únicamente establecido por los estudios cursados, el lugar donde vivía, etc. Podría decirse que dicho bagaje depende de lo que cada sujeto haga con lo que le ha tocado en suerte, haga uso de sus recursos - pocos o muchos, de poco importa - los utilice, los ponga a funcionar.
Cuando un niño tiene problemas en su colegio, con sus amigos, en el club, etc., la pregunta suele recaer sobre ese niño, paradójicamente no sobre el padre. En psicoanálisis, cuando hablamos de padre, de madre, hablamos de lugares. Un lugar puede ser encarnado, ocupado, en diferentes momentos, por diferentes personas, pero deben ser ocupados. Es un llamado, una convocatoria dirigida al padre para que ocupe su lugar. Sostener dicho lugar implica escuchar qué tiene para decir ese hijo. Ese decir va entre comillas, porque muchas veces un niño dice con sus juegos, sus silencios, sus acciones, pero fundamentalmente con sus tiempos. Sabemos que no hay recetas, no hay manuales. Será un saber hacer para cada momento y para cada sujeto, y escuchar qué está diciendo, preguntando, ese niño, no implica tener siempre una respuesta. Sostener esa pregunta, devolvérsela al niño, elaborarla, es ocupar el lugar al que se es convocado, lugar con el cual cada sujeto se comprometió, se implicó - y todos los sinónimos que estas palabras arrastran - cuando decidió ser padre.
Comenzamos esta nota ubicando en una misma línea dos formas de violencia, una más explícita - los golpes - y otra más velada - la indiferencia -. Si bien existe un exceso en ambas, los chirlos, más aceptados socialmente, conllevan la peor parte en este tema. ¿Qué está callando ese padre con un sopapo? ¿Qué no está escuchando? ¿Por qué el castigo recae sobre el cuerpo? ¿Qué vacío de palabra llena un golpe? También la indiferencia de los padres, esa suerte de "dejar hacer" a los hijos casi cualquier cosa, comporta violencia. Es esperable que un chico tantee y ponga en juego los límites, y es porque los límites no están dados naturalmente, deben ser marcados, sostenidos, es uno de los trabajos y responsabilidades de los padres. Y muchas veces es buscada la sanción, en tanto castigo - reto, penitencia a cumplir - y en tanto orden. Esa es la principal función de la sanción, establecer o reestablecer un orden, una ley, una norma. Dejar librado a un niño en un mundo caótico, sin normas, también es un acto de violencia.
Cuando decimos que no hay recetas para ser padres, que ser padre no implica tener una respuesta siempre, estamos sosteniendo que no hay padres ideales, perfectos - y cuando algo de esto aparece, son, por mucho, los peores padres -. Un lugar paterno, un lugar materno, es siempre ocupado por un sujeto, un sujeto con dudas, problemas, creencias, verdades.
Hablamos de dos formas de violencia sobre un niño, y no hace falta mencionar que hay más. La violencia que un adulto ejerce sobre un niño surge todas y cada una de las veces en las que "olvida" que frente a sí tiene a un pequeño sujeto, y lo confunde con una cosa. Es en eso en lo que lo transforma cuando anula su decir.

AUTORES:
VERÓNICA LEDER, MARTÍN BAAMONDE - LIC. EN PSICOLOGÍA (U.B.A.)
http://psiuba.blogspot.com/

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