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Mejor, acompañados
En cada instancia del proceso
de adopción, en los momentos previos, en la
etapa misma de la adopción y a posteriori,
hay miedos, fantasías y prejuicios específicos,
así como también imágenes y sensaciones
de una profunda emotividad, por esto los especialistas
recomiendan a las familias no atravesar en soledad
ninguna de esas etapas. "Cuando las familias
que adoptan tienen una buena formación, asistidos
y contenidos por profesionales idóneos, pueden
decir con orgullo: 'somos una familia adoptiva, sos
nuestro hijo adoptivo'. El amor es importante pero
no basta si no viene acompañado de conocimiento",
sostiene Martínez, quien agrega: "Lamentablemente,
lo usual es que las parejas cuando llegan a la adopción
no lo hagan bien; mayormente los matrimonios llegan
a tal decisión arrastrando largas esperas que
comienzan con el deseo no concretado de tener un hijo
y continúan con tratamientos médicos
tampoco concretados. Además, hay que saber
que los tiempos de la adopción son los tiempos
de la justicia que, sabemos, no son rápidos".
Y si de plazos, deseo y constancia se trata, valga
a modo de ejemplo el relato de la experiencia vivida
por Martín, esposo de Ethel y papá de
Luca: "Con mi mujer esperamos un hijo desde el
día que nos casamos, hace diez años,
pero como ese hijo no llegaba realizamos numerosos,
costosos y complejos tratamientos médicos,
desde hormonas hasta punciones, incluyendo una laparoscopía.
En el 2001, Cavallo y De la Rúa mediante, nos
sometimos a una fecundación in vitro. Aquello
terminó con nuestras energías, casi
todas nuestras esperanzas y nuestros ahorros".
Paralelamente a las consultas médicas, en marzo
del 2001, el matrimonio comenzó a hacer 'la
carpeta' en el Consejo del Menor y la Familia y en
el Equipo San José, una ONG dedicada a la asistencia
de niños en situación de riesgo y el
asesoramiento de futuros adoptantes. 'Hacer la carpeta'
significa anotarse en lista de espera e ir reuniendo
certificados de matrimonio, de salud, de trabajo,
económicos; someterse a exámenes psicológicos
y responder a las entrevistas de la asistente social,
etc. "Para todo eso hay que contar con tiempo
y dinero. Y es sólo el comienzo", aclara
Martín, que agrega: "en el Equipo San
José el trámite nos llevó unos
meses y en el Consejo nos llamaron recién a
los dos años. Luego hay que mandar y hasta
llevar las carpetas a las provincias, en donde te
piden nuevos requisitos y te dicen cosas como: 'son
la carpeta número 300 y acá salen 2
adopciones por año'. Y te preguntan si aceptarías
un niño con retardo social o un niño
que sea hijo de su abuelo; pero uno no sabe qué
quiere decir exactamente eso. También te preguntan
si aceptarías que el niño tenga una
enfermedad grave o leve, edad, color, sexo, pie plano;
cosas que uno no se pregunta cuando tiene un hijo".
En el nombre del padre
Como en todo entramado de relaciones
de padres e hijos, también en las familias
adoptivas se vivencian crisis que tienen que ver con
el crecimiento del grupo y la conformación
de su identidad, aunque en el caso de estas familias
las crisis presentan características particulares.
Entre los conflictos propios de las familias adoptantes
se cuenta, inicialmente, el momento en que el niño
comienza a hablar. "Las palabras 'mamá'
y 'papá' tienen una resonancia especial en
estas familias", señala Martínez,
quien menciona como otro momento difícil el
ingreso a la escuela, "cuando se pregunta a los
padres sobre el parto". La licenciada Eva Giberti
sostiene en un artículo titulado '¿Fracasos
en familias adoptantes?', publicado en la revista
Infancia Nº 3 (España. Enero/Junio; 1998),
que "entre los obstáculos con los que
tropieza una familia adoptante que siente la adopción
como un fracaso encontramos el trato que a veces se
les otorga a los adoptivos en las escuelas".
Ciertamente, la institución escolar resulta
en estos casos, mayormente, un espacio donde los prejuicios
y la discriminación anclan y se potencian.
Consultada al respecto, la psicopedagoga Susana Laso
opina que "cuando un niño ingresa en la
escuela es necesario que la misma conozca los antecedentes
de ese chico. No relatar que el niño es adoptado
es incurrir en un ocultamiento que atenta contra el
conocimiento. Muchos padres ocultan la condición
de adoptivo del hijo por temor a ser marginados, consideran
que si lo hacen generan un preconcepto en la institución;
pero es necesario que la escuela y los docentes sean
notificados. Cuando el maestro conoce ese dato puede
anticipar de manera diferente los modos de abordar
distintos temas, promoviendo la reflexión crítica
que facilita el reconocimiento y el respeto por las
diferencias". Para Laso "no comunicar de
la adopción en el ámbito escolar o social
tiene que ver con no poder reconocer la situación
de padres adoptivos como algo natural, lo cual implica
no haber elaborado el duelo de la imposibilidad de
la procreación". En tanto, la licenciada
Martínez menciona que "no puedo decir
si hay o no que informar de la situación del
niño en la escuela, es algo que debería
verse en cada caso particular y cuando sea necesario.
Ciertamente el escolar es un sistema persecutorio
y de control. Yo creo que el que tiene que informar
es el niño, en este sentido, los padres tienen
que ser muy cuidadosos".
