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exigencias.
"Me siento obligada -continúa- a ser capaz
de reírme de mi misma, equivocarme y aprender,
divertirme con los equívocos, porque sé
que de esos fallos puede salir algo increíble."
En
sus reflexiones confiesa que le resulta imposible
pensar que alguien pueda acercarse a los chicos con
superioridad, con esa idea de "yo sé más
y te voy a enseñar". "En realidad,
ellos saben más: a medida que crecemos vamos
dejando a un costado esa frescura, vamos perdiendo
la libertad de ser. Tal vez por eso sea tan lindo,
tan regocijante actuar para los chicos. Pasa algo
muy real, y casi podría decir duro para tu
ego, por eso necesitás ser verdaderamente humilde".
Pero
eso tampoco es fácil para un adulto. "Puede
llevar largo tiempo de entrenamiento arribar a una
situación de juego que necesita en una escena
-explica la actriz-. Para el niño es algo espontáneo,
algo que le brota naturalmente. Por eso, siento que
me acerco despacito, con la actitud de «permiso,
vengo a jugar con ustedes, si me dejan...»".
Sabe
que debe ser leal a lo que sus principios y que eso
sólo se logra con la verdad. "Esto es
lo que quiero decir cuando insisto que ante los niños
solo cabe la verdad. No hay rutina posible: en cualquier
rendija asoma el cambio, el disparate que da vuelta
todo. Y si uno está demasiado estructurado
es incapaz de ver lo rico que es todo eso."
Escucharlos
reír
Por
su parte, Omar Calicchio, que ha trabajado en TV y
en teatro para adultos, en musicales para niños
e interpretado personajes especialmente recordados
con la dirección de Hugo Midón, (por
ejemplo en Salpicón , La Trup sin fin , Stan
y Oliver ) entre otros, dice: "En mi caso, la
experiencia de ser dirigido por Hugo Midón
cambió mi manera de actuar. Y disfruto del
juego en el escenario, para los chicos. Cuando entro
a cambiarme y los escucho reír, siento un deleite
enorme. Porque realmente yo juego con ellos. Es algo
que hablamos con el elenco, pensamos que alguna escena
es genial, y decimos: esto va a andar muy bien. Todos
sabemos que hasta que no escuchemos a los chicos reír,
no podremos estar seguros".
También
Calicchio se pone serio para subrayar: "Gracias
a los niños no puedo ser falso, no puedo mentir.
Hay un chip de sinceridad, de despojamiento, que se
pone en marcha cuando trabajo para los niños".
Al
referirse a los trabajos que realizó en este
año que finaliza, además de La Trup
, Un cierto concierto , en el que además de
actuar proporcionó los textos, y Tres para
el té , en el que fue responsable de la dirección
y que regresa al Centro de la Cooperación en
febrero, aclara: "Cuando trabajo con personas
con las que coincidimos en la actitud, es un enorme
placer. Juntos le podemos transmitir a la platea lo
que nos proponemos, crear un espacio de libertad para
unos u otros, e incluso hacer ajustes sobre la marcha,
aceptar e incluir esa devolución espontánea
de la platea y a la vez recordarles a ellos hacia
dónde pretendemos ir. Para mí, todo
es cuestión de mantener la fantasía.
La palabra es jugar, pero? -y muestra nuevamente su
gran sonrisa- juego limpio".
ø Fuente: LA NACIÓN por
Ruth Mel
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