MAYO 2008
¿Cuándo y en qué casos es necesaria una consulta con un psicoanalista de niños?
"En todos los casos hallamos una serie de costumbres patológicas, síntomas y fobias que sólo por medio de su referencia a tales experiencias infantiles resultan explicables (...)" SIGMUND FREUD.
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"En todos los casos hallamos una serie de costumbres patológicas, síntomas y fobias que sólo por medio de su referencia a tales experiencias infantiles resultan explicables (...)" SIGMUND FREUD

Una de las consultas más frecuentes está en relación a ciertos "miedos" que aparecen en la más temprana infancia: el miedo a la soledad, a la oscuridad, a determinados animales, y a la aparición de personas extrañas al niño, donde un rostro familiar era esperado. Por supuesto, estos grandes grupos contienen un sinfín de derivados y desplazamientos (miedo a las máscaras, a los payasos, pavores nocturnos, pesadillas, etc.). En nuestro país, el psicoanálisis ha calado tan profundo que difícilmente un padre, no se referiría a estos temores como "fobias".

 

Aclaremos que es esperable que todo sujeto atraviese un período fóbico en algún momento de su niñez. Éste puede pasar más o menos desapercibido para el adulto, lo cual no quiere decir que no esté allí; es parte inherente y propio de lo infantil. Sin embargo debemos tener en cuenta, dos factores importantes: duración e intensidad. Es decir, por un lado, este período debería sucumbir, sin prolongarse en el tiempo; por el otro, estos temores no deberían invadir la totalidad de los espacios propios de cada niño. Por ejemplo, el pequeño sujeto puede necesitar de una tenue luz para dormir, puede manifestar ciertos miedos asociados a la hora de ir a la cama, necesitar de la presencia de los adultos "más que antes", demandar más atención, etc. pero, es un momento particular, determinado y específico del día. Diferente es que todo su día se encuentre girando alrededor de este temor y que se la pase haciendo actividades y rituales para evitarlo; que no pueda jugar, que esté angustiado, que esté triste, que no pueda conectarse con diferentes actividades, con amiguitos, etc. Sólo cuando es esto lo que aparenta ocurrir, amerita la consulta. Dado que quizás, ya no se trate de una fase "normal" del crecimiento, sino que sea la expresión de algo que está fallando, y, por lo tanto, aparecen estos "signos" como respuesta y puesta en escena de lo que no funciona en otro lado. En un tratamiento infantil, no se tratará de hacer desaparecer estos indicadores, sino hasta saber sobre su causa; la cual, sino en todos, en la mayoría de los casos, no estará desconectada de los papás y del grupo familiar, en general, del pequeño. Mediante el trabajo en entrevistas con los papás o quienes ocupen este lugar para el niño - tarea frecuente en cualquier tratamiento serio de niños - y la posibilidad de rectificación de aquello que sea necesario, estos síntomas cesarán de intentar decir aquello que no funciona. Por lo tanto, queda claro que la labor analítica con un niño, implica a sus padres de una manera determinante. A un hijo no le puede pasar nada, con lo que sus papás no tengan que ver, de algún modo. Esto no le quita responsabilidad al niño, sino que agrega e introduce, la absoluta responsabilidad del adulto sobre su vida.

Un factor a tener en cuenta es la edad del nene sobre el cual aparece la intención de consultar. El término "niñez" abarca muchos años, y no es lo mismo un niño de siete años, que uno de doce. A un casi adolescente se le puede ofertar el espacio, como posibilidad y no como imposición. Lo cual no es poco. Creemos que es una posición responsable por parte de los padres el darle la opción de un lugar donde poder hablar, o trabajar sobre alguna cuestión, pero teniendo en cuenta y respetando que la respuesta pueda ser un "no". A no ser que cierta gravedad en los emergentes amerite lo contrario, cabe respetar esta negativa, porque estaría potenciando una posterior consulta, cuando sea el momento para ese niño o adolescente, sin clausurar la oferta por la imposición misma. Es necesario saber respetar los tiempos del sujeto, tenga la edad que tenga.

Otra posibilidad - aunque son muy pocos los casos - es que sea el niño el que pide la consulta, por supuesto con las palabras y los modos propios de la infancia. Estos son los casos en los que, claramente, la consulta está más que habilitada.
Incluso, hay que tener en cuenta que, como en el adulto, el encuentro con ese analista puede no funcionar, lo que no anula la posibilidad de una nueva consulta con un otro analista, teniendo en cuenta que se trata de un lazo que puede armarse con unos y no necesariamente con otros. Con alguno, pero no con todos.

Por otra parte, existen toda otra serie de cuadros y manifestaciones que no tienen nada que ver con estas presentaciones antedichas, sino que son indicadores de otra índole, difieren en gravedad y en el modo de expresarse, tienen mucho mayor compromiso corporal, momentos de mucha confusión y desorganización, violencia desmedida; pero, sobre todo, el panorama está teñido de escenas absolutamente bizarras que ameritan una rápida consulta.

Estamos más habituados, en nuestra experiencia como psicoanalistas, a recibir las demandas a partir de observaciones que hace el colegio. Dejemos en claro que no es el colegio, el que debería cargar con la responsabilidad absoluta, a la hora de indicar un tratamiento. Si bien es cierto que el colegio es un campo propicio para la emergencia de aquello que no funciona. Dejemos en claro que generalmente no es en el colegio donde la cosa no funciona, sino que la mayoría de las veces es allí donde encuentra el lugar para expresarse…
Es necesario romper con ciertos estigmas de que únicamente es el "niño problema" - o sus derivados - el que amerita una consulta, y estar atentos a lo que nuestros hijos hacen y dicen, aunque para esto cada niño use su propio idioma y particular modalidad.
Tratemos de convertirnos en adultos que destrabemos el camino de aquellos de quienes somos responsables.
Preguntémonos siempre qué tenemos que ver nosotros con eso que decimos que les está pasando.
Seamos permeables y estemos abiertos, incluso, a descubrir la opción de ser quizás nosotros, y no siempre ellos, los que necesitamos un tratamiento…

AUTORES:
VERÓNICA LEDER, MARTÍN BAAMONDE - LIC. EN PSICOLOGÍA (U.B.A.)
http://psiuba.blogspot.com/

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