Saber decir
Para que el niño pueda
contar de su condición de hijo adoptivo debe
anteriormente haber sido notificado de tal situación
por parte de sus papás. La facultad del discurso
como constitutivo de la subjetividad adquiere en este
caso un carácter más que representativo.
"En un principio todo está implícito;
todos saben que constituyen una familia adoptiva,
los padres tienen un saber conciente de esto y el
hijo un saber inconsciente, pero nadie habla. Algunos
profesionales dicen que hay que esperar que el niño
pregunte para informarle de su condición, pero
eso es una barbaridad. Nadie va a preguntar sobre
algo de lo que no tiene conocimiento consciente",
advierte la licenciada Martínez, quien agrega
que "entre los dos años y medio y tres
años hay que comunicar lo que la licenciada
Giberti ha denominado 'el relato'; se trata de un
acontecimiento de relevancia en la historia de la
familia adoptante, de la construcción de la
identidad de esa familia y de ese hijo adoptado, la
familia le dice al niño que es adoptado y se
lo dice a sí misma. Además esa pareja
le dice al hijo que ellos no han podido hacer un bebé
y también le dicen que hubo una señora
y un señor que sí lo hicieron y que
él creció y que como no lo pudieron
criar esa señora y ese señor, lo han
hecho ellos. Es un momento muy especial y sobre el
que no hay recetas; 'el momento adecuado' depende
de la ideología de cada familia".
¿De dónde venimos?
Por ley, toda persona adoptada
tiene derecho a ver y revisar su expediente al cumplir
los 18 años de edad; pero ¿qué
rol les ocupa a las familias adoptivas frente a esta
situación? Giberti señala, en el artículo
'Adolescentes adoptivos y origen', publicado en su
página web, que "los adoptantes sólo
tendrán que acompañar cualquiera sea
la decisión del hijo (
) Los padres que
impulsan al adolescente a iniciar la búsqueda
sin que el hijo muestre necesidad de hacerlo, se convierte
en una forma de violencia encubierta". Para Martínez,
"antes de que el hijo acceda al expediente, qué
se diga, y cómo, dependerá de cuan preparada
esté la familia y de qué acompañamiento
haya recibido hasta entonces".
Un momento particularmente emotivo aunque complejo
en la vida de los hijos adoptivos es cuando al formar
pareja construyen su propia familia y tienen hijos
biológicos. "Allí surge fuertemente
el deseo de saber acerca de su origen, porque ellos
también van a dar origen", define Martínez.
El saber popular reza que 'cada familia es un mundo',
y sostiene también que `se hace camino al andar'.
Ciertamente, chicos y grandes, padres, hijos y hermanos,
construyen su identidad en el marco de un modelo único,
en constante formación y transformación,
para el que no existen recetas definitivas. Quizás
valga entonces saber -creer- que entre unos y otros,
posibles e imposibles, siempre hay un ruta para andar.
Hechos
de una familia
Martín y Ethel son los
papás de Luca que hoy tiene 4 años.
"Nos encontramos con él cuando tenía
un año y medio. La primera noche que pasamos
juntos fue en un hotel, él durmiendo al lado
nuestro y yo viendo por primera vez en mi vida un
partido de Argentina en un mundial... sin volumen
y sin decir una palabra!!. Ese fue el primer cambio,
drástico, pero como los demás, sin esfuerzo,
todo fue fluyendo de a poco", cuenta el papá
quien sobre Luca dice que "le gusta que le tiremos
uno de cada brazo y digamos 'es mío, es mío',
entonces nos abraza y dice: 'es sólo para compartir'.
También le gusta que lo abracen; escuchar 'El
Vampiro Negro' y leer cuentos en nuestra cama; además,
es fanático de las películas, del Hombre
Araña y de las bananas. Le encanta cantar y
bailar, sabe de memoria el Himno Nacional y el 25
de mayo fue elegido por sus compañeros de jardín
como escolta de la bandera. Cuando sea grande quiere
trabajar 'de casarse' y sueña con ir a ver
las ballenas a 'Puerto Maryns'. Ah!, y tiene una gata
a la que le puso el nombre de una nena que el año
pasado conquistó definitivamente su corazón".
Luca vive con sus papás adoptivos desde hace
dos años y medio, sin embargo, los juicios
de tenencia y de adopción terminaron recién
este año. "Adoptar es empezar a andar
un camino largo y agotador donde te sentís
muy solo y desinformado. Es como manejar por una ruta
sin carteles, no sabés hacia dónde vas
ni cuánto falta. Uno recibe muy poca información;
y también consejos, historias, ofrecimientos
de onda y por dinero, improbables legales y concretos
ilegales. Hoy acabamos de armar la segunda carpeta,
y empezamos a recorrer nuevamente ese camino. Claro
que sabemos que aunque difícil, vale la pena
y esta vez es mucho más placentero: vamos con
Luca", afirma Martín.
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Fuente: REVISTA PLANETARIO
Por
mayor información:
Consejo Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia:
www.conaf.gov.ar
Consejo de los Derechos de Niñas, Niños
y Adolescentes:
4345-6402/03/7386, 0800-222-68537
Equipo San José: 4771-7390/4615; ong@equiposanjose.org
Asociación de Psicólogos de Buenos Aires
(APBA): www.apba.org.ar
Lic. Aurora Martínez: 4771-5215; maraurora@yahoo.com
Lic. Susana Laso: slaso@ciudad.com.ar
Lic. Eva Giberti: www.evagiberti.com
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