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Como
nunca antes en la historia, el alargamiento
de la esperanza de vida en el país ha
hecho que hoy muchas familias disfruten de por
lo menos un bisabuelo, el que, en muchos casos,
se encuentra en plena actividad. Los especialistas
se atreven a hablar ya de una cuarta edad.
"En
una encuesta realizada sobre una muestra de
personas de 49 a 63 años, se encontró
que las dos terceras partes son abuelos y que,
a la vez, tienen un padre vivo. La longevidad
influye en que se desarrollen familias de cuatro
generaciones. Y, con ello, muchas familias con
bisabuelos", aseguró Celia Zingman
de Galperín, psicóloga e investigadora
de la Universidad de Belgrano.
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Sacramento
Pinazo Hernandis es investigadora de la Universidad
de Valencia, España, y se especializa en el
significado social del papel de abuelo. Clasificó
dos tipos de bisabuelos, en la actualidad: "El
bisabuelo remoto, que se limita a contactos protocolares,
en celebraciones familiares y fiestas, y el bisabuelo
próximo, que tiene contactos frecuentes y regulares
con sus bisnietos, cuida de ellos y los lleva a sus
viajes o cuando sale de compras". Hoy, el segundo
tipo es cada vez frecuente en las familias. "La
imagen social del bisabuelo es la que antaño
correspondía al abuelo", comenta Pinazo
Hernandis.
Según
explican los especialistas, este fenómeno está
relacionado con el de la juventud de los abuelos.
"Ser abuelo no es sinónimo de ancianidad,
por el contrario", explica Graciela Zarevsky,
directora de la carrera de Gerontología de
la Universidad Maimónides.
En el país, durante el último censo,
1.481.307 personas dijeron tener más de 75
años y 1855 habían superado los 100
años. La esperanza de vida más alta
(especialmente la femenina) hace cada vez más
tardía la llegada a la ancianidad en relación
con la duración total de la vida. Las mujeres
del nuevo siglo ganaron casi diez años de esperanza
de vida en sólo 50 años, según
un estudio de la Organización Panamericana
de la Salud (OPS).
"Hoy,
la mayoría de las abuelas trabaja y está
en plena actividad. Y las bisabuelas vienen a cumplir
funciones de abuelas. Cuando están en buenas
condiciones, son las que se quedan en casa con los
bisnietos, las que cocinan y las que transmiten los
valores de la familia y la historia", apunta
Zarevsky, que acaba de lanzar su último libro
Padre de mis hijos, ¿padre de mis padres? ,
que aborda, entre otros temas, el de la "bisabuelidad".
"No
debemos subestimarlos ni tratarlos como a hijos. No
hay que desalentarlos a que emprendan cosas nuevas,
sino estimularlos en la medida de sus posibilidades",
apunta.
ø
Fuente: LA NACIÓN
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