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cuales
fueron declaradas en 2007 patrimonio cultural de la
ciudad de Buenos Aires. Cada una de las actividades
está conectado con la historia de las calesitas
y carruseles de la ciudad. Así fue diseñado
por la autora teatral Marisé Monteiro, bajo
la coordinación de Facundo Jaramillo.
Calesita
de mi barrio
¿Qué hace tan
especial a un carrusel hecho de caballitos de madera,
autitos que no circulan y aviones que no vuelan? El
calesitero Carlos Pometti, de Pompeya, responde sin
dudarlo: "A medida que avanza la tecnología,
los chicos tienen todo en su computadora: los sonidos,
los colores, los movimientos, los volúmenes.
Pero en la calesita, el chico echa a volar su imaginación.
El sabe que el avión no vuela y que el caballo
no corre, pero puede imaginar que vuela y galopa".
Hijo
y nieto de calesiteros, Pometti está convencido
de que las bibliotecas para armar serán un
suceso en las calesitas porteñas, a las que
define como "un hecho cultural" de la ciudad.
El calesitero, que habla desde la experiencia de haber
dialogado con un universo de niños a lo largo
de su trayectoria, dice: "El chico siente que
cabalga con el viento en la cara e, incluso, hace
el sonido del avión cuando la calesita da vueltas.
Creo que la tecnología nos favorece".
A
Mateo Niro, de la Dirección de Promoción
Cultural, le cupo la responsabilidad de elegir los
libros y abastecer las bibliotecas con un 70% de novedades
infantiles y el resto, para adolescentes y adultos.
"Está pensado también para los
hermanos mayores y los padres que llevan a los más
pequeños a la calesita", comenta.
Los
libros de cada calesita tendrán una vinculación
con el barrio donde se ubica. Habrá títulos
de María Elena Walsh, de Luis Pescetti, Graciela
Montes, Elsa Bornemann, entre otros autores. "Esa
identidad dependerá del público que
acude al paseo".
Literatura
y divertimento. La fase de las actividades culturales
y los espectáculos temáticos será
una atracción en el otoño incipiente.
Malabares, teatro, danza magia, clowns, narraciones,
talleres de plástica y títeres son parte
de la oferta que estará disponible desde mañana.
Los nombres de los espectáculos merecen un
renglón: "calesicuentos de todas partes";
calesicuentos porteños"; "canciones
de calesita para jugar"; "pintacuadros con
calesita"; "calesijuegos de antaño",
entre otros.
Según
diversas fuentes, la primera calesita porteña
se instaló en el siglo XIX, entre los años
1867 y 1870, en Barrio Parque, que daba nombre a la
zona ubicada entre el Teatro Colón y el palacio
de Tribunales. Esa primera calesita fue de fabricación
alemana, a la que se sumó luego otra de manufactura
argentina, a cargo de Cirilo Bourrell y Francisco
Meric y de la Huerta, en la plaza Vicente López.
Fue allí donde aparecieron los primeros caballitos,
cisnes y cerditos en 1891.
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Fuente: LA NACIÓN
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