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como
sinónimo de disciplina sino que muchos repiten
su historia: el 41% de los padres también había
sido criado a los golpes. Un trabajo similar en Estados
Unidos indicó que 9 de cada 10 padres "nalguea"
a sus hijos por lo que la Academia Americana de Pediatría
salió a decir que "se opone firmemente"
a pegar para educar y redactó una guía
para reemplazar el cachetazo, el pellizcón
y el tirón de pelos por otros métodos
sin castigo físico.
Pero
¿es o no es efectivo el famoso "chirlo
a tiempo"? "A los chicos no se los puede
entrenar como a los perros, pegándoles con
el diario. Cuando se les pega por lo general dejan
de portarse mal y la sensación es que es el
chirlo fue efectivo, pero en verdad el chico deja
de hacerlo por miedo a que vuelvan a pegarle, no porque
haya entendido qué estaba bien y qué
estaba mal", dice Fernando Zingman, pediatra
de la Sociedad Argentina de Pediatría. "Cuando
se da un chirlo o se lo amenaza sin explicaciones,
lo que se logra es que haga eso prohibido a escondidas
y con más riesgos. Por ejemplo, si se le enseña
a cruzar la calle, se le puede decir que si cruza
mal se puede lastimar y no 'si cruzas solo te mato'.
Mientras lo vigilen no va a cruzar pero el día
en que esté solo va a correr a la calle".
Gabriela
Giaccaglia, ex jefa de residentes del Gutiérrez
y a cargo del estudio, opina: "Cuando el padre
llega al chirlo es porque falló en las formas
anteriores de poner límites. El chico que se
va dormir a cualquier hora, que no quiere bañarse
o cenar porque está mirando televisión,
a la larga es inmanejable. Y es ahí que viene
el chirlo".
Como
no existe el manual del buen padre, la mayoría
sólo hace lo que le hicieron sin margen de
discusión. De hecho, la encuesta indicó
que el 40% de los padres no habla con nadie de los
métodos que usa. "Muchos padres fueron
criados así y reproducen el modelo, pero el
golpe no sólo no enseña sino que los
lleva a mentir por miedo al castigo", dice Giaccaglia.
En
la Asociación Americana de Pediatría
aconsejan a los padres que "si dan una nalgada
a un hijo después le expliquen con calma por
qué lo hicieron". En su guía advierten
que "un bebé de menos de 18 meses no entiende
la conexión entre el chirlo y el mal comportamiento"
y que los chicos que son disciplinados a los golpes
son más agresivos en el colegio.
Laura
Cohen Arazi, coautora del trabajo, agrega: "Es
difícil poner el corte. ¿Cómo
sabemos que empieza con un chirlo porque lo sacó
de quicio y no termina en maltrato?" Es que no
es sólo el cachetazo: "Cuando al chico
le decís 'si volvés a hacer eso mamá
no te va querer más', para ese chico es una
amenaza devastadora: implica que lo pueden dejar de
querer por algo. Hay padres que no pegan pero les
dicen 'sos un boludo' cuando hacen una macana y eso
es tan fuerte como un golpe", dice Zingman.
Aunque
parezca que el castigo físico encarrila, puede
dejar secuelas en el plano psicológico: "Puede
tener dificultades para relacionarse: reaccionar violentamente
o no saber defenderse porque se le enseñó
a crecer como víctima. Puede dañar su
autoestima y la comunicación con sus padres
porque ese chico aprendió a mentir para evitar
el castigo", enumera Giaccaglia.
Los
expertos piden a los padres no confundir: un padre
que da un sopapo no es sinónimo de un padre
que está poniendo límites.
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Fuente: CLARÍN
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