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un shopping, o a los nietos mirándolos jugar
a las bochas o al ajedrez... son momentos de compartir
y de aprendizaje."
Algunos especialistas dicen que la abuelidad es el
momento de compartir el lugar de padre con otro. Pero
así como padres y madres establecen vínculos
diferenciados con sus hijos, las formas de relacionarse
con los nietos es distinta entre abuelos y abuelas.
Las diferencias de género y ciertas pautas
culturales establecen normas de comportamiento para
unos y otros. "En general, el abuelo se ocupa
de una cosa más material y racional: le compra
juguetes, le enseña su oficio, a jugar al ajedrez
o a leer. Mientras que la abuela es más maternal
y transmite un afecto corporal y primario. Es un dar
y recibir por otro lado", describe Stein.
Tradicionalmente la abuela era la que "ponía
el cuerpo" en una suerte de actitud maternal
para cuidar a sus nietos con amplia disponibilidad
de tiempo y el abuelo, enseñándoles
un oficio o compartiendo con ellos diversas actividades,
les marcaba un camino. Sin embargo, en los últimos
años, producto de los cambios que se generaron
en la estructura familiar, se fueron modificando también
las formas de comportamiento esperables de abuelos
y abuelas.
Tal vez los cambios más importantes que se
dieron en la relación abuelo-nieto los hayan
protagonizado las mujeres. Producto de un nuevo reparto
de poder dentro de la familia y las posiciones púbicas
y privadas que han ido ocupando, al menos desde la
década del '60 en amplios sectores de la clase
media, la imagen de la abuela que estaba todo el día
en su casa, que tejía y cocinaba para sus nietos
dio paso a una abuela más activa, que trabaja
o tiene otras ocupaciones y deseos individuales.
"La abuela ya no es la 'matrona', señora
de la casa....-observa la terapeuta familiar- El otro
día recibí un mail maravilloso de una
abuela uruguaya que compara a las abuelas de antes
con las de ahora. Ese mail me encantó porque
dice unas cuantas verdades. Dice que antes a la abuela
se la llamaba Bobe o Nona, mientras que ahora se la
llama Abu o preferentemente por su nombre. Antes la
abuela hacía galletitas y ahora lleva a sus
nietos a comer la Cajita Feliz. Antes la abuela tejía
o cosía para los nietos y ahora habla de botox,
lipoaspiración y todas esas cosas. Antes la
abuela se ponía vestidos serios e importantes
para las fiestas y ahora empieza a ir dos meses antes
al gimnasio para que le entre el pantalón ajustado.
Antes los nietos escuchaban a los abuelos y ahora
los nietos les enseñan a usar la computadora.
Antes las abuelas escribían cartas e iban al
correo, ahora escriben e-mails..."
Pero más allá de estas observaciones,
que la psicoanalista describe como "un cambio
de look", la diferencia está en que las
abuelas ocupadas de ahora no tienen todo el tiempo
disponible para la abuelidad y esto, necesariamente,
genera un vínculo diferente. "En general,
son abuelas que pueden estar una tarde, un mediodía
o una noche por semana con su nieto", cuenta
Stein.
Sin embargo entre las abuelas "full-time"
de antes y las abuelas ocupadas de ahora no hay grandes
diferencias en lo que respecta a lo afectivo. "Usen
pantalones ajustados o vestidos serios, las abuelas
son las abuelas y van a seguir cocinando y contando
cuentos, dando un afecto distinto que el que se le
da a los hijos".
Las transformaciones en lo que podría denominarse
el código de género también influyeron
en el comportamiento de los hombres y algunos abuelos
cambiaron la forma de relacionarse con sus nietos,
en consecuencia. Hoy es habitual encontrar a algunos
yendo a buscar a sus nietos a la escuela, paseando
con ellos en la plaza o, incluso, reemplazando a los
padres en su cuidado, tareas que hasta ahora recaían
sobre las abuelas mujeres.
Claro que no todas las transformaciones que se dieron
en el rol de los abuelos responden a estas problemáticas.
Existen también otras situaciones que crean
complejidades en la relación de los abuelos
con sus nietos y con sus hijos. Las transformaciones
en el seno familiar, que incluye desde el fenómeno
de las familias ampliadas hasta el de las parejas
de gays y lesbianas, así como diversas situaciones
sociales (abuelos que deben compartir el hogar con
hijos y nietos o abuelos que son el sustento económico
de las familias) influyen en la relación.
De todos modos, y más allá de los cambios
que generen las nuevas situaciones sociales, los abuelos
siguen siendo figuras de peso para las familias. "Lo
importante de los abuelos es que son los depositarios
de la historia de la familia, de la genealogía,
de la cultura. Ellos tienen que contar anécdotas
de su infancia, transmitir lo que vivieron, contar
lo que saben y, claro, decir lo que sienten",
señala Stein.
Bisabuelos
Cercana a la de los abuelos,
la figura de los bisabuelos también representa
la genealogía y la historia familiar. Pero,
sobre todo, son el testimonio viviente de la finitud
de la vida.
"Aunque son muy queribles, en general los bisabuelos
son viejitos y muy frágiles. Son la presencia
permanente de alguien que va a desaparecer. La noción
de la vida y la muerte empieza con ellos. El bisabuelo
es el representante de que como seres humanos somos
finitos, es transmitir y enseñarle a los chicos
que la vida se acaba."
En la plenitud de la vida
La mayoría de las personas
se hacen abuelos alrededor de los 50 años.
En el caso de abuelos que trabajan, muchas veces están
en el pico de sus carreras profesionales. Sin embargo,
muchas veces se asocia a la palabra abuelo con la
vejez. Una palabra aparentemente cariñosa,
que desprovista de su contexto específico implica
en realidad una despersonalización.
"Es un error considerar sinónimos a las
palabras abuelo y viejo. El rol que te da la abuelitud
no significa que estás descartado para la sociedad,
al contrario. Para el adulto que está entrando
en la tercera edad, ser abuelo es la continuidad de
la vida", sostiene la licenciada Stein.
Abuelas
que tienden puentes
Un caso paradigmático
de abuelas que se vieron obligadas a asumir otro rol
es el de las Abuelas de Plaza de Mayo, quienes no
sólo debieron sufrir la pérdida de sus
hijos sino también la expropiación de
sus nietos. La lucha en defensa del derecho a la identidad
es también su lucha por recuperar la propia
herencia y garantizar la continuidad de su historia.
"Esta es una muestra del vínculo importante
que se establece con los nietos, representan la continuación
de la vida, la herencia, todo lo que se les puede
transmitir. Para ellas, esos nietos son todo, la razón
de su vida, su esperanza en que puede haber justicia",
dice la psicoanalista Nina Stein.
Y para los jóvenes que recuperaron su identidad,
el contacto con estas abuelas les permite mantener
viva la memoria de sus padres, cerrar el círculo
de su propia historia. "Vivir con lo silenciado
no hace bien. La memoria tiene que ser memoria activa,
una memoria que se pueda decir y hablar", señala.
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Fuente: REVISTA PLANETARIO
Para
seguir pensando
Libros:
Los
Nietos nos Miran, de Juana Rottenberg, Ed. Galerna.
Testimonios de abuelas y abuelos que hablan del amor
por sus nietos, sus sueños y cuestionamientos.
Los Nietos nos Cuentan, de Juana Rottenberg,
Ed. Galerna
Imágenes, sabores, alegrías y dolores
en el recuerdo de diferentes nietos famosos a sus
abuelos.
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