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En un recorrido por varias librerías cualquiera
puede comprobar, además, que son los preferidos
de los abuelos y padres a la hora de iniciar a un
chico en la literatura infantil y de empezar a armar
sus propias bibliotecas. ¿Qué tienen
en común estas historias, que a veces han sido
criticadas por cierto nivel de truculencia o agresividad?
Para
Jorge González, director comercial de Grupo
Ilhsa -librerías Yenny y El Ateneo-, los mayores
son los que generalmente compran clásicos a
los niños. "Porque es una forma de volver
a lo que en su momento nos dio placer, y a su vez
intentamos que otro repita la experiencia y la comparta",
comentó.
En
la editorial Sigmar, que el año que viene cumplirá
70 años en la producción de libros infantiles
y juveniles, definen un cuento clásico como
aquel que se sobrepone al paso del tiempo. "Son
relatos que perduran en la memoria de los lectores;
relatos que nos contaban nuestros abuelos o padres
porque se los leyeron a ellos de pequeños.
Al estar presentes en el imaginario de la gente, se
convierten en un instrumento que les permite a los
adultos compartir las vivencias de su infancia con
los niños", aseveró Florencia Converso,
responsable de Comunicación de la editorial.
"Inevitablemente, se forja mediante esta práctica
un vínculo emotivo muy fuerte, en el que grandes
y chicos comparten el lenguaje de la infancia",
comentó Converso.
Con
otra mirada, el escritor de libros infantiles Ricardo
Mariño afirmó no saber por qué
la gente compra lo que compra. "No
es un problema literario; es una cuestión de
mercado. Supongo que para la mayoría de la
gente la primera asociación que se le dispara
cuando piensa en libros para chicos es Caperucita
y tres o cuatro títulos más, y que por
eso se siguen vendiendo aún, o casi exclusivamente,
en adaptaciones paupérrimas con las ilustraciones
de Disney", afirmó Mariño. Sin
embargo, el autor señaló: "Sí
me resulta interesante la legítima perdurabilidad
de esos argumentos. Que sobrevivan historias como
Hansel y Gretel , Robin Hood , El herrero y el diablo,
o Alí Babá y los cuarenta ladrones y
tantas otras se debe a que son historias deliciosas
en lo argumental y potentes en cuanto a que tocan
fibras profundas del sentido. No hay que olvidar que
las metaforizaciones de lo más profundo de
nuestra cultura están construidas con cuentitos
populares como Edipo, Prometeo, el diluvio universal
o Caín y Abel".
Actualización
A
su vez, existen versiones de cuentos clásicos
"argentinizadas" y con argumentos más
actuales. Por ejemplo, Caperucita Roja (tal como se
la contaron a Jorge) , de Luis María Pescetti
(Alfaguara), o Caperucita Roja del Noroeste , de Roberta
Iannamico y Walter Carzón (Albatros).
Los
argumentos también dan vida a nuevos relatos.
Mariño comentó que en tres de sus cuentos
tomó la matriz de algún cuento clásico.
"En Cinthia Scoch y el lobo , la protagonista
ocupa el lugar de Caperucita y se encuentra en el
bosque con los chicos de la literatura infantil, abandonados
por sus padres por falta de trabajo, como Pulgarcito
y Hansel y Gretel, según la versión
de los hermanos Grimm. En La giganta Blancanieves
, reescribí la historia desde el punto de vista
de uno de los enanos. Y en El genio del basural ,
reaparece la lámpara de Aladino en una villa
miseria argentina", relató.
La
vigencia de María Elena Walsh
Si
de cuentos clásicos nacionales hablamos, la
primera autora que nadie olvida mencionar es María
Elena Walsh que marcó para siempre a la literatura
infantil argentina con sus personajes -su tortuga
Manuelita llegó al cine- y los mundos fantásticos
que construyó en los relatos y canciones.
"De
por sí, está instalada en el inconsciente
colectivo y siempre vienen a pedirnos sus libros",
comentó Hernán Moreno, encargado de
la librería Cúspide de la avenida Santa
Fe al 1800. "Se llevan sus cuentos sin dudarlo,
si uno se los ofrece", contó otro librero
de la zona de Caballito.
El
regreso de Petete
Otro de los autores nacionales presentes en las librerías
es Manuel García Ferré, sobre todo últimamente
con la edición de El Libro Gordo de Petete
($ 129), sobre la base del clásico personaje
curioso creado en los 70 para la televisión.
"Es
algo nuevo; nunca antes había salido el libro.
Los chicos no lo conocen; sí los padres; por
eso son ellos los que lo compran y se los regalan
a sus hijos", aseveró el Jorge González,
director comercial de grupo Ilhsa, quien comentó
que en dos meses vendieron 1200 ejemplares de la enciclopedia
que busca responder preguntas.
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Fuente: LA NACIÓN
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