FEBRERO 2010
La vigencia de los cuentos clásicos
En versiones originales o renovadas, relatos como Caperucita , Pinocho y El principito le ganan al marketing.
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Pasan los años, y ellos perduran en las vidrieras de todas las librerías. Aunque se modernizaron -pues vienen en diferentes formatos, en tres dimensiones, acompañados de rompecabezas y stickers para decorarlos- los cuentos clásicos infantiles siguen teniendo garantía de venta.

Los tres cerditos , Robin Hood , Cenicienta , Blancanieves y Pinocho , entre ellos, sostienen su éxito frente a todo el merchandising cinematográfico y televisivo que impone sus personajes también en libros.

 


En un recorrido por varias librerías cualquiera puede comprobar, además, que son los preferidos de los abuelos y padres a la hora de iniciar a un chico en la literatura infantil y de empezar a armar sus propias bibliotecas. ¿Qué tienen en común estas historias, que a veces han sido criticadas por cierto nivel de truculencia o agresividad?

Para Jorge González, director comercial de Grupo Ilhsa -librerías Yenny y El Ateneo-, los mayores son los que generalmente compran clásicos a los niños. "Porque es una forma de volver a lo que en su momento nos dio placer, y a su vez intentamos que otro repita la experiencia y la comparta", comentó.

En la editorial Sigmar, que el año que viene cumplirá 70 años en la producción de libros infantiles y juveniles, definen un cuento clásico como aquel que se sobrepone al paso del tiempo. "Son relatos que perduran en la memoria de los lectores; relatos que nos contaban nuestros abuelos o padres porque se los leyeron a ellos de pequeños. Al estar presentes en el imaginario de la gente, se convierten en un instrumento que les permite a los adultos compartir las vivencias de su infancia con los niños", aseveró Florencia Converso, responsable de Comunicación de la editorial. "Inevitablemente, se forja mediante esta práctica un vínculo emotivo muy fuerte, en el que grandes y chicos comparten el lenguaje de la infancia", comentó Converso.

Con otra mirada, el escritor de libros infantiles Ricardo Mariño afirmó no saber por qué la gente compra lo que compra. "No es un problema literario; es una cuestión de mercado. Supongo que para la mayoría de la gente la primera asociación que se le dispara cuando piensa en libros para chicos es Caperucita y tres o cuatro títulos más, y que por eso se siguen vendiendo aún, o casi exclusivamente, en adaptaciones paupérrimas con las ilustraciones de Disney", afirmó Mariño. Sin embargo, el autor señaló: "Sí me resulta interesante la legítima perdurabilidad de esos argumentos. Que sobrevivan historias como Hansel y Gretel , Robin Hood , El herrero y el diablo, o Alí Babá y los cuarenta ladrones y tantas otras se debe a que son historias deliciosas en lo argumental y potentes en cuanto a que tocan fibras profundas del sentido. No hay que olvidar que las metaforizaciones de lo más profundo de nuestra cultura están construidas con cuentitos populares como Edipo, Prometeo, el diluvio universal o Caín y Abel".

Actualización
A su vez, existen versiones de cuentos clásicos "argentinizadas" y con argumentos más actuales. Por ejemplo, Caperucita Roja (tal como se la contaron a Jorge) , de Luis María Pescetti (Alfaguara), o Caperucita Roja del Noroeste , de Roberta Iannamico y Walter Carzón (Albatros).
Los argumentos también dan vida a nuevos relatos. Mariño comentó que en tres de sus cuentos tomó la matriz de algún cuento clásico. "En Cinthia Scoch y el lobo , la protagonista ocupa el lugar de Caperucita y se encuentra en el bosque con los chicos de la literatura infantil, abandonados por sus padres por falta de trabajo, como Pulgarcito y Hansel y Gretel, según la versión de los hermanos Grimm. En La giganta Blancanieves , reescribí la historia desde el punto de vista de uno de los enanos. Y en El genio del basural , reaparece la lámpara de Aladino en una villa miseria argentina", relató.

La vigencia de María Elena Walsh
Si de cuentos clásicos nacionales hablamos, la primera autora que nadie olvida mencionar es María Elena Walsh que marcó para siempre a la literatura infantil argentina con sus personajes -su tortuga Manuelita llegó al cine- y los mundos fantásticos que construyó en los relatos y canciones.
"De por sí, está instalada en el inconsciente colectivo y siempre vienen a pedirnos sus libros", comentó Hernán Moreno, encargado de la librería Cúspide de la avenida Santa Fe al 1800. "Se llevan sus cuentos sin dudarlo, si uno se los ofrece", contó otro librero de la zona de Caballito.

El regreso de Petete
Otro de los autores nacionales presentes en las librerías es Manuel García Ferré, sobre todo últimamente con la edición de El Libro Gordo de Petete ($ 129), sobre la base del clásico personaje curioso creado en los 70 para la televisión.
"Es algo nuevo; nunca antes había salido el libro. Los chicos no lo conocen; sí los padres; por eso son ellos los que lo compran y se los regalan a sus hijos", aseveró el Jorge González, director comercial de grupo Ilhsa, quien comentó que en dos meses vendieron 1200 ejemplares de la enciclopedia que busca responder preguntas.

ø Fuente: LA NACIÓN

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